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Papa
elogia fuera de la mujer
Durante
una misa, en la que canonizó a una religiosa, el Pontífice
elogió la sensibilidad y fuerza de la mujer.
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| El Papa recibe los saludos de cientos de
personas que lo recibieron con aplausos a su llegada. Foto:
AP |
El Papa Juan Pablo II alabó ayer a las mujeres por su sensibilidad,
generosidad y fuerza al beatificar a una monja que dedicó
su vida a los niños pobres.
El Pontífice de 83 años, que realiza su centésimo
peregrinaje, elogió las virtudes de las mujeres del mundo
durante una misa en Dubrovnik, un antiguo centro turístico
costero devastado por los ataques serbios durante la guerra de 1991
de independencia en Croacia.
Juan Pablo se dirigió a miles de peregrinos que lo vitoreaban
en el puerto de la ciudad y beatificó a Marija Petkovic,
que murió en Roma en 1966 tras fundar una comunidad religiosa
que cuidaba a niños pobres en Croacia y en Latinoamérica.
La beatificación es el paso previo a la canonización.
El Papa habló del indomable espíritu de
Petkovic y elogió también a esposas y madres por su
tarea de nutrir a sus hijos y proporcionar amor y estabilidad a
sus familias.
Honestidad
Les agradezco, queridas mujeres, porque con su sensibilidad,
generosidad y fuerza enriquecen la comprensión en el mundo
y ayudan a hacer más humanas, más honestas y más
auténticas las relaciones humanas, dijo Juan Pablo.
El ritmo frenético de la vida moderna puede llevar
al oscurecimiento, e incluso a la pérdida de aquello que
es verdaderamente humano, dijo. Quizás más
que en cualesquiera otros periodos de la historia, nuestro tiempo
requiere de ese genio que pertenece a las mujeres, el cual puede
asegurar la sensibilidad para los seres humanos en todas las circunstancias,
agregó.
Es realmente una experiencia ver a este Papa, dijo Dick
Hooley, de 73 años, un profesor e investigador estadounidense.
El es diferente de otros papas, significa mucho para el mundo.
Los temas de los que habla no son sólo religiosos, habla
de temas sociales, de empleo, paz y tantas otras cosas, agregó.
El viaje de Juan Pablo, que lo llevará a cinco ciudades de
esta nación abrumadoramente católica, pondrá
a prueba su salud y su edad. El Pontífice sufre de mal de
Parkinson, de una rodilla y de la cadera.
Ayer llegó en silla de ruedas hidráulica hasta la
plataforma donde estaba situado el altar, a la orilla del mar, con
altas temperaturas.
Aunque un viaje a Bosnia, a fin de este mes, sigue en pie, el cardenal
Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, sugirió
que la visita a Mongolia, en agosto, podrían ser cancelada.
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| La beatificación de la monja croata
María de Jesús Crucificado (Marija) Petkovich
fue posible, porque con su intercesión consiguió
salvar a la mayor parte de la tripulación de un submarino
peruano. Foto: AP |
El milagro de Marija
La beatificación de la monja croata María de Jesús
Crucificado (Marija) Petkovich fue posible, porque con su intercesión
consiguió salvar a la mayor parte de la tripulación
de un submarino peruano.
El 26 de agosto de 1988, el submarino del capitán de fragata
peruano, Roger Cotrina Alvarado, chocó con una lancha pesquera
japonesa frente a la costa del Perú.
La principal escotilla estaba abierta y el agua llenaba la nave,
atrapando a docenas de marineros que se hallaban en los niveles
inferiores.
En total obscuridad, Alvarado se dio cuenta de lo que sucedía
y que no podía hacer nada para evitarlo.
Cerré los ojos y recé. Repetí la oración
que le había escuchado, pensé en ella y de pronto
vi una luz brillante, relató.
Pensar en la Madre Mary', como se le conoce en América
latina, le dio fuerza a Alvarado, que logró cerrar la puerta
metálica del submarino, pese a la presión del agua
que creaba un peso de cuatro a seis toneladas, a 300 metros de profundidad.
De los 54 que viajaba, ocho murieron, entre ellos el comandante,
Daniel Nieves, pero el resto lograron sobrevivir y permanecer 23
horas en el submarino hasta que fueron rescatados.
Sobre su devoción a la nueva beata, Cotrina contó
que una vez, cuando estaba hospitalizado, una monja le llevó
una biografía de Marija Petkovic y que, desde el primer momento,
se sintió atraído por su vida ejemplar.
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