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Panorama
político
¡QUÉ FÁCIL ES MENTIR!
Consideremos
que la libertad de que disfrutamos, que permite a los diputados
mentir impunemente, no la tienen los cubanos que prefieren morir
en el mar, huyendo del paraíso comunista.
Mentir es fácil porque no hace falta documentarse ni tener
argumentos sólidos ni preocuparse por su veracidad: Basta
una visión subjetiva, fabricada con el hígado y con
una fuerte dosis de resentimiento para afirmar lo que no es, magnificando
y distorsionando la realidad hasta llegar a la calumnia. Y perfecciona
tanto la práctica, que los mentirosos llegan a ser expertos
en creer firmemente sus propias mentiras.
Ya los salvadoreños nos acostumbramos a las mentiras del
FMLN, prometiendo convertir el país en un paraíso
terrenal, cuando regrese el colón, desaparezcan los empresarios
y todos los pobres tengan empleos con un salario mínimo igual
al de los países industrializados, se reviertan las privatizaciones
y el gobierno de la estrella roja controle la luz, las telecomunicaciones
y otras instituciones, y las relaciones con Cuba hagan que millones
de salvadoreños se mueran por ir a trabajar a la isla, y
no donde los enemigos imperialistas del Norte, que viven tan mal.
Pero desde el discurso presidencial del 1 de junio, como que la
frase de un célebre filósofo ha cobrado actualidad:
Mentid, mentid, porque de la mentira, algo queda. La
crítica unánime e injustificada de los diputados de
la oposición a la labor desarrollada por el presidente Flores
ha despertado en los salvadoreños sentimientos de honda preocupación
y desaliento.
El derrumbe de las esperanzas que se habían puesto en la
nueva Asamblea, que con un grupo del centro formado por profesionales
de alto nivel, que pensando en forma ponderada y constructiva constituyeran
una verdadera oposición, con capacidad para criticar con
firmeza los desaciertos del partido en el gobierno y apoyar los
proyectos de beneficio común. Jamás creímos
que seguiríamos en el mismo circo: la ley del no a todo lo
del Gobierno y apoyo incondicional a los proyectos más absurdos,
de corte populista, sin analizar sus consecuencias a largo plazo.
Resultado: un verdadero engaño para el pueblo.
Mienten los que han llamado Pinocho al Presidente. Mienten los que
alegan que el país está peor que antes. Mienten los
que aseguran que no se han hecho obras a favor de la ciudadanía.
Y si no mienten, los padres de la patria son ciegos para no ver
lo que es evidente.
Pues aunque el actual Gobierno se inició con los peores terremotos
en nuestra historia, cuyo efecto destructivo afectó todo
el territorio nacional, pronto emprendió valientemente la
reconstrucción. La labor del MOP, aun con las trabas, cuestionamientos
y amenazas de alcaldes y diputados opositores, es evidente en La
Leona, Los Chorros, el Fovial, los pasos a desnivel.
La reconstrucción de las escuelas y las metas alcanzadas
por el Mined en el fortalecimiento de la educación no han
sido tomadas en cuenta por los criticones. Pero cualquier extranjero
o salvadoreño que ha vivido fuera por muchos años
no puede menos que expresar su admiración por un pueblo que
se ha levantado y progresado en la adversidad, que ha alcanzado
la capacidad adquisitiva que le permite tener celulares, cable,
acceso a viajes y restaurantes tras salir de una guerra; que presenta
una capital pujante y laboriosa, con modernos centros comerciales,
urbanizaciones, nuevas empresas y todavía aspira a un TLC
ambicioso, que le permita seguir creciendo para incorporarse al
tren del desarrollo.
Y que ha superado una guerra que sembró el odio y la lucha
de clases, y ha manifestado su deseo de vivir en democracia, mediante
los Acuerdos de Paz que han convertido en partido político,
con todas sus ventajas y prerrogativas, a los antiguos combatientes.
Mienten, por lo tanto, los que afirman preocuparse por la gente,
cuando dinamitaron puentes, quemaron fábricas y dejaron sin
empleo a millares de salvadoreños. Mienten si prometen las
ventajas de un sistema totalitario que no ha funcionado en ninguna
parte del mundo. Y mienten los diputados centristas, porque les
han fallado a sus votantes que esperaban de ellos madurez y honestidad.
Éste es un momento crucial para los salvadoreños:
tenemos que abrir los ojos y ver la realidad. Es cierto que no estamos
en un paraíso y que todavía hay mucho que hacer, pero
la recesión económica es mundial, y el sistema de
gobierno que tenemos, aunque no es perfecto, es el adecuado, porque
no hay otro mejor. En cuatro años no se pueden hacer milagros,
y todas las soluciones buenas y duraderas tienen resultados a largo
plazo.
Tengamos paciencia y consideremos que la libertad de que disfrutamos,
que permite a los diputados mentir impunemente, no la tienen los
cubanos que prefieren morir en el mar, huyendo del pa- raíso
comunista y de su respetado comandante, con tal de alcanzar las
tan ansiadas costas de Estados Unidos.
Columnista de El Diario de Hoy.
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