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Tabaco versus SIDA: una comparación
Los
fumadores pasan a ser, así, como en la religión judía,
una especie de chivo expiatorio desterrado al desierto.
No deja de extrañarme la distinta actitud que la Organización
Mundial de la Salud (OMS) tiene ante el consumo del tabaco y la
pandemia terrible del SIDA.
Parece como si, por una extrañísima confusión,
todas las graves acusaciones y todo el peso de la lucha que debería
hacerse contra el SIDA se haya trasladado contra los fumadores.
Un psiquiatra podría darnos tal vez la explicación.
A mí me asalta la sospecha de que se busca tranquilizar una
mala conciencia, haciendo contra el tabaco lo que debería
hacerse pero no se atreven a hacer contra el SIDA. Los
fumadores pasan a ser, así, como en la religión judía,
una especie de chivo expiatorio desterrado al desierto,
cargando con los pecados de otros.
Efectivamente, los 192 estados miembros de la OMS acaban de firmar
un duro plan internacional de lucha contra las devastadoras
consecuencias del consumo de tabaco y la exposición al tabaco,
con restricciones aún más fuertes contra la publicidad,
incremento de los impuestos y advertencias sanitarias en los paquetes
de cigarrillos. La expansión de la epidemia de tabaco
recalca la OMS es un problema mundial con consecuencias
serias para la salud pública. Subrayo devastadora,
exposición y epidemia para llamar
la atención sobre lo injusto de esta terminología.
El fumar no ha devastado ninguna región ni país. El
SIDA sí lo está haciendo. El tabaco no es una epidemia,
es un vicio de efectos perjudiciales a largo plazo. El SIDA es una
epidemia con efectos mortales a muy corto plazo. El SIDA mata al
que lo tiene y al que convive sexualmente con él. Los que
conviven con los fumadores pueden sufrir molestias o agravarse en
los síntomas si padecen enfermedad respiratoria, pero no
se ha demostrado por mucho que lo pretenden los antitabaco
que produzcan ninguna enfermedad mortal.
En esta lucha creciente se ha ido arrinconando progresivamente a
los fumadores, echándoles de los aviones, los aeropuertos,
los bares y restaurantes, las oficinas, los centros educativos,
etc. En Nueva York, su alcalde ha promulgado una ley que prohíbe
fumar en todos los bares y restaurantes de la Gran Manzana,
con fuertes multas para los infractores. Eso debe haber hecho feliz
a la directora de la OMS, que dice que cuanto mayores sean
las prohibiciones para fumar en lugares públicos, más
aumentará el rechazo social al uso del tabaco.
Nadie centra la lucha contra el tabaco en recomendar el filtro o
la boquilla aunque algo protege. En eso hacen bien.
En cambio contra el SIDA, toda la campaña de la OMS y otras
entidades se han centrado en el uso del preservativo que también
algo protege. Pero en eso hacen muy mal, pues allí
donde llegan la propaganda y el reparto de preservativos es donde
crece el número de sidosos.
Los fumadores, por lo visto, son viciosos que no merecen consideración
ni respeto en su perversa conducta, porque atentan con sus humos
contra la sociedad; en cambio, los que practican el libertinaje
sexual, incluyendo las aberraciones, aunque se expongan o contagien
de SIDA, están ejerciendo un sagrado derecho que debe ser
respetado. Sabido es que el SIDA se descubrió en EE.UU. en
tres varones homosexuales y que fue, en los primeros años,
una plaga de homosexuales y drogadictos. No tardaron algunos de
ellos, bisexuales, en propagarlo, a propósito, a las mujeres
para que su culpabilidad en la epidemia quedara ocultada.
El primer sidoso identificado en El Salvador también fue
un homosexual. ¿Han sido oficialmente discriminados por eso
los homosexuales? Todo lo contrario, en todo el mundo han ido ganando
derechos a difundir su orgullo gay. Aquí mismo,
cualquiera que pase por su sede legal en San Salvador podrá
ver la fachada de Entre amigos pintada de un amarillo
chillón, con anuncio gigante de una marca de condones.
Por tanto, los fumadores deben ser discriminados y perseguidos;
los homosexuales y sidosos, protegidos.
Si un fumador empedernido contrae cáncer puede demandar
judicialmente a la empresa tabacalera, haciéndola culpable.
En Estados Unidos, así, han obtenidos suculentas indemnizaciones
millonarias. (¡¿?!). ¡Como si un fumador no supiera,
desde hace más de cincuenta años, que el tabaco podía
producirle cáncer! Pero si un promiscuo sexual que usa condón
contrae el SIDA, no tiene derecho a demandar ni al laboratorio que
lo fabricó ni a las numerosas entidades que hacen propaganda
del preservativo como sexo seguro. Curioso, muy curioso.
¿O extraño?
Sin embargo, poco a poco se ha ido filtrando en algunas informaciones
de prensa una verdad más esperanzadora: En unos pocos países,
la infección del SIDA ha ido disminuyendo. El caso más
llamativo, Uganda. The International Herald Tribune (4-3-03) señala
que la tasa de nuevas infecciones en ese país comenzó
a bajar a finales de los ochenta. Cuando la epidemia comenzó
a frenarse había muy pocos preservativos. Lo que sucedía
era que, desde 1986, con una campaña de bajo coste, se difundió
un cambio de fondo en la conducta sexual. El mensaje fue éste:
Deja de tener varias parejas. Se fiel. Adolescentes, esperad
hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales.
En 1995, según un estudio financiado por EE.UU., el 95% de
los ugandeses declaraban haber tenido relaciones sexuales con una
o con ninguna persona en el año anterior. El cambio más
radical en la conducta sexual fue entre jóvenes de 15 a 19
años y, entre estos, el mayor descenso en la tasa de infección
y de muertes por SIDA. En vista de ello, EE.UU. destina cada vez
más fondos a este tipo (¿novedoso?) de campañas
preventivas.
A Peter Piot, presidente de UNAIDS (la sección de la ONU
contra el SIDA), le preguntaron años atrás que si
la gente guardara la abstinencia prematrimonial y después
la fidelidad matrimonial el SIDA dejaría de ser un peligro.
Respondió algo así como sí, desde luego,
pero eso no es un asunto mío. ¿Podrá
ahora seguir diciendo lo mismo? Y en El Salvador ¿nos vamos
enterando de lo que sirve y lo que no sirve en la lucha contra el
SIDA? Señores,... ¡más vale tarde que nunca!
*Dr. en Medicina y columnista de
El Diario de Hoy.
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