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El Salvador en perspectiva
Anarquía e ingobernabilidad

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
e-mail: mrelsalv@navegante.com.sv

La pobreza es universal, y la única diferencia entre la de un país y otro es el grado, y esto es muy relativo.

Las tomas de las calles, no por turbas políticamente motivadas, sino por hombres y mujeres en busca del pan de cada día, haciéndolo de la única manera que pueden: revendiendo ropa, juguetillos, cosméticos, zapatos, cachuchas, ollas, guacales y otros ar- tículos, sin hablar de los vendedores de alimentos. Estos son síntomas de un mal social que se origina en el desempleo, el trabajo mal pagado y la falta de capacitación, y que desemboca en la pobreza que sufren, la cual, según datos publicados por agencias locales e internacionales, es en alrededor del 50 por ciento de los salvadoreños.

Otros datos que reciben mucha mayor atención en los medios informativos son los cuantiosos faltantes y desfalcos, que alcanzan sumas impresionantes de muchos millones de dólares. Estos se informan como desaparecidos de los distintos ramos del gobierno, las instituciones autónomas, las organizaciones no gubernamentales y, sobre todo, de las alcaldías. A diferencia de los males mencionados, nadie mantiene que estos últimos se originan en los vacíos sociales ni que desembocan en la pobreza.

No obstante, las tomas de las calles y la flagrante corrupción que mencionamos arriba son síntomas del mismo mal de la anarquía, que fomenta el desprecio y flagrante violación de las leyes, y la consecuente ingobernabilidad que desemboca inevitablemente en la pobreza. La pobreza es universal, y la única diferencia entre la de un país y otro es el grado, y esto es muy relativo. Es imposible medir la pobreza de una manera absoluta, aunque varias agencias de las Naciones Unidas intentan hacerlo todos los años en sus informes sobre la “Población mundial”, del Fondo de Población de las Naciones Unidas, y el informe “Poverty report” (“Informe sobre la pobreza”), del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas.

Ambos están basados en ciertos criterios que son aplicables a las poblaciones de todo el mundo. Lo que no toman en cuenta son las disparidades en el desarrollo de las distintas regiones. Como es posible comparar la mortalidad infantil en Dinamarca con la de Haití, o el consumo de energía per cápita en Canadá con el de Nicaragua. Lo que se puede hacer es establecer el aumento o deceleración per cápita en cualquier de los renglones que se usan como criterio.

A continuación damos una lista de los principales elementos que las Naciones Unidas toman en cuenta para rendir al mundo su informe sobre la pobreza en casi todos los países del orbe:
Mortalidad infantil, esperanza de vida al nacer, mortalidad materna, matrícula primaria, último grado alcanzado, matrícula secundaria, analfabetismo a los 15 años, uso de anticonceptivos, alumbramiento por mil entre los 15 y 19 años, atención básica a la salud, población en relación a tierras arables, tasa de aumento demográfico, tasa de fecundidad, producto interno bruto, porcentaje de gastos gubernamentales para la salud, porcentaje de gastos para la educación, mortalidad de menores de cinco años, energía per cápita, acceso de agua potable per cápita, porcentaje de pobreza extrema, y el porcentaje de aumento del consumo per cápita.

Esta lista nos obliga a pensar en los cuantiosos faltantes y desfalcos mencionados anteriormente. Estos nunca se relacionan con el aumento de la pobreza en el país, pero en realidad tienen mucha responsabilidad en ello. Obviamente, los atrasos en la ampliación de las fuentes de agua potable y de la planta de procesamiento de desperdicios sólidos, las huelgas y paralización de servicios médicos, los trastornos del sistema del transporte público, la desviación de fondos para la reconstrucción del mercado de San Salvador y muchas otras anomalías son causa y producto de la anarquía y la ingobernabilidad, que inciden directamente sobre la pobreza en El Salvador.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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