| |

Aprovechémoslo
El invierno
El
invierno es bueno, es una bendición que revive a la naturaleza
con su infinito espectro de verdes claros y oscuros, realimenta
el subsuelo de agua dulce, rellena los embalses y trae consigo vida
para todos. Aprovechémoslo.
Ya lo tenemos con nosotros y, como siempre, trae consigo muchas
cosas buenas y otras que no lo son tanto. Las buenas son las naturales
del cambio de estación. Llueve y la tierra responde de inmediato,
absorbiendo el agua y en su interior suceden una infinidad de fenómenos
naturales. Se reinician ciclos de vida de muchos pequeños
animales y microorganismos, y las raíces de las plantas absorben
el agua y a través de su metabolismo la convierten en savia
y sólo unas horas más tarde cambia el color de nuestro
entorno, de unos verdes pálidos y amarillentos a una infinidad
de verdes desde los más claros y brillantes hasta los oscuros,
que transmiten una sensación de alegría y tranquilidad
al cruzar cualquier monte o algunas de las carreteras cubiertas
por las copas de los árboles de cada lado. En invierno, todo
El Salvados se pone verde.
Los ríos en invierno tienen un poco más de agua y
lo mismo los embalses. Tanto para los regadíos como para
la generación eléctrica es muy bueno que suban los
niveles. Cada centímetro de agua en el nivel de los embalses
significa muchos kilovatios de electricidad para la comodidad de
los hogares y la rentabilidad de las industrias.
Las semillas sembradas a tiempo empiezan a germinar después
de las primeras lluvias y, además de la alimentación
vegetal, el invierno hace que haya pasto para el ganado y con ello
también nos asegura carne.
Pero también el invierno trae algunas cosas menos buenas.
Inundaciones causadas por los propios desarreglos y arrebatos de
la naturaleza, en parte como respuesta natural al mal uso que hemos
hecho y continuamos haciendo de los recursos naturales. Hemos pelado
cientos de miles de kilómetros cuadrados para construir ciudades
y carreteras. La relación de uso y reforestación en
todo el mundo, según escuché recientemente, está
por debajo del diez por ciento, es decir, que por cada diez árboles
que cortamos, sólo reforestamos uno, el diámetro del
agujero de la capa de ozono es cada año un poco más
grande, la contaminación del aire en las ciudades es creciente,
la superpoblación genera cada día más desechos
antinaturales como los plásticos y así poco a poco
la naturaleza se vuelve contra nosotros.
Además de las inundaciones de origen natural, también
vienen las que ya sabemos que son por culpa nuestra y que, siendo
evitables, todos los años se presentan y generan una inmensidad
de costos adicionales. Mencionaré algunos ejemplos:
Si usted después de una tormenta o al día siguiente
de una gran lluvia pasa frente a una construcción, no importa
si es de una carretera, una casa o un edificio particular o del
Gobierno, observará cómo las corrientes han arrastrado
muchas toneladas de arena, tierra y gravilla, que van a parar al
sistema de alcantarillado, reduciendo su capacidad de conducción
del agua o incluso taponándolo.
Y con las bolsas de basura sucede lo mismo. Para nuestra comodidad
colocamos la basura en bolsas de plástico, que por la irregularidad
de la hora en que pasa el tren de aseo, con frecuencia son arrastradas
por las corrientes a las cunetas de las calles, y en algún
lugar crean un taponamiento impresionante, que incluso inunda calles
y barriadas.
¿Y qué más trae el invierno? Pues las enfermedades
que propician la humedad y las aguas estacadas. Los zancudos se
crían en el agua estancada y ya sabemos la lista de enfermedades
que transmiten. Los resfriados después de una tormenta son
muy frecuentes, y los tragantes y los canales de los techos de las
casas también se tapan. En el invierno se descubren nuevas
goteras que no teníamos el año pasado.
Como todo en esta vida, el invierno trae consigo cosas buenas y
menos buenas, y para algunos es oportuno, y para otros, no. Bien
dice el refrán nunca llueve para todos. Al constructor
le gustaría que el invierno empiece cuando terminó
de techar su obra, pero un retraso del invierno puede resultar fatal
para el campesino, que ya sembró las semillas de su cultivo.
Otras cosas que se complican con la venida del invierno son las
carreteras, que por las malas condiciones de evacuación del
agua lluvia se convierten en pozos resbaladizos y peligrosos que
no se sabe su profundidad. Hace tres semanas, en la obra frente
al mercado nuevo de San Martín, después de una fuerte
lluvia, se formó un estanque como de 100 metros
de largo y casi medio metro de profundidad.
Las plantas crecen y tapan las señalizaciones de las carreteras
y no se sabe quién es el responsable del mantenimiento. Si
quiere siga usted con la lista de las consecuencias nocivas que
acompañan al invierno.
Pero, ¿de verdad es el invierno el que trae estas consecuencias?
No, es mentira, no es el invierno el malo.
Al saber que el invierno siempre viene y en las mismas fechas como
ciclo natural, lo que nos causa los problemas es la falta de previsión
y negligencia. Pregúntenle al constructor si es la primera
vez que el agua arrastra la arena o erosiona el suelo de su obra.
Les dirá que no.
Pregúntenle al alcalde si el año pasado se taparon
las alcantarillas de los barrios de la zona baja de su ciudad. Les
dirá que sí. Y pregúntese usted mismo si ya
sabía que los zancudos se crían en el agua estancada
o que si se moja se resfría. Se dará cuenta de que
sí, que estas cosas elementales todos las sabemos. Sin embargo,
la lluvia se lleva la tierra de las obras, las alcantarillas se
taponan y más de la mitad de la gente se enferma después
de una tormenta.
Conclusión: El invierno es bueno, es una bendición
que revive a la naturaleza con su infinito espectro de verdes claros
y oscuros, realimenta el subsuelo de agua dulce, rellena los embalses
y trae consigo vida para todos.
Aprovechémoslo y alegrémonos que otra vez estamos
en invierno.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
|
|