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Sobre
el maldito tabaco
Que el humo de la OMS no te ciegue
La
campaña mundial de terror, horror y discriminación
social contra los fumadores está muy exagerada.
Escribo con una cierta sonrisa. Ocurrió lo que era de esperar.
Después de mi artículo sobre el tabaco y el sida,
algunos amigos fumadores me felicitaron por salir "en su defensa".
Más de alguno de los que no me conocen habrá pensado
que soy un fumador empedernido, sin remedio. Algún lector
suspicaz y malicioso me preguntó si me ha pagado una compañía
tabacalera. Es decir, en esa ocasión como en otras muchas,
la gente entiende no lo que se escribe, sino lo que quiere entender.
Pues no señor, nada de eso. Todos ellos se equivocan. Aclaremos
las cosas.
Fui fumador. Dejé de serlo hace ya más de veinticinco
años. Y lo dejé, sin necesidad de campañas,
por convicción de que no es bueno para la salud. Y por lo
tanto no lo defiendo, sino que, cada vez que tengo la ocasión,
me apresuro a informar a los fumadores, sobre todo a los jóvenes,
a qué tipo de lotería comienzan a jugar.
Efectivamente, todos los fumadores de diez a veinte cigarrillos
diarios al cabo de unos diez años, a veces antes, han conseguido
ya una respetable bronquitis y, cuando están llegando a los
cuarenta años de fumador o pasando ya de esa fecha, esa sombría
lotería puede agraciarles ya con alguno de estos
premios mayores:
cáncer de labio inferior, de lengua, de cavidad bucal, de
laringe, de bronquios, de riñón o de vejiga. ¿No
está mal, verdad? Además, la inhalación del
humo de los cigarrillos puede ayudar también asociado
con otros hábitos alimenticios, profesionales, ambientales,
etc. al infarto de miocardio y a contraer otras dolencias,
no cancerosas pero sí invalidantes y graves, principalmente
las respiratorias y vasculares.
Además de lo que uno puede saber por la literatura médica
sobre este tema, personalmente tengo la experiencia directa de los
muchos años que trabajé como Jefe de Sección
en los Servicios de Anatomía Patológica de diversos
hospitales, americanos y europeos. Allí pude comprobar, en
numerosas biopsias y autopsias, que por lo menos los carcinomas
de laringe, bronquios y vejiga urinaria siempre eran de varones
muy fumadores.
¿Y en las mujeres qué pasaba? Me quedó la curiosidad
de comprobar si de verdad como se dijo en un momento
estaban más protegidas que los hombres por su distinta dotación
endocrino-humoral. Al parecer pero es un asunto sobre el que
no tengo la seguridad porque dejé de revisarlo hace ya doce
años, conforme fue creciendo el número de fumadoras
en todo el mundo y el ir llegando ellas ya a la tercera edad, las
fatales estadísticas, sobre todo del cáncer bronquial,
también comienzan a afectarlas.
¿Y qué pasa con esos débiles fumadores de cuatro
a cinco cigarrillos al día? Pues que si con el tiempo no
deciden aumentar esa cantidad, los riesgos de alteración
grave de la salud son prácticamente inexistentes.
También parece ser mucho menor el daño que puede hacer
el fumar habanos que el fumar cigarrillos, ya que ese tipo de fumadores
rara vez practica el golpe, o sea, la inhalación
del humo hasta el tejido bronco-pulmonar.
Algo similar ocurre con los que fuman en pipa, que suelen pasearse
el humo por la boca y nariz sin llevarlo al pulmón, aunque
tienen un cierto riesgo de contraer más un cáncer
de lengua que de pulmón. Tampoco está muy bien delimitado
científicamente el daño de aspirar rapé practica
caída casi en desuso o de mascar tabaco, por lo menos
en lo que se refiere a enfermedades cancerosas.
Queda así claro, según las estadísticas, que
el principal villano de este vicio es el cigarrillo
y que su daño potencial aumenta con la frecuencia diaria
en que se enciende uno y con la cantidad del humo que se aspira.
Y desde luego hay que señalar también que no a todo
fumador le aparece un cáncer producido por el tabaco y que
muchos de ellos mueren de viejos y de algo no relacionado con el
fumar. Puestas así las cosas, es evidente que es mejor no
fumar que fumar y, si se fuma, es mejor fumar poco y no inhalar
mucho. Y por lo tanto la campaña mundial de terror, horror
y discriminación social contra los fumadores está
muy exagerada y distorsionada.
En cuanto a los llamados fumadores pasivos, es decir
los que soportan sobre sus narices algo del humo de los fumadores
con los que conviven en el trabajo o en el hogar, es difícil
creer en que puedan enfermarse por eso, si no hay otra serie de
factores, más graves y constantes que lo acompañen.
¿O es que existen fumadores pasivos que por no gastar en
comprar tabaco se dedican a aspirar el humo gratis de los que los
rodean? Fuera de bromas, bueno sería a este respecto que
se le diera más importancia a las emanaciones, mucho más
densas, habituales, pestíferas y dañinas con las que
nos perfuman de continuo los intocables e impenitentes conductores
de camiones y autobuses.
Respetables damas y aguerridos caballeros de tan singular cruzada
antitabaco, ilustrísimos funcionarios de la Organización
Mundial de la Salud, ¿no tienen otras cosas más importantes
y urgentes que atacar? ¿Hasta cuándo, por ejemplo,
van a tener tan poca prisa en abaratar para los países subdesarrollados
los fármacos contra el sida? ¿Hasta cuándo
van a seguir propagando indirectamente, claro, y con palabras
más bonitas que la fornicación es un derecho,
siempre que se haga con condón? ¿Hasta cuándo
se van a decidir a exterminar la malaria, que mata mucha más
gente que el sida? ¿O es que eso no interesa demasiado porque
la malaria contribuye a frenar el aumento de población entre
los pobres?
El humo de los cigarrillos, sí, es malo para la salud pero
me parece que, como en la Dinamarca de Hamlet, algo huele a podrido
entre ustedes, los de la campaña, o al menos como decía
aquella antigua canción el humo ciega tus ojos.
*Dr. en Medicina y columnista de
El Diario de Hoy.
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