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Descorriendo el velo
El 2004 y lo que quiere Schafik

Joaquín Villalobos*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La crisis de ARENA arrancó cuando algunos dirigentes abrieron fuego contra su propio gobierno. Contrariamente al PC, que capitalizó el buen trabajo de Héctor Silva, ARENA ha cuestionado los logros del gobierno de Francisco Flores.

Oxford, Inglaterra. Gobiernos anteriores de ARENA jugaron a fortalecer el liderazgo de Schafik Handal en el FMLN, al tiempo que desmantelaban a la Democracia Cristiana y debilitaban a los grupos de centro izquierda.

La inviabilidad electoral de los comunistas fue considerada ventaja para ganar eternamente las elecciones. El conflicto del ISSS explotó en este gobierno, pero arrancó a partir de concesiones hechas al FMLN en 1998 por el gobierno anterior. Prevaleció la “viveza política” sobre la visión de Estado. La candidatura de Handal y la posible derrota del FMLN en el 2004 deberían suponerse así un éxito de ARENA.

En Nicaragua, el ex presidente Arnoldo Alemán hizo lo mismo: despreció a las fuerzas de centro y pactó para compartir poder con el Frente Sandinista (FSLN). Seguro de la inviabilidad de sus adversarios, robó descaradamente y dividió a su partido. Ahora, sin ser presidente, Daniel Ortega está gobernando Nicaragua, controla el Poder Judicial, desde la Corte hasta jueces a todo nivel, controla el Tribunal Electoral, domina la Asamblea Legislativa y somete al gobierno a través de las organizaciones de trabajadores del Estado. Con ese poder mandó a Alemán a la cárcel, dividió a todos sus opositores en más de 30 partidos y convirtió al FSLN en una fuerza holgadamente hegemónica. Ahora sólo una real y amplia coalición podría evitar que Ortega sea de nuevo presidente de Nicaragua.

Handal no necesita ser presidente para tener poder, con sólo lograr que el Partido Comunista continúe creciendo tendría éxito. Como dice uno de sus dirigentes: “Lo que está en juego en el 2004 no es la alternancia, sino otra alternativa”, y para esa alternativa antisistema, lo principal, por ahora, no es gobernar, sino no dejar gobernar, porque con ello crece. El FMLN controlado por los comunistas no debería tener más allá del 8% del electorado. Si Handal obtuviera un 35% se convertiría en el dirigente comunista más votado en la historia latinoamericana, y el país seguiría atrapado en una polarización destructiva. La fortaleza le permite al PC definir la conducta de las fuerzas de centro y hasta manejar al PCN, que es de derecha. Estar en contra de todo es coherente con su proyecto. Los 41 vetos del actual gobierno resultan mayoritariamente de la fuerza que los comunistas tienen en la Asamblea.

Los componentes de la estrategia del Partido Comunista son:
Tomarse totalmente el FMLN. Los comunistas eran el más pequeño de los grupos del Frente y el que menos combatió. Primero expulsaron a los jefes guerrilleros que hicieron la guerra y la paz. Después usaron a terceros moderados para dar credibilidad electoral al Frente, luego han ido expulsando a los moderados y, finalmente, se están quedando con el nombre del FMLN y su capital electoral.

Controlar al gobierno desde abajo. Penetrando instituciones y dominando a los trabajadores del sector público. Tienen avances sustanciales en justicia, educación, salud, hacienda, Seguro Social, Tribunal Electoral y han mostrado sus intenciones de levantar una plataforma reivindicativa para promover un conflicto en la policía.
Politizar la justicia. Colocando magistrados, jueces y fiscales propios, tratando de ganar la Presidencia de la Corte e infiltrando la justicia por arriba y por abajo. El número de diputados y abogados que poseen les facilitan llegar a controlar el Poder Judicial.

Ganar elementos del ejército. Al PC no le interesa fortalecer el poder civil, ahora busca explotar la nostalgia de los militares por el poder perdido. El ascenso de militares a los gobiernos de Venezuela y Ecuador ha estimulado en estos la idea de recuperar poder político por la vía populista, y los comunistas están trabajando en esa dirección. Es decir que si hoy no gana Schafik, mañana puede ganar un coronel.

Usar las alcaldías para fortalecer su influencia social. Lo más importante para los comunistas no son las obras que realizan algunos alcaldes del Frente, sino la organización social popular pro FMLN que se desarrolla a partir de las alcaldías.

Fortalecer un poder que domine las calles. El movimiento social no es autónomo, ni auténtico, es un instrumento del Frente. Hasta el Colegio Médico, tradicionalmente reaccionario, cayó en manos del Partido Comunista. El PC combina poder de calle con poder político formal en función de la destrucción institucional. No existiendo formas para expresar el rechazo de la mayoría a la lucha callejera violenta, minorías bajo control del PC actúan con impunidad en sus protestas y convierten al gobierno, por cansancio, en culpable del desorden.

Poner su poder en función de su definición antiimperialista (contra EE.UU.) y de la defensa de Cuba como su referente. Su opción por un proyecto utópico los aleja de un proyecto real y nacional de izquierda. Tomás Borge, dirigente sandinista, dijo: “Preferimos perder mil elecciones antes que traicionar a Cuba”. En tanto las dictaduras que justificaban la revolución terminaron, ahora se ataca a las democracias por ser “neoliberales” y por no poder acabar con la pobreza en 10 años. Esas ideas le sirven al PC de Cuba para seguir en el poder, pero no a los pobres de Latinoamérica para comer.

En síntesis, el PC le está haciendo a los poderes públicos lo que le hizo al resto de grupos para tomarse el FMLN. Esta coherencia del PC contrasta con la ausencia de identidad del centro (CDU-PDC) y con la crisis de ARENA. El centro, a pesar de estar en su mejor oportunidad, aún discute a quién seguir y cómo despolarizar, cuando su papel es convertirse en polo y ser seguido. La inquisición comunista sigue poniendo los tonos y los contenidos al centro izquierda. El PC, sin embargo, sabe bien que su enemigo no es ARENA, sino el centro, a quien necesita destruir porque le compite por el mismo espacio.

La crisis de ARENA arrancó cuando algunos dirigentes abrieron fuego contra su propio gobierno. Contrariamente al PC, que capitalizó el buen trabajo de Héctor Silva, ARENA ha cuestionado los logros del gobierno de Francisco Flores, que no son ni pocos ni poco importantes, así tenga errores y en el país haya descontentos y pobreza. La imagen del Presidente y sus ministros ha sido debilitada por el mismo ARENA en el año en que necesitaría que fueran más protagónicos. La crítica descontrolada acabó con las ventajas del sistema vertical de selección del candidato, como el que ahora está imponiéndose en el FMLN. ARENA está pasando a usar un sistema abierto que, al promover a los que no quieren ser candidatos, devalúa a quienes quieren serlo.

Resulta paradójico que siendo nuestros inmigrantes, las remesas y las relaciones con EE.UU. la columna vertebral de nuestra estabilidad, ARENA, en su crisis interna, no descubra la ventaja que representa la política del gobierno de Flores hacia EE.UU., en contraste con un FMLN que se define antinorteamericano para defender al régimen cubano, a costa de los intereses de todos los salvadoreños. Ni el más insensible de los gobiernos de la derecha haría tanto daño a los pobres como un gobierno de izquierda que se declare enemigo de los EE.UU., y esto último es lo que quiere Schafik.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

 

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