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Sentido común
O ellos o nadie

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Muchos votarían por el FMLN porque, equivocados o no, perciben que ARENA es indiferente a sus necesidades, que no gobierna para ellos y que por eso van a castigarla.

Nos cuentan que el FMLN podría ganar las elecciones presidenciales del próximo año. El asunto ha producido una especie de fiebre escarlatina en algunos sectores.

Las encuestas y el “díscolo”-camiento de ARENA ayudan al esparcimiento de la pandemia. Los correos electrónicos se han comenzado a cargar de mensajes anticomunistas. Vallas en la capital parecen advertirnos de un probable apocalipsis rojo. Algo similar ocurre en ciertos espacios de opinión. La obsesión de algunos con este tema es paralizante. Hay quienes ya arman maletas para Australia. Todos parecieran compartir el mismo síntoma: pérdida de moral por anticipado.

Nadie niega —porque no se puede— que el FMLN es un peligroso albur. Ese cuento ni me lo he inventado yo ni proviene de un anticomunismo al cuadrado: basta verlos y oírlos. El FMLN se defiende diciendo “que ellos no comen niños”. Yo no lo dudo —ninguno de ellos tiene cara de antropófago—. Sin embargo, éste, más que un tema de gastronomía, es un asunto de capacidad para gobernar. Y es que no es necesario abstenerse de comer niños para poner un país patas arriba. Chávez tampoco come niños. Ni Castro, que uno sepa. Tampoco es requisito ser comunista para acabarse a un país. Ni Alan García ni Bucaram ni Menem eran comunistas. En la realidad mundial que hoy vivimos, el problema para cualquier país, más que tener un gobierno comunista, es tener un gobierno populista. Y esa vocación, por hoy, difícilmente la puede esconder el Frente.

Comprendemos, entonces, la inquietud que provoca la posibilidad de ser gobernados por gente que parece vivir en otro mundo. Sin embargo, no es enarbolando la figura del oso rojo —el libreto anticomunista— que van a parar la tendencia que por hoy se plantea en las encuestas. Al contrario, ésta es una estrategia de revira y contra que suele revertirse contra quienes se empeñan en utilizarla. La gente no va a dejar de votar por el Frente porque la derecha, o algunos ex efemelenistas, se extiendan en explicar “o piricuaco que son los piricuacos”. El sonsonete anticomunista —por cierto que sea— ha dejado de ser efectivo. Para las elecciones de 2004, los votantes descontentos dejarán de votar por el Frente sólo si la gente de la derecha hace mejor las cosas.

Sin importar su candidato, el FMLN llegará al poder si la luz sigue costando lo que cuesta y el agua faltando como falta, si la DPC y la SIGET insisten en hacerse las sordomudas, si al Presidente sólo se le ve en los anuncios, si el gobierno sigue sin comunicar las cosas buenas que ha hecho, si la huelga de salud persiste, si se permite que a los corruptos y a los inmorales se los trague la tierra.

El FMLN ganará las elecciones si en ARENA se arma la de San Quintín con esto de las candidaturas, si este partido continúa haciendo política de espaldas a la clase media, si sigue traicionando a su voto duro que está en el campo, si se deja traicionar por los intereses clasistas, si se equivoca en la elección de su candidato presidencial. Finalmente, tendremos presidente rojo si quienes pudiendo sacrificar algo de lo suyo insisten en chupar hasta la linfa del que poco o nada tiene. No sé si me explico.

Las cosas son así. Muchos podrían votar por el FMLN, no porque piensen que este partido es mejor, o porque sean de izquierda, o porque sean resentidos sociales, o porque “no tienen con qué comprar su DVD”. Muchos votarían por el FMLN porque, equivocados o no, perciben que ARENA es indiferente e insensible a sus necesidades, que no gobierna para ellos y que por eso van a castigarla. Pese a que algunos son de la opinión que ya es demasiado tarde para piar —tarde han piado, dicen—, ésta es una situación que sólo puede revertir el mismo gobierno y el partido oficial.

Para ARENA, ganar las próximas elecciones pasa necesariamente por llevar la política, más que al campo de la argumentación, a la realidad del que no tiene trabajo, del que pasa hambre, del que está enfermo, del que no se siente representado, del que se siente timado... del que ha perdido, finalmente, la esperanza de salir adelante.

*Cirujano dentista y columnista de El Diario de Hoy.

 

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