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La
columna nacional
La calidad de vida no depende exclusivamente de la economía
Que
no te vengan pues los campeones reduccionistas con la trampa de
que nuestra forma de vida ya está discutida y la tenemos
clara.
Es impresionante el economicismo que se ha desatado en nuestro
ambiente político. Pareciera que no existe otro tema de interés
para el pueblo salvadoreño.
¿Qué entiendo por economicismo? A una
posición reduccionista que lleva a tomar como de única
importancia (no de primera, entre otras, como debe ser) el factor
económico dentro de la sociedad, lo que lleva a pensar, analizar,
juzgar, decidir y actuar en función de este.
Pero, ¿qué puede ser más importante que la
canasta básica, la salud, la vivienda y la educación,
todo lo cual no se logra sino con el dinero y es, por tanto, económico?
dirán. Absolutamente cierto contestaría,
pero erróneamente planteado.
Sofísticamente, es decir, con lógica pero usando premisas
falsas. Como es suponer que el dinero lo es todo.
Porque si bien vemos, hemos elevado lo básico
a una caterva de gustos, frivolidades y necesidades superfluas que
nos encarecen la existencia mucho más allá de la neta
realidad... y podríamos así comentar otros rubros.
Claro que esta argumentación no pretende cubrir la verdadera
y real pobreza existente, sino subrayar que la misma se agudiza
ante una cultura nefasta de consumismo desatado, al
que nadie pone coto.
Todavía más importante es caer en la cuenta de que,
como exponían los filósofos de la antigüedad,
para vivir la buena vida hay que vivir una vida buena. Esto significa
que ha de entenderse la calidad de vida como un entorno integral
de relaciones en el que la persona interactúa con otras en
respeto y paz, permitiéndole intentar y realizar las actuaciones
que deseé dentro de un Estado de Derecho respetuoso de la
ley y que persiga la justicia. Y parece que no hemos entendido bien
los alcances prácticos de lo anterior.
Cuando usted redondea el cambio del dólar, encareciendo
la vida, da pauta para que el victimizado haga lo propio
en otra instancia; si usted se tira un semáforo
en rojo está invitando a que lo hagan otros y aumentando
la posibilidad de accidentes fatales; si suma en un cine, encarama
los pies en la butaca de enfrente o habla fuerte y sin parar, simplemente
está arruinando la calidad del espectáculo que los
demás observan; los particulares y funcionarios que están
llamados a intervenir en estas y otras situaciones y no lo hacen
son igualmente responsables de estar arruinando la forma de vida
de todos los salvadoreños.
Porque de qué le sirve a usted tener un empleo regular o
su empresita si corre el peligro de que lo asalten en todos lados,
si los comerciantes por avidez viven subiendo los precios
artificialmente, si el vecino lo desvela con música estridente,
si le chocan el carro los cafres del servicio colectivo,
si no le entregan reparados los electrodomésticos (o el vehículo,
o el traje o vestido, todo, en fin) el día que se le había
prometido, si todo el mundo llega super tarde a todo tipo de citas,
si la vivienda que le entregan está plagada de defectos y
es diferente a lo que habían pactado, si sus empleados le
roban en todo lo que pueden, si la calidad de los productos (de
todo tipo) impide lograr buenos productos finales, si su patrón
procura evadir todas las obligaciones legales que puede, si no puedes
realizar el bello turismo interno por temor a que te atraquen o
te maten, si los cobros de ciertos servicios públicos están
organizadamente realizados para quebrarte incluso en
lo que no has consumido, si la ola de limosneros con garrote crece
imparablemente, si todo en fin jala para abajo, en los modales,
el vestir, el hablar y hasta los gestos.
Volviendo al principio, toda esta triste forma de vida no se corrige
con que tu ganes el doble de lo que estás ganando (o adquieras
un empleo digno) lo que es necesario además,
pero lo que quiero destacar es que existen montañas de procesos
culturales, de relaciones entre la gente en la ciudad, de cortesía,
de ética, de tolerancia, de moderación, desmasificadores,
que produzcan un renacer a la dignidad y el trato personal cara
a cara, que se pueden y deben promover para elevar en este
sentido nuestro nivel de vida.
Que no te vengan pues los campeones reduccionistas con la trampa
de que nuestra forma de vida ya está discutida y la tenemos
clara, y que lo único que tenemos que hacer es mejorar la
economía. Aparte de ello y por encima de ello hay mucho que
discutir.
*Lic. en Ciencias Políticas.
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