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La
nota del día
Todos
quisiéramos grandes salarios
La
lección fundamental de la economía es que se deben
analizar tanto los efectos inmediatos de un hecho o ley como los
que resulten a mediano y largo plazo.
Hazlitt: Economía en una lección.
Un ingenuo lector pregunta en Vértice si al dejar el salario
mínimo del campo sin cambio no se discrimina al campesino:
¿Acaso no somos todos iguales? Su carta navega en un mar
de tonterías, medias verdades, acusaciones sin fundamento,
calumnias y retórica barata.
Hay que ser claros en una cosa: prácticamente todos quisiéramos
que el salario mínimo en el país fuera de diez mil
dólares por mes, no de doscientos. Grandes, medianas, pequeñas
y microempresas se beneficiarían mucho con ese incremento
en el consumo general. El mundo sería una fiesta permanente,
un regodeo sublime, una alegría desbordante, como describe
Goethe en el Fausto al dispararse la inflación: ríos
de dinero fluyen por la tierra.
No se subió el salario mínimo del campesino por una
razón contundente: se generaría gran desempleo en
el agro, pues los agricultores no están en condiciones de
pagar mayores salarios. Así ocurrió en 1961 cuando
el triste, olvidado y nefasto Directorio Cívico
Militar impuso salarios mínimos, provocando un gran desempleo
entre mujeres, jóvenes y ancianos que no eran lo suficientemente
productivos para ganarlo. Por parecidas razones no se elevó
el salario mínimo de la maquila: si los costos suben, las
empresas se van a otra parte.
Lo fundamental y necesario en nuestro país es crear empleo,
atraer inversión, ampliar las empresas existentes, reducir
sus costos, volverlas más eficientes. A medida que haya más
empleo, la competencia por atraer trabajadores es mayor, y los empleos
son más remunerativos. Esto se ve en muchas actividades en
las que los salarios reales de personas calificadas se han ido incrementando
de manera más rápida que el crecimiento general.
Se dice desde hace tiempo que mientras los salarios van por
la escalera, los precios van por el ascensor. La frase es
cierta a medias: cualquiera, menos los traficantes en pesimismo,
se da cuenta de que ahora estamos mucho mejor que hace quince años.
Estamos mejor como consumidores y estamos mejor como trabajadores.
Si bien los precios han subido, el alza es relativamente poca, ya
que gozamos de la tasa inflacionaria más baja del continente
americano. En El Salvador tanto precios como salarios han ido por
la escalera.
A mayores inversiones, más salario
¿Cómo mejorar los salarios en términos efectivos,
reales? La única fórmula que existe es incrementar
la productividad del trabajador, y esto sólo se consigue
con mayor inversión. Por más que se afane, una costurera
no va a triplicar su producción de ropa, a menos que disponga
de equipos más rápidos y de una organización
mejor. El campesino que chapoda un terreno podrá, en el mejor
de los casos pero sólo por corto tiempo, chapodar una tarea
más por día, pero no pasa de allí; por consiguiente,
el salario que gane apenas subirá.
Muy distinto es el caso cuando este campesino dispone de maquinaria
para hacer sus labores. Entonces no chapoda cuatro tareas, sino
cuarenta; el operario del tractor ganará muchísimo
más que el hombre de la cuma. De allí que si queremos
elevar salarios, hay que incrementar la inversión. Y para
que haya inversión tiene que haber confianza, no demagogia
y amenazas.
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