Turismo
 
Inicio del Sitio Domingo 1 de junio
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Meditando
Preocupación y ocupación de todos

María Teresa de Jovel*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Hay que aprovechar todos los grandes adelantos de la ciencia y de la cultura para ser constructores corresponsables de nuestra patria.

Después de mi artículo anterior sobre “Las empresas, los empresarios, los trabajadores”, quisiera recordar que el bienestar de nuestro país y de todos nuestros conciudadanos es “preocupación y ocupación” de TODOS los salvadoreños. Si dejáramos esta responsabilidad en manos de unos pocos -gobierno, instituciones, empresarios, maestros, padres-, estaríamos haciendo como el avestruz: escondiendo la cabeza en el hoyo de nuestra irresponsabilidad y de nuestra pereza.

La preocupación social deberá estar orientada al desarrollo auténtico del hombre y de la sociedad, respetando y promoviendo en toda su dimensión a la persona humana. Tenemos que observar e interpretar los hechos según se van dando en la historia del mundo y, especialmente, en la historia de nuestro país. Tendríamos que -por medio de ellos- tomar conciencia cada uno para que nosotros mismos vayamos dando respuestas adecuadas en nuestro propio ambiente. Así como una piedra lanzada en la superficie de un tranquilo lago va creando círculos concéntricos cada vez más amplios, también nuestra influencia personal -aunque parezca una piedra muy chica- podría ir cambiando muchas cosas en El Salvador.

Hay que aprovechar todos los grandes adelantos de la ciencia y de la cultura para ser constructores corresponsables de nuestra patria, haciendo las necesarias y oportunas adaptaciones a nuestra idiosincrasia, porque también ella se ve influenciada por el constante flujo de los acontecimientos de la vida de los hombres y de las sociedades.

No podemos nunca considerar que es demasiado tarde. Hay que hacer todos los esfuerzos necesarios, en especial en esta época tan dramática de nuestro país y del mundo entero. No podemos desanimarnos, a pesar de que nos parezca que los acontecimientos van más rápidos que nunca y que nos sobrepasan, en un movimiento cada vez más grande de continua aceleración.
Tenemos que sentir la necesidad de una concepción más rica y diferenciada del desarrollo. Ser creativos para pensar y desarrollar formas innovadoras de cambio. Tendríamos que poner alma, corazón y vida al servicio de las necesidades de nuestro pueblo.

No podemos olvidar que las alegrías y las tristezas, los éxitos y los fracasos, y las esperanzas y las angustias de los más desposeídos de nuestro pueblo deben ser las de todos y cada uno de nosotros, sobre todo, de los que tienen más capacidad intelectual y más recursos materiales, pues son estos precisamente los medios que se necesitan para lograr el cambio.

La miseria, la ignorancia y el subdesarrollo son sólo otros nombres que se aplican ahora a las tristezas y angustias de la mayoría,en especial de los más pobres. Tenemos que esforzarnos por dar horizontes de esperanza a estas multitudes. Pero no sólo en la teoría sino en la práctica. Los que carecen de bienes, de la cultura y de los adelantos y servicios ofrecidos por el desarrollo son bastante más numerosos que los que disfrutamos de ellos.

La conciencia del deber que tendríamos que tener los más favorecidos debe impulsarnos a buscar los medios para sacar a nuestro país del estado en que se encuentra. Y no sólo buscar sino también sugerir y participar activamente. No lo olvidemos, es un deber gravísimo desde todo punto de vista: social, moral y religioso.

Los que -de alguna manera- estamos capacitados para hacerlo, tenemos que señalar el carácter ético, cultural y moral que nos corresponde a todos en la problemática relativa al desarrollo cultural, social y moral de nuestro pueblo. La cuestión social adquiere cada día una dimensión más importante y más urgente. Cada uno debe tomar conciencia de este hecho porque interpela directamente a nuestra conciencia que es, precisamente, la fuente de nuestras decisiones morales.
Por consiguiente, tanto los gobernantes como los gobernados que podamos hacerlo, tenemos la obligación moral de tomar en consideración -en las decisiones de gobierno y en las personales- la necesidad de conseguir el bien social en nuestro país, pues todos nuestros actos tienen una interdependencia en la forma de luchar para que miles de compatriotas logren salir de la miseria y del subdesarrollo. Es una obligación moral. Es un deber de solidaridad.

El verdadero desarrollo no puede consistir en una mera acumulación de riquezas o en la mayor disponibilidad de los bienes y de los servicios, si todo esto se obtiene a costa del subdesarrollo de muchos y sin la debida consideración por la dimensión social, cultural, moral y espiritual del ser humano.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal