Turismo
 
Inicio del Sitio Jueves 5 de junio
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

De mis recuerdos
Joaquín y Schafik

Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

No es, pues, el FMLN el que encabeza las encuestas, es el Partido Comunista, que tiene un propósito muy claro.

El ambiente político, tras los resultados electorales del 16 de marzo, quedó enrarecido. Varios connotados dirigentes de ARENA reaccionaron criticando duramente la gestión del presidente Flores.

El PCN, partido supuestamente de derecha, corrió a establecer una extraña alianza legislativa con el FMLN, controlado por el histórico Partido Comunista. Los llamados partidos de centro ( PDC y CDU), cogieron como un segundo aire, y la chiquitinada desapareció.

Del río revuelto emerge no la izquierda en general, sino el Partido Comunista como el gran ganador. Las encuestas dicen que si las elecciones se realizaran por estos días, tendríamos como ganador a uno de los más emblemáticos marxistas de América Latina. Y El Salvador, junto a Cuba y Venezuela, pasaría a conformar una especie de minicampo socialista, justamente al lado del río Grande. Algo que ni siquiera el Che Guevara en sus más álgidos delirios de formar varios Vietnam, soñó.

Leyendo ayer el artículo de Joaquín Villalobos, en estas mismas páginas, titulado: “El 2004 y lo que quiere Schafik”, recordé un tramo de la guerra cuando ambos estuvieron por unos meses juntos en Morazán. Schafik había llegado para una de las esporádicas reuniones de la comandancia general del FMLN. (Sólo hubo tres en los frentes de guerra durante todo el período del conflicto).

La salida de Schafik hacia Managua, donde pasó toda la década de los ochenta, se complicó y tuvo que quedarse con nosotros más de lo previsto. De manera que allí estaban juntos el viejo zorro comunista y el más joven, irreverente y, de acuerdo con una opinión muy generalizada, más audaz jefe guerrillero. Estaban juntos, más por presión de la guerra misma que por similitudes ideológicas o simpatías personales.

Una vez, luego de una reunión “bilateral”, es decir, entre el ERP y el PC, Joaquín llegó a la radio y dijo una frase que nunca se me olvidó: “Esta guerra y Simón me están quitando la vida”. Simón era el seudónimo de Schafik. No sé en realidad qué había pasado en esa reunión, pero lo cierto es que desde siempre hubo un pulso, tras la muerte de Cayetano Carpio, entre Joaquín y Schafik, por hacerse del liderazgo de las cinco organizaciones guerrilleras.

El ERP había surgido en el país, como una alternativa en la izquierda, a los tradicionales partidos comunistas pro soviéticos, de los cuales Schafik era uno de los más respetados líderes. Su fidelidad al Kremlin era absoluta, y su ortodoxia marxista, total. Personalmente, siempre creí que Joaquín, por su juventud, su audacia tanto política como militar, terminaría siendo el líder natural del FMLN.

Sin embargo, luego de la firma de los Acuerdos de Paz, Joaquín hizo, en mi opinión, movimientos precipitados. Menospreció a Schafik y a su minúsculo grupo y trató de jalonar al FMLN, ya convertido en partido político, hacia la social democracia. De inmediato, los radicales lanzaron la más negra de las campañas contra los dirigentes del ERP, especialmente contra Joaquín. En realidad, éste se había venido desencantado aceleradamente de los postulados marxistas, y sus opiniones políticas eran cada vez más “derechistas”, en opinión de los comunistas.

Al final, lo humillaron suspendiéndole sus derechos como militante del FMLN. Joaquín se fue a fundar el tristemente recordado Partido Demócrata. La idea política, de formar una agrupación de izquierda democrática que pactara la transición con ARENA y la alternabilidad sin traumas, era correcta. Apegadísima a la más fina teoría política. Hasta demasiada académica, diría yo. El problema es que la brutal realidad política del país se pasó llevando como correntada la propuesta.

Los comunistas se deshicieron así de su más temible adversario y dieron un paso más en el control del aparato partidario. Después vino el intento de Facundo y su movimiento renovador. Todos sabemos la historia. Facundo terminó expulsado, y casi como repitiendo el guión, fundó un partido político, el cual se quedó a medio camino.

Los hechos estaban consumados. Schafik tomó el control total del FMLN. Esas cuatro letras son en realidad la razón comercial, por decirlo así, del Partido Comunista Salvadoreño (PCS), el mismo que fuera fundado en 1930 por el militante marxista internacional Agustín Farabundo Martí. El mismo que organizó la revuelta campesina de 1932 y fundo el soviet de Ataco.

No es, pues, el FMLN el que encabeza las encuestas, es el Partido Comunista, que tiene un propósito muy claro, muy definido (coherente dice Joaquín, que los conoce bien) para el país. Ese propósito es comenzar a desmantelar el actual sistema y construir la sociedad socialista. La aniquilación del individuo y sus libertades y la prevalencia de los colectivos dirigidos desde el Estado. Quien me diga que afirmar lo anterior es parte de la campaña del miedo o una exageración es un bobo de siete suelas. Es la verdad que se desprende de los documentos históricos del Partido Comunista.

El PCN debe tomar conciencia histórica de su irresponsable alianza. Para los partidos de centro, la alternativa no es ni la izquierda y ni la derecha, sino entre el sistema y el antisistema. Entre la consolidación democrática y el desastre. ARENA, por su parte, debe entender que lo que está en juego es mucho más que el destino de un partido político. Es el destino de una nación.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal