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Opinando
Quo Vadis, El Salvador?
El
Salvador hoy en día, al igual que todos los países,
requiere consistentemente de disciplina fiscal para no afectar negativamente
la estabilidad macro obtenida.
Existe una antigua tradición romana que señala que
Nerón, tras incendiar Roma en el año 64, inició
una feroz persecución en contra de los cristianos, por lo
que San Pedro huyó de la ciudad; al ir corriendo, se encontró
con Jesús, a quien preguntó: ¿Quo Vadis,
Domine? (que significa: ¿A dónde vas,
Señor?). Jesús se detuvo y contestó sin
dudar: A Roma, para volver a ser crucificado.
El propósito de estas líneas es preguntar y reflexionar
sobre la pregunta: Quo Vadis, El Salvador?. La pregunta
que da introducción a la respuesta de la pregunta anterior
es: ¿qué es lo que determina, fundamentalmente, el
crecimiento de un país? En general, la teoría económica
y una gran cantidad de estudios empíricos señalan
que el crecimiento potencial de un país está asociado
a la evolución en la contratación de factores de producción,
tales como: el capital físico, el capital humano y el empleo
(transpiración). Asimismo, el crecimiento se
ve influenciado por el crecimiento de la productividad total de
los factores, es decir, por cómo los factores productivos
interactúan buscando realizar actividades más eficientemente
(inspiración).
Dentro de este contexto, las políticas económicas
que un país implemente (relacionadas con estabilidad macroeconómica,
mercados competitivos, regulación eficiente, apertura, etc.)
juegan un rol esencial en el crecimiento, pues éstas afectan
las decisiones de contratación de factores, así como
la búsqueda de mejores formas para la realización
más eficiente de distintas acciones productivas. En este
sentido, es claro que uno de los principales activos que tiene El
Salvador, y que proporciona una sólida base para crecer,
es la situación macroeconómica ordenada que el país
ha ganado con mucho esfuerzo, lo que le ha ayudado a contar con
un riesgo país de los más bajos entre los países
emergentes, posibilitando la colocación de bonos que han
tenido una excelente recepción en los mercados de capitales
internacionales, permitiendo con ello que el país financie
inversión a tasas de interés bajas.
Sin embargo, estando en un año preelectoral, se están
percibiendo acciones que con claridad pueden generar cierto grado
de preocupación en cuanto a la estabilidad macro de El Salvador.
Muestra de ello es la inquietud en cuanto a la modificación
o no de las percepciones de riesgo del país por parte de
las agencias calificadoras de riesgo. Así, la generación
de propuestas que hubo sobre la modificación de la fecha
final para entrega de declaraciones del impuesto sobre la renta,
cuando dicha fecha ha sido ampliamente conocida, es un claro ejemplo
de ello.
El Salvador hoy en día, al igual que todos los países
del mundo, requiere consistentemente de disciplina fiscal para no
afectar negativamente la estabilidad macro obtenida. Dicha disciplina
fiscal es exigida al gobierno del país, pero no puede dejar
de exigirse, por tanto, disciplina a todos nosotros, contribuyentes,
en cuanto a nuestros cumplimientos en materia de impuestos. No deben
alterarse las reglas del juego, que desde un principio fueron claras
para todos. Sólo imagínense el caos que podría
ocasionar en un partido de fútbol que el árbitro del
mismo, de repente, anuncie que durante los próximos 10 minutos
serán válidos los goles con la mano. ¿Qué
ocurriría con el equipo que iba ganando luego de anotar goles
con los pies? Obviamente, se atentaría contra la esencia
del fútbol.
Igualmente, en términos económicos, el cambio en reglas
del juego altera la correlación de incentivos en la economía
y genera distorsiones que al final redundan en desconfianza de todos
los agentes productivos y, por ende, afectan sus conductas, y en
forma natural se impacta negativamente el crecimiento económico
de un país.
Por ello, ante la pregunta: Quo Vadis, El Salvador?,
ojalá todos tuviésemos claro hacia dónde vamos
y que el mercado con sus limitaciones es el mejor mecanismo
para promover el crecimiento, siempre y cuando se respeten las reglas
del juego, las cuales deben ser claras y conocidas por todos, y
ojalá que nadie, sea de la corriente ideológica que
sea, comprometa, con sus propuestas o acciones, la estabilidad macro
que tanto le ha costado al país ganar, llevándole
por ella a ser reconocido en la comunidad internacional.
*Miembro de la Asociación
de Ex Alumnos de la Escuela Superior de Economía y Negocios
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