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Derecha e izquierda
Ruta hacia el bipartidismo

Marcial Vela Ramos*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Normalmente, si un país va a tener un gobierno estable, las diferencias y los acuerdos entre los distintos sectores tienen que estar bien balanceados, y en esta balanza permanece la base de la democracia

(Primera parte)
"Derecha e Izquierda" son dos términos que se emplean desde hace más de dos siglos. Son empleados habitualmente para designar el contraste de las ideologías y de los movimientos en que está dividido el mundo, eminentemente conflictivo, del pensamiento y de las acciones políticas.

¿De dónde proviene esta división? La historia narra que nace en la Revolución Francesa, cuando en la Comuna de París se discute el futuro de la República Francesa. Los actores son el monarca que se sienta al centro de la mesa, a su izquierda los liberales (intelectuales orgánicos y la clase media), quienes desean y piden mayores libertades para el pueblo, y a la derecha los conservadores (los aristócratas y terratenientes, etc.), que desean conservar sus privilegios y autoridad sobre los siervos.

Reducir a la pura expresión de pensamiento ideológico sería una injusta simplificación: indican programas contrapuestos respecto a muchos problemas, cuya solución pertenece habitualmente a la acción política, contrastes no sólo de ideas, sino también de intereses y de valoraciones sobre la dirección que habría que dar a la sociedad, contrastes que existen en toda sociedad y que no parece que vayan a desaparecer.

En nuestro país han transcurrido once años desde la firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno de ARENA y el FMLN y, así como fueran adversarios en lo “político-militar” en la década de los 80 y 90 —en donde los primeros defendían el statu quo establecido, y los segundos luchaban por la toma del poder a través de la violencia, para establecer un sistema de gobierno tipo socialista—, lo siguen siendo políticamente en los primeros años del nuevo milenio: hoy la diferencia sustancial es que los últimos dejaron la montaña y las armas por la confianza que parte del pueblo ha depositado en ellos a través del voto representativo en la Asamblea Legislativa y gobiernos municipales.

Sin embargo, falta mucho para tener respuestas viables y adecuadas ante la falta de un diálogo que todos los salvadoreños queremos que exista para establecer un Estado de Derecho igualitario y equitativo. El compromiso, entonces, debe ser el de luchar por la construcción de un El Salvador donde imperen la legalidad, el respeto y la igualdad. En la democracia, que esencialmente es gobierno para el provecho de la ciudadanía, es muy importante saber cuándo señalar, cuándo defender y cuándo cooperar. La decisión sobre cuál camino se debe escoger para las próximas elecciones de Presidente de la República tiene que estar basada en la consideración de los máximos intereses del pueblo.

Normalmente, si un país va a tener un gobierno estable, las diferencias y los acuerdos entre los distintos sectores tienen que estar bien balanceados, y en esta balanza permanece la base de la democracia. Al observar los gobiernos de muchos de los países democráticos de América Latina, de Europa y de América del Norte son notorios los grandes espacios comunes que existen entre los partidos de oposición, y es lo que hace funcionar sus gobiernos a pesar de los frecuentes cambios en el poder. Y así se evita que las primeras acciones de un nuevo gobierno sean rescindir gran parte de la legislación del gobierno anterior.

En otras palabras, un partido acepta que mucha de la labor de otro partido que gobierna es para beneficio del pueblo. La última encuesta llevada acabo por el CIOPS de la UTEC lleva a reflexionar sobre la insatisfacción que tiene la población con su situación actual; muchos salvadoreños se han quedado rezagados, y los éxitos de la macroeconomía ya no pueden disimular o resolver las duras realidades microeconómicas. Las medidas económicas y sociales adoptadas por los últimos tres gobiernos crearon nuevos desafíos, nuevos problemas.

En la actual coyuntura política se están generando expectativas en el corto tiempo que queda para el período de campaña. Muchos esperan con ansias conocer a los que competirán para enarbolar la bandera del triunfo en las elecciones de marzo de 2004. Partiendo del supuesto de que la alternancia política sea para el partido de izquierda, no sólo implica un cambio de partido en el Ejecutivo, sino que se hace extensiva a una transformación de los sistemas institucionales de control. Es realista esperar que la naciente democracia salvadoreña sea progresiva, no regresiva. Implica lo anterior que las muestras de expresión política, la protesta incluida, tendrán que tener un acomodo diferente al que distinguió las épocas autoritarias del pasado.

En la actualidad, el mapa político de la Asamblea Legislativa no varió de forma sustancial. La consecuencia de no votar, de no participar, es porque la sociedad está de acuerdo con el sistema que se maneja en el Primer Órgano del Estado. ¿O es acaso que la población en realidad, en su indiferencia, lo que pretende señalar es que debemos encaminarnos —como lo tienen otros estados centroamericanos— a un futuro bipartidismo? ¿Estará la sociedad salvadoreña consciente y preparada para experimentar esta supuesta alternancia? En América del Sur lo están experimentando los pueblos de la República Bolivariana de Venezuela, Ecuador y Brasil.


*Cnel. ® y Lic. en Ciencias Políticas.

 

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