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Los hijos de Tenzig Norgay
Nunca
supe con exactitud la fecha de su muerte hasta que llegué
a adulto, pero su grandeza sin límites opaca hasta su partida
al más allá.
Tenzig,
el humilde nepalí que conquistó el Everest en 1953,
se convirtió en un dios reverenciado en toda la India y Nepal
porque había tocado los cielos y dialogado con Sagamartha,
la diosa madre, la venerada montaña más alta del mundo.
¿Quién llegó primero? Desde luego, mi padre,
dice Dhamey, uno de los hijos del célebre sherpa que eternizó
ese nombre, ese apelativo de los Himalayas y lo convirtió en
un código de temeridad y resistencia humana. Ningún
ser tiene la capacidad de ellos, los sherpas, los sabios habitantes
de Katmandhú, para soportar las alturas como lo hacen desde
siempre. Jamling y Dhamey son los hijos de Tenzig, el hombre que llevó
a Edmund Hillary aquel 29 de mayo de 1953 -ante el asombro de todos-
al techo del mundo.
En verdad, Tenzig había nacido para ser el primero valiente
en llegar a la cima del Everest.
Cuando bajó, nepaleses e hindúes le atribuyeron un halo
de divinidad porque las montañas son sagradas para ellos; son
dioses, y subir a una cima es como estar en contacto con ellos. La
gente llegaba y le tocaba los pies... Le llamaron el Tigre de las
Nieves, un honor reservado para unos pocos.
Hace unos días, National Geographic estrenó un documental
para rememorar la hazaña que ese neozelandés y nepalí
consiguieron en el apogeo del Commonwealth inglés. La victoria
fue ofrecida como regalo a la reina de Inglaterra.
Jamling siguió los pasos de su padre y hoy día es una
escalador de respeto; Dhamey es un importante ejecutivo de una firma
transnacional y enjuga los ojos cuando observa las fotos históricas
de su padre junto al Dalai Lama y recuerda sus anécdotas sobre
los entretelones del ascenso.
No lo suban, yo ya lo subí por ustedes, les dijo
y los envío a estudiar a las mejores escuelas de Darjeeling
en India y de Nueva York. Les aseguró el futuro. Dhamey me
explica que para Tenzig lo principal nunca fue llegar primero, sino
que había cumplido su meta de toda la vida, una tremenda huella
que heredó a sus hijos y al resto de la humanidad. |
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