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Comentando
Maras, Feministas y descuartizamientos
Normalmente,
si un país va a tener un gobierno estable, las diferencias
y los acuerdos entre los distintos sectores tienen que estar bien
balanceados, y en esta balanza permanece la base de la democracia.
Recientemente, en un programa televisivo, debatieron varias feministas
recalcitrantes de género con la presidenta de la Fundación
Sí a la Vida. Tema: El excelente reportaje de
El Diario de Hoy sobre el aborto.
En éste se mostró una encuesta efectuada en la calle
a más de una decena de jóvenes para opinar sobre el
aborto. Todos expresaron que es un asesinato y que todo bebé
tiene derecho a la vida. La única jovencita que mostró
cierta duda en el caso de violación dijo que, si ella fuera
la víctima, tendría al bebé y lo daría
en adopción, porque, añadió, el niño
no tiene la culpa y tiene derecho a vivir.
La feminista en el panel, abogada de CEMUJER, mostró con
claridad su disgusto ante la demostración de alta moral que
impera aún en la mayoría de los jóvenes salvadoreños,
acusando a los entrevistadores de una equivocada forma de plantear
la pregunta, pues, agregó: los jóvenes
no tienen información veraz de lo que es el aborto.
Este comentario confirma que para las feministas lo importante es
que la mujer no sea estereotipada como madre, o esposa,
porque según ellas la familia debe desaparecer; la mujer,
si se embaraza, debe matar a su hijo en el vientre, porque éste
no tienen derecho a usar nuestro cuerpo para desarrollarse. Para
ellas matar, descuartizando al bebé, no tiene importancia.
El descuartizamiento del niño que es la única
información veraz que no tienen los jóvenes
lo ocultan. También ocultan que la mujer expone su vida en
el aborto, o que puede quedar estéril en forma permanente
por la perforación del útero, cosa común en
cualquier clínica abortista por higiénica que sea,
o por más bueno que sea el médico.
Es totalmente falso que estas feministas sólo buscan despenalizar
el aborto en tres circunstancias (las que son igualmente criminales,
porque nadie tiene derecho a matar), pues dichas circunstancias
son usadas como medio para causar sentimientos compasivos,
para justificar despenalizar toda forma de aborto y, por ende, el
control natal en el país. El fin justifica los medios.
Esta posición feminista fue confirmada por la mencionada
abogada cuando preguntó en el programa cómo podían
las miembros de Sí a la Vida convencer a mujeres
que no abortaran, al saber que traerían al mundo a niños
que no po- drían tener una vida digna. Esto es una clara
alusión a su anhelo de que las mujeres de escasos recursos
tengan derecho de matar a sus hijos, si creen que no
podrán darles una vida digna. Otra promoción feminista
al aborto es el derecho de la mujer a su cuerpo.
La señora abogada tal vez no sabe que el Papa Juan Pablo
II nació en las más deplorables condiciones de dignidad,
las que posiblemente pocos niños en el mundo han conocido.
Su familia en la extrema pobreza; su país en guerra, adonde
lo más elemental para la supervivencia escaseaba. Su madre,
con una precaria salud, lo deja huérfano a muy corta edad;
su padre muere en dicha guerra, y su hermano mayor, quien se encargara
de su hermanito, muere al poco tiempo. ¿Cuántos hombres
y mujeres que pudieron alcanzar la estatura excepcional de Juan
Pablo II habrán sido descuartizados en el vientre materno,
con esa excusa malvada y baladí?
En estos últimos meses hemos visto horrorizados cómo
las maras han descuartizado a jovencitas, acusadas de infidelidad.
Ellas murieron trágicamente por practicar sus derechos
sexuales, o sea el sexo indiscriminado hasta con otras
mujeres, para descubrir sus preferencias sexuales,
que promueven las feministas. Ahora éstas se rasgan
las vestiduras ante el escándalo del abogado Nelson
García, cuyas protagonistas son tan víctimas de García
como de las perversas enseñanzas desde los diez añosdel
libertinaje sexual del feminismo.
De la última víctima de los mareros, una jovencita
llamada Rosa, descuartizada viva según testigos, cuentan
cómo, cuando le iban cercenando sus miembros con una sierra
eléctrica, se retorcía del dolor gimiendo en
un grito silencioso por el tape con que le taparon la
boca.
Exactamente igual sucede en el aborto. El verdugo abortista cercena
los miembros del bebé uno por uno, hasta dejarlo totalmente
descuartizado. Luego lo saca en pedazos.
En la película El grito silencioso, filmada con
ultrasonografía en el vientre materno, se ve con claridad
cómo el niño de doce semanas de gestación abre
la boca desmesuradamente por el dolor. No hay diferencia entre ambos
descuartizamientos. Estas feministas y todos los que promueven el
aborto no difieren en nada con las sanguinarias maras.
Curiosamente, a la generalidad de estas pobres mujeres, su fealdad
interior les repercute hacia su exterior. Sus odios, o resentimientos
por no ser hombres, quieren trasladarlos a toda mujer viviente.
No comprenden que es la belleza interior que Dios da a todas
las mujeres sin excepción para ser cultivada la verdaderamente
valiosa para volverlas atractivas en su exterior.
Con profunda satisfacción hemos leído la encuesta
de CID GALLUP-El Diario de Hoy, del pasado viernes, que muestra
el perfil de la mujer salvadoreña, quien coloca a Dios, con
un 94%, como el valor más importante, seguido por la defensa
de las virtudes y de la familia, reconociendo el privilegio divino
de ser madres como el principal beneficio de haber nacido mujeres.
Esta encuesta confirma el pensamiento mayoritario de nosotras, las
mujeres normales.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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