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De
mis recuerdos
Joaquín y Schafik
No
es, pues, el FMLN el que encabeza las encuestas, es el Partido Comunista,
que tiene un propósito muy claro.
El ambiente político, tras los resultados electorales del
16 de marzo, quedó enrarecido. Varios connotados dirigentes
de ARENA reaccionaron criticando duramente la gestión del
presidente Flores.
El PCN, partido supuestamente de derecha, corrió a establecer
una extraña alianza legislativa con el FMLN, controlado por
el histórico Partido Comunista. Los llamados partidos de
centro ( PDC y CDU), cogieron como un segundo aire, y la chiquitinada
desapareció.
Del río revuelto emerge no la izquierda en general, sino
el Partido Comunista como el gran ganador. Las encuestas dicen que
si las elecciones se realizaran por estos días, tendríamos
como ganador a uno de los más emblemáticos marxistas
de América Latina. Y El Salvador, junto a Cuba y Venezuela,
pasaría a conformar una especie de minicampo socialista,
justamente al lado del río Grande. Algo que ni siquiera el
Che Guevara en sus más álgidos delirios de formar
varios Vietnam, soñó.
Leyendo ayer el artículo de Joaquín Villalobos, en
estas mismas páginas, titulado: El 2004 y lo que quiere
Schafik, recordé un tramo de la guerra cuando ambos
estuvieron por unos meses juntos en Morazán. Schafik había
llegado para una de las esporádicas reuniones de la comandancia
general del FMLN. (Sólo hubo tres en los frentes de guerra
durante todo el período del conflicto).
La salida de Schafik hacia Managua, donde pasó toda la década
de los ochenta, se complicó y tuvo que quedarse con nosotros
más de lo previsto. De manera que allí estaban juntos
el viejo zorro comunista y el más joven, irreverente y, de
acuerdo con una opinión muy generalizada, más audaz
jefe guerrillero. Estaban juntos, más por presión
de la guerra misma que por similitudes ideológicas o simpatías
personales.
Una vez, luego de una reunión bilateral, es decir,
entre el ERP y el PC, Joaquín llegó a la radio y dijo
una frase que nunca se me olvidó: Esta guerra y Simón
me están quitando la vida. Simón era el seudónimo
de Schafik. No sé en realidad qué había pasado
en esa reunión, pero lo cierto es que desde siempre hubo
un pulso, tras la muerte de Cayetano Carpio, entre Joaquín
y Schafik, por hacerse del liderazgo de las cinco organizaciones
guerrilleras.
El ERP había surgido en el país, como una alternativa
en la izquierda, a los tradicionales partidos comunistas pro soviéticos,
de los cuales Schafik era uno de los más respetados líderes.
Su fidelidad al Kremlin era absoluta, y su ortodoxia marxista, total.
Personalmente, siempre creí que Joaquín, por su juventud,
su audacia tanto política como militar, terminaría
siendo el líder natural del FMLN.
Sin embargo, luego de la firma de los Acuerdos de Paz, Joaquín
hizo, en mi opinión, movimientos precipitados. Menospreció
a Schafik y a su minúsculo grupo y trató de jalonar
al FMLN, ya convertido en partido político, hacia la social
democracia. De inmediato, los radicales lanzaron la más negra
de las campañas contra los dirigentes del ERP, especialmente
contra Joaquín. En realidad, éste se había
venido desencantado aceleradamente de los postulados marxistas,
y sus opiniones políticas eran cada vez más derechistas,
en opinión de los comunistas.
Al final, lo humillaron suspendiéndole sus derechos como
militante del FMLN. Joaquín se fue a fundar el tristemente
recordado Partido Demócrata. La idea política, de
formar una agrupación de izquierda democrática que
pactara la transición con ARENA y la alternabilidad sin traumas,
era correcta. Apegadísima a la más fina teoría
política. Hasta demasiada académica, diría
yo. El problema es que la brutal realidad política del país
se pasó llevando como correntada la propuesta.
Los comunistas se deshicieron así de su más temible
adversario y dieron un paso más en el control del aparato
partidario. Después vino el intento de Facundo y su movimiento
renovador. Todos sabemos la historia. Facundo terminó expulsado,
y casi como repitiendo el guión, fundó un partido
político, el cual se quedó a medio camino.
Los hechos estaban consumados. Schafik tomó el control total
del FMLN. Esas cuatro letras son en realidad la razón comercial,
por decirlo así, del Partido Comunista Salvadoreño
(PCS), el mismo que fuera fundado en 1930 por el militante marxista
internacional Agustín Farabundo Martí. El mismo que
organizó la revuelta campesina de 1932 y fundo el soviet
de Ataco.
No es, pues, el FMLN el que encabeza las encuestas, es el Partido
Comunista, que tiene un propósito muy claro, muy definido
(coherente dice Joaquín, que los conoce bien) para el país.
Ese propósito es comenzar a desmantelar el actual sistema
y construir la sociedad socialista. La aniquilación del individuo
y sus libertades y la prevalencia de los colectivos dirigidos desde
el Estado. Quien me diga que afirmar lo anterior es parte de la
campaña del miedo o una exageración es un bobo de
siete suelas. Es la verdad que se desprende de los documentos históricos
del Partido Comunista.
El PCN debe tomar conciencia histórica de su irresponsable
alianza. Para los partidos de centro, la alternativa no es ni la
izquierda y ni la derecha, sino entre el sistema y el antisistema.
Entre la consolidación democrática y el desastre.
ARENA, por su parte, debe entender que lo que está en juego
es mucho más que el destino de un partido político.
Es el destino de una nación.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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