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El
Salvador en perspectiva
Anarquía e ingobernabilidad
La
pobreza es universal, y la única diferencia entre la de un
país y otro es el grado, y esto es muy relativo.
Las tomas de las calles, no por turbas políticamente motivadas,
sino por hombres y mujeres en busca del pan de cada día,
haciéndolo de la única manera que pueden: revendiendo
ropa, juguetillos, cosméticos, zapatos, cachuchas, ollas,
guacales y otros ar- tículos, sin hablar de los vendedores
de alimentos. Estos son síntomas de un mal social que se
origina en el desempleo, el trabajo mal pagado y la falta de capacitación,
y que desemboca en la pobreza que sufren, la cual, según
datos publicados por agencias locales e internacionales, es en alrededor
del 50 por ciento de los salvadoreños.
Otros datos que reciben mucha mayor atención en los medios
informativos son los cuantiosos faltantes y desfalcos, que alcanzan
sumas impresionantes de muchos millones de dólares. Estos
se informan como desaparecidos de los distintos ramos del gobierno,
las instituciones autónomas, las organizaciones no gubernamentales
y, sobre todo, de las alcaldías. A diferencia de los males
mencionados, nadie mantiene que estos últimos se originan
en los vacíos sociales ni que desembocan en la pobreza.
No obstante, las tomas de las calles y la flagrante corrupción
que mencionamos arriba son síntomas del mismo mal de la anarquía,
que fomenta el desprecio y flagrante violación de las leyes,
y la consecuente ingobernabilidad que desemboca inevitablemente
en la pobreza. La pobreza es universal, y la única diferencia
entre la de un país y otro es el grado, y esto es muy relativo.
Es imposible medir la pobreza de una manera absoluta, aunque varias
agencias de las Naciones Unidas intentan hacerlo todos los años
en sus informes sobre la Población mundial, del
Fondo de Población de las Naciones Unidas, y el informe Poverty
report (Informe sobre la pobreza), del Programa
de Desarrollo de las Naciones Unidas.
Ambos están basados en ciertos criterios que son aplicables
a las poblaciones de todo el mundo. Lo que no toman en cuenta son
las disparidades en el desarrollo de las distintas regiones. Como
es posible comparar la mortalidad infantil en Dinamarca con la de
Haití, o el consumo de energía per cápita en
Canadá con el de Nicaragua. Lo que se puede hacer es establecer
el aumento o deceleración per cápita en cualquier
de los renglones que se usan como criterio.
A continuación damos una lista de los principales elementos
que las Naciones Unidas toman en cuenta para rendir al mundo su
informe sobre la pobreza en casi todos los países del orbe:
Mortalidad infantil, esperanza de vida al nacer, mortalidad materna,
matrícula primaria, último grado alcanzado, matrícula
secundaria, analfabetismo a los 15 años, uso de anticonceptivos,
alumbramiento por mil entre los 15 y 19 años, atención
básica a la salud, población en relación a
tierras arables, tasa de aumento demográfico, tasa de fecundidad,
producto interno bruto, porcentaje de gastos gubernamentales para
la salud, porcentaje de gastos para la educación, mortalidad
de menores de cinco años, energía per cápita,
acceso de agua potable per cápita, porcentaje de pobreza
extrema, y el porcentaje de aumento del consumo per cápita.
Esta lista nos obliga a pensar en los cuantiosos faltantes y desfalcos
mencionados anteriormente. Estos nunca se relacionan con el aumento
de la pobreza en el país, pero en realidad tienen mucha responsabilidad
en ello. Obviamente, los atrasos en la ampliación de las
fuentes de agua potable y de la planta de procesamiento de desperdicios
sólidos, las huelgas y paralización de servicios médicos,
los trastornos del sistema del transporte público, la desviación
de fondos para la reconstrucción del mercado de San Salvador
y muchas otras anomalías son causa y producto de la anarquía
y la ingobernabilidad, que inciden directamente sobre la pobreza
en El Salvador.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.
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