| |

Testimonio
Celda número 31
Lo
que usted leerá aquí salió, clandestinamente,
de una mugrosa cárcel de Cuba. Fue escrito por Manuel Vázquez
Portal, uno de los 27 periodistas cubanos condenados, hace algunas
semanas, por la dictadura de Fidel Castro. A Manuel lo condenaron
a 22 años de prisión. Esto lo escribió, con
sus muñecas esposadas, sobre un papel que envolvía
un pan. De una cosa estoy seguro: la palabra jamás será
prisionera de un granuja. Esto es la mejor prueba de eso.
Lafitte Fernández, Gerente de Redacción.
Cárcel
de Boniato, Santiago de Cuba, Cuba.- La celda No. 31 tiene un espacio
de aproximadamente metro y medio de ancho por tres metros de largo,
puerta de barrotes semitapiada con una plancha de acero y una ventana
de barrotes que da a la parte este del edificio.
Entran por la ventana el sol, la lluvia y los insectos. Adentro
sólo hay una litera, fabricada con cabilla corrugada, un
tablón de bagazo prensado y un colchón de guata dura,
sucia y vieja.
El retrete es una taza turca que regurgita fetidez las 24 horas.
Ahí mismo, en la parte superior, una llave de agua para lavarse
y beber.
No hay mesa ni silla ni estante para los objetos personales. No
hay sábanas, ni almohadas, ni mosquitero, ni frazada. No
hay radio o televisión, no hay prensa ni libros.
No hay cubiertos ni vaso ni jarro. Lo que hay es todo plástico
y traído por los familiares. No hay toallas.
Violan la privacidad de la correspondencia. La celda se inunda a
diario con las aguas residuales del pasillo. El techo desconchado
tiene filtraciones y, cuando llueve, gotea abundantemente.
El edificio está rodeado por un muro de entre ocho y nueve
metros de altura. A esta parte del penal le llaman Boniatico;
es la sección de mayor severidad. Aquí están
los condenados a cadena perpetua y pena capital. Hay también
algunos contagiados del sida. Como el edificio tiene más
de 60 años de construido, abundan las alimañas: ratas,
cucarachas, alacranes, hormigas de varios tipos, moscas, mosquitos.
Nos sacan separados al patio una hora al día. Nos quitan
las esposas en el patio y nos las vuelven a poner para regresar
a la celda. También para recibir los medicamentos nos llevan
esposados. Los sábados y domingos no brindan patio; pasamos
casi 60 horas sin salir de las celdas.
Las comidas son casi indescriptibles; un esfuerzo de la imaginación
y la investigación. Para el desayuno, pan (no he podido adivinar
con qué lo fabrican) y chorote, una aportación lingüística
y culinaria: harina de maíz tostada y luego cocinada con
abundante agua y azúcar.
Los almuerzos consisten de sopa (agua, harina de trigo y alguna
hierba irreconocible), arroz o harina de maíz o coditos,
en cada caso sin grasa ni otros aditamentos. Estos se alternan los
días de la semana alguna que otra vez con picadillo de soya
o sexo de vaca (los presos lo nombran más groseramente),
que consiste en una pasta blanca una especie de engrudo
hecha a partir de harina de trigo y sustancias irreconocibles. Una
o dos veces al mes dan lo que llaman una comida especial: un trocito
de pollo, arroz, alguna vianda y zambumbia, aunque le llamen café.
Las cenas, lo mismo, pero en el horario de la tarde.
Del resto del penal sólo he podido ver las alambradas, los
fosos, las garitas de los guardias en las dos ocasiones en que me
han llevado al hospital para tomarme la presión arterial.
Los guardias nos tratan respetuosamente porque nosotros hacemos
lo mismo con ellos. Sólo a Juan Carlos Herrera, el de Guantánamo,
lo golpearon muy fuerte en un ojo, y lo conocí a través
de la ventana que da al patio con la cara inflamada y amoratada.
Vázquez Portal escribe como periodista independiente desde
principios del movimiento. Fundó la Agencia de Prensa Decoro,
que luego se convirtió en el Grupo de Trabajo Decoro.
| Desde la cárcel |
Manuel Vázquez
Portal
CÁRCEL DE BONIATO,
Santiago de Cuba, Cuba.
|
Cuando impone
el silencio su majestad
sinfónica,
el cielo entra a mi celda.
Entonces no soy pobre
ni estoy solo.
La música esencial de planetas lejanos
me enriquece y me puebla,
soy el mundo creciendo en una ergástula:
Crezco hasta los perdones,
me acerco más a Dios.
Voy prodigando alivio a todas las afrentas
e ignoro las traiciones.
Quien allanó mi casa
con oculto furor de bayonetas,
quien difamó mi nombre
con falsos argumentos
|
y quienes me
encarcelan
tendrán como castigo sólo la oscuridad
de todos los olvidos.
No me son importantes los guardianes
torvos, hoscos esclavos de afanes
superiores ni las rejas detienen mi
rauda ensoñación.
La libertad,
un pájaro inmortal que trina en la
memoria, se eleva y me traslada,
abrazo a mi mujer,
acaricio a mis hijos
y vuelvo a mi jergón de prisionero
donde duermo otra vez como los santos.
Han caído en la trampa de encerrar lo
imposible. |
|
|