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Analizando
Hechos y percepciones

Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En toda la geografía de la tierra es normal que diferenciemos entre hechos y percepciones. Los hechos son las situaciones reales, y las percepciones dependen del color del cristal con que se miren.

Los hechos son los acontecimientos tal como suceden, las percepciones lo que los hechos parecen, según quienes los ven y el color del cristal con que los miran.

Hablar con datos es uno de los ocho conceptos básicos de la filosofía de mejora continua japonesa “KAIZEN” y también uno de los ocho principios básicos de la gestión de la calidad de las Normas Internacionales ISO 9000:2000, que reza: “Enfoque basado en hechos para la toma de decisión”.

Los gurús japoneses de la gestión de la calidad, Kaoru Ishikawa y Masaaki Imai, enseñan que la gestión de la calidad se mide y que para medirla hay que disponer de datos. Al primero de estos gurús lo conocí en mi primer viaje a Japón, en 1986, y con el segundo colaboro desde 1990 en programas de formación en Europa y en Japón, para enseñar a directivos sobre cómo mejorar la rentabilidad.

Los “datos” son información “cualitativa y cuantitativa” de los hechos expresados de forma inteligible para los usuarios. Cuando no se dispone de indicadores específicos, se hacen descripciones lógicas y razonables, lo más cerca posible a la realidad de las situaciones, para lo cual es muy bueno disponer de referencias anteriores y comparar cómo era antes y cómo es hoy e incluso predecir cómo será el futuro, si se continúa con el proyecto cuya bondad se quiere demostrar.

Hablando con datos, los hechos y los cambios se vuelven más inteligibles e incluso palpables. El discurso del Sr. Presidente de la República que escuché con atención el domingo pasado en vivo me gustó porque es el primero que escucho con aportación de muchos datos sobre una serie de parámetros, que me resultaron fáciles de entender para hacerme una idea del desarrollo del país en los últimos años. Si bien en la gestión de la calidad se recomienda hablar y decidir sobre la base de hechos contrastables con datos, también se advierte que, cuando hay muchos datos, hay que dudar y comprobar.

Pero al margen de los datos, cuya exactitud fue cuestionada en una entrevista el pasado martes, pues según las fuentes y sus tendencias políticas o las muestras y los lugares de donde las toman así varían sus valores, yo pienso que es mejor y más práctico hablar y analizar las tendencias, aceptando previamente un margen de variabilidad razonable. Y así, viendo las tendencias, no se puede negar que El Salvador como país está evolucionando hacia una mejor situación.
Cuando se mide, por ejemplo, una temperatura, es importante calibrar los termómetros y saber su grado de incertidumbre para asegurarnos de que la temperatura que vamos a medir se encuentra dentro del margen razonable de tolerancia para nuestras necesidades.

Sin embargo, cuando lo que se trata de medir son asuntos o efectos de la gestión del Gobierno y los resultados obtenidos son politizables, lo que normalmente sucede es que la oposición y la gente que pulula alrededor los politice y, haciendo malabarismos mentales, los interprete según el color del cristal con que los mira.

Es lógico y normal que un gobierno entienda lo que hace y presente las cifras que describen su gestión desde el lado positivo y proactivo, como también es normal que la oposición cuestione lo que ha hecho el Gobierno, alegando que bien se pudo haber hecho más o que se debiera haber hecho a su manera. Esto sucede aquí donde aún estamos aprendiendo a vivir en democracia, como en los países con democracias muy maduras.

Hay que aceptar que aquí como en todos los países existe desempleo, delincuencia social, criminalidad, huelgas, contrabando y corrupción, problemas que por desgracia, por las debilidades humanas, no se resuelven con facilidad ni en un período gubernamental.

Los datos son importantes, pero para los asuntos políticos creo que es mucho mejor analizar las tendencias, como por ejemplo las siguientes: Las exportaciones crecen poco a poco, llegan inversiones extranjeras, cada día hay más teléfonos celulares, la competencia en el sector financiero es creciente, los precios básicos bajan, para los que tenemos créditos los intereses han bajado y los plazos se han alargado, hay más niños estudiando en las escuelas, la Universidad Nacional está más aseada, las universidades privadas se modernizan, tenemos un policía más cerca del ciudadano, la libertad de prensa es una realidad, el ejército hace un buen papel en el contexto democrático, tenemos más kilómetros de carreteras en buen estado, cada día se ven más buses nuevos, las remesas crecen, en el último año se han abierto nuevos centros comerciales…

Que puede ser mejor siempre… Que la oposición lo haría mejor, nadie lo sabe con seguridad, sobre todo si pretenden, según las declaraciones que escuchamos, dar marcha atrás a reformas que vistas desde afuera se entienden como acertadas.

Y ya para terminar me permito esta reflexión e incluso apelación a todos los señores políticos: Si de verdad somos democráticos es muy importante aceptar que el Presidente de El Salvador es el Presidente de todos los salvadoreños, piensen como piensen y defiendan las ideologías que defiendan y, por lo tanto, no se puede hacer burla y descrédito barato de sus discursos.

Es razonable comentar el discurso, no estar de acuerdo, cuestionar las fuentes de la información, pero no es aceptable hacer comparaciones groseras ni ofensivas.

En toda la geografía de la tierra es normal que diferenciemos entre hechos y percepciones. Los hechos son las situaciones reales, y las percepciones dependen del color del cristal con que se miren. Por eso, las percepciones a la hora de votar son más importantes que los hechos.

El problema será que después de haber votado y cambiado el cristal con que las cosas se analizan nos demos cuenta de que las percepciones eran falacias difíciles de conseguir o puras imaginaciones.
Limpie bien el cristal con el que mira para no arrepentirse después de sus falsas percepciones.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.


 

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