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Analizando
Hechos y percepciones
En
toda la geografía de la tierra es normal que diferenciemos
entre hechos y percepciones. Los hechos son las situaciones reales,
y las percepciones dependen del color del cristal con que se miren.
Los hechos son los acontecimientos tal como suceden, las percepciones
lo que los hechos parecen, según quienes los ven y el color
del cristal con que los miran.
Hablar con datos es uno de los ocho conceptos básicos de
la filosofía de mejora continua japonesa KAIZEN
y también uno de los ocho principios básicos de la
gestión de la calidad de las Normas Internacionales ISO 9000:2000,
que reza: Enfoque basado en hechos para la toma de decisión.
Los gurús japoneses de la gestión de la calidad, Kaoru
Ishikawa y Masaaki Imai, enseñan que la gestión de
la calidad se mide y que para medirla hay que disponer de datos.
Al primero de estos gurús lo conocí en mi primer viaje
a Japón, en 1986, y con el segundo colaboro desde 1990 en
programas de formación en Europa y en Japón, para
enseñar a directivos sobre cómo mejorar la rentabilidad.
Los datos son información cualitativa y
cuantitativa de los hechos expresados de forma inteligible
para los usuarios. Cuando no se dispone de indicadores específicos,
se hacen descripciones lógicas y razonables, lo más
cerca posible a la realidad de las situaciones, para lo cual es
muy bueno disponer de referencias anteriores y comparar cómo
era antes y cómo es hoy e incluso predecir cómo será
el futuro, si se continúa con el proyecto cuya bondad se
quiere demostrar.
Hablando con datos, los hechos y los cambios se vuelven más
inteligibles e incluso palpables. El discurso del Sr. Presidente
de la República que escuché con atención el
domingo pasado en vivo me gustó porque es el primero que
escucho con aportación de muchos datos sobre una serie de
parámetros, que me resultaron fáciles de entender
para hacerme una idea del desarrollo del país en los últimos
años. Si bien en la gestión de la calidad se recomienda
hablar y decidir sobre la base de hechos contrastables con datos,
también se advierte que, cuando hay muchos datos, hay que
dudar y comprobar.
Pero al margen de los datos, cuya exactitud fue cuestionada en una
entrevista el pasado martes, pues según las fuentes y sus
tendencias políticas o las muestras y los lugares de donde
las toman así varían sus valores, yo pienso que es
mejor y más práctico hablar y analizar las tendencias,
aceptando previamente un margen de variabilidad razonable. Y así,
viendo las tendencias, no se puede negar que El Salvador como país
está evolucionando hacia una mejor situación.
Cuando se mide, por ejemplo, una temperatura, es importante calibrar
los termómetros y saber su grado de incertidumbre para asegurarnos
de que la temperatura que vamos a medir se encuentra dentro del
margen razonable de tolerancia para nuestras necesidades.
Sin embargo, cuando lo que se trata de medir son asuntos o efectos
de la gestión del Gobierno y los resultados obtenidos son
politizables, lo que normalmente sucede es que la oposición
y la gente que pulula alrededor los politice y, haciendo malabarismos
mentales, los interprete según el color del cristal con que
los mira.
Es lógico y normal que un gobierno entienda lo que hace y
presente las cifras que describen su gestión desde el lado
positivo y proactivo, como también es normal que la oposición
cuestione lo que ha hecho el Gobierno, alegando que bien se pudo
haber hecho más o que se debiera haber hecho a su manera.
Esto sucede aquí donde aún estamos aprendiendo a vivir
en democracia, como en los países con democracias muy maduras.
Hay que aceptar que aquí como en todos los países
existe desempleo, delincuencia social, criminalidad, huelgas, contrabando
y corrupción, problemas que por desgracia, por las debilidades
humanas, no se resuelven con facilidad ni en un período gubernamental.
Los datos son importantes, pero para los asuntos políticos
creo que es mucho mejor analizar las tendencias, como por ejemplo
las siguientes: Las exportaciones crecen poco a poco, llegan inversiones
extranjeras, cada día hay más teléfonos celulares,
la competencia en el sector financiero es creciente, los precios
básicos bajan, para los que tenemos créditos los intereses
han bajado y los plazos se han alargado, hay más niños
estudiando en las escuelas, la Universidad Nacional está
más aseada, las universidades privadas se modernizan, tenemos
un policía más cerca del ciudadano, la libertad de
prensa es una realidad, el ejército hace un buen papel en
el contexto democrático, tenemos más kilómetros
de carreteras en buen estado, cada día se ven más
buses nuevos, las remesas crecen, en el último año
se han abierto nuevos centros comerciales
Que puede ser mejor siempre
Que la oposición lo haría
mejor, nadie lo sabe con seguridad, sobre todo si pretenden, según
las declaraciones que escuchamos, dar marcha atrás a reformas
que vistas desde afuera se entienden como acertadas.
Y ya para terminar me permito esta reflexión e incluso apelación
a todos los señores políticos: Si de verdad somos
democráticos es muy importante aceptar que el Presidente
de El Salvador es el Presidente de todos los salvadoreños,
piensen como piensen y defiendan las ideologías que defiendan
y, por lo tanto, no se puede hacer burla y descrédito barato
de sus discursos.
Es razonable comentar el discurso, no estar de acuerdo, cuestionar
las fuentes de la información, pero no es aceptable hacer
comparaciones groseras ni ofensivas.
En toda la geografía de la tierra es normal que diferenciemos
entre hechos y percepciones. Los hechos son las situaciones reales,
y las percepciones dependen del color del cristal con que se miren.
Por eso, las percepciones a la hora de votar son más importantes
que los hechos.
El problema será que después de haber votado y cambiado
el cristal con que las cosas se analizan nos demos cuenta de que
las percepciones eran falacias difíciles de conseguir o puras
imaginaciones.
Limpie bien el cristal con el que mira para no arrepentirse después
de sus falsas percepciones.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
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