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Sentido
común
O ellos o nadie
Muchos
votarían por el FMLN porque, equivocados o no, perciben que
ARENA es indiferente a sus necesidades, que no gobierna para ellos
y que por eso van a castigarla.
Nos cuentan que el FMLN podría ganar las elecciones presidenciales
del próximo año. El asunto ha producido una especie
de fiebre escarlatina en algunos sectores.
Las encuestas y el díscolo-camiento de ARENA
ayudan al esparcimiento de la pandemia. Los correos electrónicos
se han comenzado a cargar de mensajes anticomunistas. Vallas en
la capital parecen advertirnos de un probable apocalipsis rojo.
Algo similar ocurre en ciertos espacios de opinión. La obsesión
de algunos con este tema es paralizante. Hay quienes ya arman maletas
para Australia. Todos parecieran compartir el mismo síntoma:
pérdida de moral por anticipado.
Nadie niega porque no se puede que el FMLN es un peligroso
albur. Ese cuento ni me lo he inventado yo ni proviene de un anticomunismo
al cuadrado: basta verlos y oírlos. El FMLN se defiende diciendo
que ellos no comen niños. Yo no lo dudo ninguno
de ellos tiene cara de antropófago. Sin embargo, éste,
más que un tema de gastronomía, es un asunto de capacidad
para gobernar. Y es que no es necesario abstenerse de comer niños
para poner un país patas arriba. Chávez tampoco come
niños. Ni Castro, que uno sepa. Tampoco es requisito ser
comunista para acabarse a un país. Ni Alan García
ni Bucaram ni Menem eran comunistas. En la realidad mundial que
hoy vivimos, el problema para cualquier país, más
que tener un gobierno comunista, es tener un gobierno populista.
Y esa vocación, por hoy, difícilmente la puede esconder
el Frente.
Comprendemos, entonces, la inquietud que provoca la posibilidad
de ser gobernados por gente que parece vivir en otro mundo. Sin
embargo, no es enarbolando la figura del oso rojo el libreto
anticomunista que van a parar la tendencia que por hoy se
plantea en las encuestas. Al contrario, ésta es una estrategia
de revira y contra que suele revertirse contra quienes se empeñan
en utilizarla. La gente no va a dejar de votar por el Frente porque
la derecha, o algunos ex efemelenistas, se extiendan en explicar
o piricuaco que son los piricuacos. El sonsonete anticomunista
por cierto que sea ha dejado de ser efectivo. Para las
elecciones de 2004, los votantes descontentos dejarán de
votar por el Frente sólo si la gente de la derecha hace mejor
las cosas.
Sin importar su candidato, el FMLN llegará al poder si la
luz sigue costando lo que cuesta y el agua faltando como falta,
si la DPC y la SIGET insisten en hacerse las sordomudas, si al Presidente
sólo se le ve en los anuncios, si el gobierno sigue sin comunicar
las cosas buenas que ha hecho, si la huelga de salud persiste, si
se permite que a los corruptos y a los inmorales se los trague la
tierra.
El FMLN ganará las elecciones si en ARENA se arma la de
San Quintín con esto de las candidaturas, si este partido
continúa haciendo política de espaldas a la clase
media, si sigue traicionando a su voto duro que está en el
campo, si se deja traicionar por los intereses clasistas, si se
equivoca en la elección de su candidato presidencial. Finalmente,
tendremos presidente rojo si quienes pudiendo sacrificar algo de
lo suyo insisten en chupar hasta la linfa del que poco o nada tiene.
No sé si me explico.
Las cosas son así. Muchos podrían votar por el FMLN,
no porque piensen que este partido es mejor, o porque sean de izquierda,
o porque sean resentidos sociales, o porque no tienen con
qué comprar su DVD. Muchos votarían por el FMLN
porque, equivocados o no, perciben que ARENA es indiferente e insensible
a sus necesidades, que no gobierna para ellos y que por eso van
a castigarla. Pese a que algunos son de la opinión que ya
es demasiado tarde para piar tarde han piado, dicen,
ésta es una situación que sólo puede revertir
el mismo gobierno y el partido oficial.
Para ARENA, ganar las próximas elecciones pasa necesariamente
por llevar la política, más que al campo de la argumentación,
a la realidad del que no tiene trabajo, del que pasa hambre, del
que está enfermo, del que no se siente representado, del
que se siente timado... del que ha perdido, finalmente, la esperanza
de salir adelante.
*Cirujano dentista y columnista
de El Diario de Hoy.
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