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El Salvador en perspectiva
El cobro de la discordia

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
e-mail: mrelsalv@navegante.com.sv

Es una artimaña para obligar al ciudadano a pagar bajo la amenaza de cortarle la energía eléctrica si no lo hace.

Es curioso que nadie haya caído en cuenta de la verdadera razón por que las alcaldías no quieren descontinuar la abusiva, y para nosotros ilegal, costumbre de mancomunar los cobros de los servicios que prestan con el cobro del suministro de energía eléctrica de las compañías privatizadas.

Sencillamente, es una artimaña para obligar al ciudadano a pagar bajo la amenaza de cortarle la energía eléctrica si no lo hace. Nos indigna porque nos parece igual que la obsoleta prerrogativa de antaño de los proveedores de toda clase de servicios, arrendadores de mesones y casas, prestamistas y toda clase de comerciantes de penar a deudores a ser encarcelados, hasta que cancelaran sus deudas o fueran liberados por compasión de sus acreedores.

Encarcelar a los deudores era una de los métodos más accesibles a los acreedores para recuperar sus inversiones. Es difícil creerlo pero ni en Estados Unidos, ni en el Reino Unido, ni en sus colonias, ni en la mayoría de los países europeos, privar de la libertad a una persona que no podía pagar sus deudas, aun después de rematar a todos sus bienes, por insignificantes que fueran, no se abolió en la mayoría de los casos hasta mediados del Siglo XIX, y en algunos hasta bien entrado el Siglo XX.

Es sorprendente pero cierto que todavía exista cárcel por deuda en Israel, y en la actualidad se estudia y debate la legitimidad religiosa de esta disposición, contenida en el Código Civil y aplicada en los tribunales de ese país. Los doctos rabinos pasan sus vidas interpretando las leyes y tradiciones hebreas, pero a nuestro entender el encarcelamiento es una forma aceptada en Israel para obligar a una persona que tiene los medios para cumplir un compromiso monetario, pero rehúsa hacerlo.

Igualmente, se pena con cárcel a los hombres que rehúsan incorporarse al ejército y portar armas. Esto último existió hasta hace pocos años en Estados Unidos, pero se abolió cuando el Congreso de ese país decretó que las fuerzas armadas deberían constituirse exclusivamente de voluntarios.

En la antigüedad, los acreedores tenían el recurso para recuperar las deudas insolventes, que los tribunales obligaran a los deudores a entregar todos sus bienes y también su persona y su familia al acreedor en calidad de sirviente o trabajador, o sea como esclavo. En la primitiva Roma, los deudores estaban obligados a trabajar para el acreedor durante sesenta días, antes de ser vendidos como esclavos, sujetos al antojo de su dueño.

Cárcel por deuda era preferible a la esclavitud de por vida, pero las condiciones en los lugares de detención en Inglaterra, España y otros países europeos eran desastrosas. Los edificios no tenían mantenimiento.

Algunas veces, los lugares de detención no eran más que túneles de minas de carbón abandonas en que las entradas se cerraban con puertas de hierro. El hacinamiento era horroroso, la suciedad insoportable, carecían de agua y hasta el aire para respirar escaseaba. Hubo intentos de reformas a partir de mediados del Siglo XVIII, pero los deudores se encontraban a la merced de los acreedores, que estaban en libertad de proceder de cualquier manera para recuperar sus bienes.

Después de todo, es preferible estar obligado a cancelar el cobro de la Alcaldía, bajo la amenaza que de no hacerlo nos corta- rían la energía eléctrica y nos quedaríamos sin luz, sin poder usar el hornito, el aire acondicionado, el radio y la televisión y tener inoperable el fax y nuestra computadora, y estar sin acceso a la Internet y al email, a enfrentar la esclavitud o la cárcel.

En realidad es una ventaja poder cancelar los cobros de la alcaldía en los bancos en vez de tener que lidiar con el engorroso proceso de pagar en la alcaldía. Lo que nos indigna es la venalidad del ex alcalde Silva, que cobraba hasta por los postes y no dudamos de que hubiera cobrado por el aire que respiramos de haber podido. Sentó un antecedente nefasto que no dudamos será seguido por sus sucesores.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

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