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Orientaciones
familiares
Maltrato conyugal
El
maltrato que se produce en el hogar no tiene fronteras económicas,
educacionales, raciales ni religiosas. Ocurre en familias de todo
tipo.
Las mujeres maltratadas son amas de casa, maestras, enfermeras,
profesionales, etc. Si bien es cierto que algunas veces pueden ser
las mujeres quienes maltratan, la mayoría de los incidentes
señalan a hombres abusando de sus esposas.
Muchas veces el maltrato no se reconoce como tal. Por ello es importante
comenzar con una definición adecuada.
El maltrato se puede definir como el intento de dirigir y controlar
a la esposa a través de medios físicos o emocionales.
En el control que se impone se hace un mal uso del poder y el autoritarismo.
Normalmente se reconoce como maltrato todo aquello que se expresa
en una acción física violenta. Puede ser el dar bofetadas,
arañar, golpear, dar puntapiés, empujar, apretar fuertemente,
intentar estrangulamientos, dar palizas, asaltar sexualmente, morder,
herir con armas corto punzantes y disparar con armas de fuego.
Pero en muchos casos, el maltrato no se expresa con agresiones físicas
sino con ataques verbales indirectos, directos y violaciones de
la dignidad que son suficientes para intimidar y controlar.
Otras veces el maltrato es aún más sutil y puede comprender
extensos períodos de silencio o de aislamiento, miradas despectivas,
uso de nombres inapropiados y la crítica sarcástica
e hiriente.
En la generalidad de casos existe una combinación de maltratos
tanto físicos como emocionales. Cuando dichos maltratos van
combinados con drogas o alcohol los resultados suelen ser fatales.
Todas las relaciones matrimoniales experimentan algunas formas sutiles
de control de la conducta. Pero, en algún momento, las personas
de una mentalidad equilibrada reconocen la necesidad de alguna intervención
cuando la conducta controladora se convierte en algo excesivo.
La vida matrimonial no se encuentra sobre la ley. Existen recursos
e instancias contra la violencia doméstica a fin de ayudar
en la implementación de medidas contra el abuso que amenaza
a un creciente número de hogares.
La ausencia de valores espirituales se convierte en una agravante
del problema. Donde no hay temor de Dios no hay respeto a nada ni
a nadie.
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