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Un
baño reconfortante
Desde
China llega El baño, una cinta precedida de muchos
premios internacionales que toca una historia intimista entre un
padre y sus dos hijos.
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| China. Milenaria tierra que
hasta tiempos recientes ha develado al mundo su calidad cinematográfica;
bueno, al menos a El Salvador. Hasta ahora. Foto
EDH |
China. Milenaria tierra que hasta tiempos recientes ha develado
al mundo su calidad cinematográfica; bueno, al menos a El
Salvador. Hasta ahora.
En este Segundo Festival de Cine Internacional disfrutaremos de
dos títulos. El Baño es la primera de
ellas.
El cine que proviene de Asia, principalmente por las barreras de
la censura ya sea gubernamental o religiosa, ha debido mantener
sus sentidos completamente despiertos a la estética, la narrativa
y la creatividad, lo cual ha beneficiado en ofrecer historias más
humanas y profundas.
El Baño, segunda obra de Zhang Yang, un director
salido de la escuela del videoclip musical, es una historia que
pudiera relacionarse con La Ilíada de Homero
por el tema común del regreso.
Pero como esta es china, toma su propio camino para abordar las
diferencias generacionales, las relaciones entre padres e hijos
y la actitud de la sociedad ante las minusvalías. Todo girando
alrededor de un baño público y las historias que dentro
de él se desarrollan.
Llena de galardones
La cinta que recibiera sendos premios en los Festivales de Seattle
Rotterdam, San Sebastián y en Toronto, en donde recibió
el premio FIPRESCI, otorgado por la Federación de Críticos
de Cine más importante de todo el mundo, es el primer filme
chino realizado fuera de los controles gubernamentales heredados
por Mao; la primera película china independiente. Está
producida por Peter Loehr.
China con sus mil millones de habitantes tiene igual número
de historias que contar. Algunas de ellas surgen desde un negocio
familiar en el que el agua es el elemento que cohesionará
a los protagonistas después de una separación. En
la cultura china el agua es uno de los elementos que dan vida. Es
el elemento vital que junto al viento, representan el equilibrio.
Será gracias a esa agua que cae y lava, limpia y purifica
que explotan las emociones. El agua no es solo materia, sino es
la condensación del alma y como tal carga de un aura espiritual
a las situaciones que cercan a todos aquellos que se atreven a compartir
esos fragmentos de vida dentro de las paredes de un sitio tan íntimo
como lo es una ducha.
Pero recordemos que esto es China y por lo tanto la intimidad pasa
a ser experiencia colectiva.
El Baño es una comedia agridulce, comedia dramática
la definen otros, en la que en la pantalla, a diferencia de otros
autores chinos de mayor prestigio mundial como lo son Chen Caige
y Zhang Yimou quienes contrastan las tradiciones de una china casi
imperial, Yang presenta esa nueva China.
Aquella enclavada en la globalización, la modernización,
los celulares y el capitalismo. Vigilado de cerca por la imaginería
de Mao, más como una nostalgia política que por los
postulados de su libro rojo.
Pero más allá de comentarios políticos, que
en el cine chino suelen ser extremadamente sutiles, desde la superficie
hasta la capa más profunda, en El Baño
se encontrarán los temas del perdón, los valores que
perduran a pesar de los cambios generacionales y la importancia
del ser humano más allá de las limitaciones.
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