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Derecha
e izquierda
Ruta hacia el bipartidismo
Normalmente,
si un país va a tener un gobierno estable, las diferencias
y los acuerdos entre los distintos sectores tienen que estar bien
balanceados, y en esta balanza permanece la base de la democracia
(Primera parte)
"Derecha e Izquierda" son dos términos que se emplean
desde hace más de dos siglos. Son empleados habitualmente
para designar el contraste de las ideologías y de los movimientos
en que está dividido el mundo, eminentemente conflictivo,
del pensamiento y de las acciones políticas.
¿De dónde proviene esta división? La historia
narra que nace en la Revolución Francesa, cuando en la Comuna
de París se discute el futuro de la República Francesa.
Los actores son el monarca que se sienta al centro de la mesa, a
su izquierda los liberales (intelectuales orgánicos y la
clase media), quienes desean y piden mayores libertades para el
pueblo, y a la derecha los conservadores (los aristócratas
y terratenientes, etc.), que desean conservar sus privilegios y
autoridad sobre los siervos.
Reducir a la pura expresión de pensamiento ideológico
sería una injusta simplificación: indican programas
contrapuestos respecto a muchos problemas, cuya solución
pertenece habitualmente a la acción política, contrastes
no sólo de ideas, sino también de intereses y de valoraciones
sobre la dirección que habría que dar a la sociedad,
contrastes que existen en toda sociedad y que no parece que vayan
a desaparecer.
En nuestro país han transcurrido once años desde la
firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno de ARENA y el FMLN
y, así como fueran adversarios en lo político-militar
en la década de los 80 y 90 en donde los primeros defendían
el statu quo establecido, y los segundos luchaban por la toma del
poder a través de la violencia, para establecer un sistema
de gobierno tipo socialista, lo siguen siendo políticamente
en los primeros años del nuevo milenio: hoy la diferencia
sustancial es que los últimos dejaron la montaña y
las armas por la confianza que parte del pueblo ha depositado en
ellos a través del voto representativo en la Asamblea Legislativa
y gobiernos municipales.
Sin embargo, falta mucho para tener respuestas viables y adecuadas
ante la falta de un diálogo que todos los salvadoreños
queremos que exista para establecer un Estado de Derecho igualitario
y equitativo. El compromiso, entonces, debe ser el de luchar por
la construcción de un El Salvador donde imperen la legalidad,
el respeto y la igualdad. En la democracia, que esencialmente es
gobierno para el provecho de la ciudadanía, es muy importante
saber cuándo señalar, cuándo defender y cuándo
cooperar. La decisión sobre cuál camino se debe escoger
para las próximas elecciones de Presidente de la República
tiene que estar basada en la consideración de los máximos
intereses del pueblo.
Normalmente, si un país va a tener un gobierno estable, las
diferencias y los acuerdos entre los distintos sectores tienen que
estar bien balanceados, y en esta balanza permanece la base de la
democracia. Al observar los gobiernos de muchos de los países
democráticos de América Latina, de Europa y de América
del Norte son notorios los grandes espacios comunes que existen
entre los partidos de oposición, y es lo que hace funcionar
sus gobiernos a pesar de los frecuentes cambios en el poder. Y así
se evita que las primeras acciones de un nuevo gobierno sean rescindir
gran parte de la legislación del gobierno anterior.
En otras palabras, un partido acepta que mucha de la labor de otro
partido que gobierna es para beneficio del pueblo. La última
encuesta llevada acabo por el CIOPS de la UTEC lleva a reflexionar
sobre la insatisfacción que tiene la población con
su situación actual; muchos salvadoreños se han quedado
rezagados, y los éxitos de la macroeconomía ya no
pueden disimular o resolver las duras realidades microeconómicas.
Las medidas económicas y sociales adoptadas por los últimos
tres gobiernos crearon nuevos desafíos, nuevos problemas.
En la actual coyuntura política se están generando
expectativas en el corto tiempo que queda para el período
de campaña. Muchos esperan con ansias conocer a los que competirán
para enarbolar la bandera del triunfo en las elecciones de marzo
de 2004. Partiendo del supuesto de que la alternancia política
sea para el partido de izquierda, no sólo implica un cambio
de partido en el Ejecutivo, sino que se hace extensiva a una transformación
de los sistemas institucionales de control. Es realista esperar
que la naciente democracia salvadoreña sea progresiva, no
regresiva. Implica lo anterior que las muestras de expresión
política, la protesta incluida, tendrán que tener
un acomodo diferente al que distinguió las épocas
autoritarias del pasado.
En la actualidad, el mapa político de la Asamblea Legislativa
no varió de forma sustancial. La consecuencia de no votar,
de no participar, es porque la sociedad está de acuerdo con
el sistema que se maneja en el Primer Órgano del Estado.
¿O es acaso que la población en realidad, en su indiferencia,
lo que pretende señalar es que debemos encaminarnos como
lo tienen otros estados centroamericanos a un futuro bipartidismo?
¿Estará la sociedad salvadoreña consciente
y preparada para experimentar esta supuesta alternancia? En América
del Sur lo están experimentando los pueblos de la República
Bolivariana de Venezuela, Ecuador y Brasil.
*Cnel. ® y Lic. en Ciencias
Políticas.
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