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La nota del día
Premiando la obediencia

La huelga del Seguro encaja con el plan general de desorden callejero, desestabilización de las instituciones, odio de clases y violencia, con que los comunistas buscan un triunfo en las elecciones

Los dos cabecillas de los movimientos sindicales del Seguro Social terminaron revelando sus vínculos con los comunistas y postulándose para cargos públicos del partido. El último de los figurones es “precandidato” a la vicepresidencia por los rojos —se sabe de antemano el resultado de la convención—, mientras el primero terminó su período de diputado después de la purga efectuada entre la militancia del FMLN.

Hay una clara conexión entre ambos hechos. Primordialmente, la huelga del Seguro ha sido y continúa siendo parte de la estrategia electoral comunista, aunque también tiene el ingrediente del saqueo que los dos sindicatos, de médicos y de trabajadores, vienen perpetrando desde hace años. El actual candidato a vice es un incondicional de la línea dura del comunismo; de no serlo lo habrían purgado. Cada maniobra de los huelguistas obedece a precisas órdenes del partido; la comandancia no tolera ninguna desviación, pues inclusive y hasta donde se ha visto, la estrategia se traza en la Habana.

El manejo de títeres y el aprovechamiento de los “tontos útiles” (así les llamó Lenin) es parte del esquema que rige las posturas y actuaciones de los partidos comunistas desde Carlos Marx. Los militantes no disponen de espacios de maniobra, sino que deben obediencia al liderazgo. La obediencia a su vez se recompensa, ya sea con puestos dentro de sus burocracias, o con bombos y platillos, como el que prodigan sobre el “periodista independiente” del Canal 12, que día a día pone cámara al servicio del partido.

La huelga del Seguro encaja con el plan general de desorden callejero, desestabilización de las instituciones, odio de clases y violencia, con que los comunistas buscan un triunfo en las elecciones. A esto se agregan, como bien sabemos, los cánticos de esperanza y promesas con que terminan por halagar y adormecer a los incautos. No importa que en ninguna parte del mundo exista un régimen comunista donde la pobreza, los racionamientos, las mordazas y la persecución policial no sean el destino de los desdichados súbditos. Tal es la desgracia que cae sobre los pueblos, que tan pronto los comunistas se hacen del poder, comienza el éxodo desesperado: los alemanes orientales cruzando alambradas, los vietnamitas huyendo en frágiles barcazas y los cubanos intentando salir a nado. Nuestras ciudades se llenaron de pobladores rurales que huían de la guerrilla durante los años de agresión armada.

Lo primero es aplicar mordazas

Buena parte de nuestros lectores conocen lo que sucede a médicos y trabajadores que no acuerpan la huelga: los insultan, los difaman, los amenazan y, en ciertos casos, los atacan. En el Colegio Médico hay listados de las personas que no se les unen, y a quienes califican como traidores. El partido no tolera disidencia; los cabecillas tienen que obedecer ciegamente, y el proletariado, los lúmpenes, también.

Los que esperan que los comunistas hagan milagros, se deben ver en esos espejos. Si no tienen empacho en purgar a sus antiguos camaradas, no cuesta imaginar la clase de apertura informativa y libertad de discusión que permiten una vez que están en la silla. La principal persecución que ha montado Chávez en Venezuela es contra los medios de difusión, a los que ha ido estrangulando. De diarios y radiodifusoras se pasa a instrumentos de propaganda al servicio de la dictadura.

 

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