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El
Salvador en perspectiva
El cobro de la discordia
Es
una artimaña para obligar al ciudadano a pagar bajo la amenaza
de cortarle la energía eléctrica si no lo hace.
Es curioso que nadie haya caído en cuenta de la verdadera
razón por que las alcaldías no quieren descontinuar
la abusiva, y para nosotros ilegal, costumbre de mancomunar los
cobros de los servicios que prestan con el cobro del suministro
de energía eléctrica de las compañías
privatizadas.
Sencillamente, es una artimaña para obligar al ciudadano
a pagar bajo la amenaza de cortarle la energía eléctrica
si no lo hace. Nos indigna porque nos parece igual que la obsoleta
prerrogativa de antaño de los proveedores de toda clase de
servicios, arrendadores de mesones y casas, prestamistas y toda
clase de comerciantes de penar a deudores a ser encarcelados, hasta
que cancelaran sus deudas o fueran liberados por compasión
de sus acreedores.
Encarcelar a los deudores era una de los métodos más
accesibles a los acreedores para recuperar sus inversiones. Es difícil
creerlo pero ni en Estados Unidos, ni en el Reino Unido, ni en sus
colonias, ni en la mayoría de los países europeos,
privar de la libertad a una persona que no podía pagar sus
deudas, aun después de rematar a todos sus bienes, por insignificantes
que fueran, no se abolió en la mayoría de los casos
hasta mediados del Siglo XIX, y en algunos hasta bien entrado el
Siglo XX.
Es sorprendente pero cierto que todavía exista cárcel
por deuda en Israel, y en la actualidad se estudia y debate la legitimidad
religiosa de esta disposición, contenida en el Código
Civil y aplicada en los tribunales de ese país. Los doctos
rabinos pasan sus vidas interpretando las leyes y tradiciones hebreas,
pero a nuestro entender el encarcelamiento es una forma aceptada
en Israel para obligar a una persona que tiene los medios para cumplir
un compromiso monetario, pero rehúsa hacerlo.
Igualmente, se pena con cárcel a los hombres que rehúsan
incorporarse al ejército y portar armas. Esto último
existió hasta hace pocos años en Estados Unidos, pero
se abolió cuando el Congreso de ese país decretó
que las fuerzas armadas deberían constituirse exclusivamente
de voluntarios.
En la antigüedad, los acreedores tenían el recurso para
recuperar las deudas insolventes, que los tribunales obligaran a
los deudores a entregar todos sus bienes y también su persona
y su familia al acreedor en calidad de sirviente o trabajador, o
sea como esclavo. En la primitiva Roma, los deudores estaban obligados
a trabajar para el acreedor durante sesenta días, antes de
ser vendidos como esclavos, sujetos al antojo de su dueño.
Cárcel por deuda era preferible a la esclavitud de por vida,
pero las condiciones en los lugares de detención en Inglaterra,
España y otros países europeos eran desastrosas. Los
edificios no tenían mantenimiento.
Algunas veces, los lugares de detención no eran más
que túneles de minas de carbón abandonas en que las
entradas se cerraban con puertas de hierro. El hacinamiento era
horroroso, la suciedad insoportable, carecían de agua y hasta
el aire para respirar escaseaba. Hubo intentos de reformas a partir
de mediados del Siglo XVIII, pero los deudores se encontraban a
la merced de los acreedores, que estaban en libertad de proceder
de cualquier manera para recuperar sus bienes.
Después de todo, es preferible estar obligado a cancelar
el cobro de la Alcaldía, bajo la amenaza que de no hacerlo
nos corta- rían la energía eléctrica y nos
quedaríamos sin luz, sin poder usar el hornito, el aire acondicionado,
el radio y la televisión y tener inoperable el fax y nuestra
computadora, y estar sin acceso a la Internet y al email, a enfrentar
la esclavitud o la cárcel.
En realidad es una ventaja poder cancelar los cobros de la alcaldía
en los bancos en vez de tener que lidiar con el engorroso proceso
de pagar en la alcaldía. Lo que nos indigna es la venalidad
del ex alcalde Silva, que cobraba hasta por los postes y no dudamos
de que hubiera cobrado por el aire que respiramos de haber podido.
Sentó un antecedente nefasto que no dudamos será seguido
por sus sucesores.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.
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