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El
viaje a la tierra prometida
Gracias
a la ayuda del Gobierno, 26 familias que vivían en una comunidad
de alto riesgo fueron trasladadas ayer a un lugar más seguro.
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El perro llamado El
Cutose negaba a viajar. Tuvieron que amarrarlo para
asegurar su partida. Foto EDH
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En la cama de un viejo camión hubo espacio para los pocos
bienes, para lo útil y para lo inservible. Para los recuerdos
y para la esperanza.
Aunque iban para una tierra más segura, la partida era difícil.
La nostalgia por la vida pasada en esos arrabales ofuscaba a algunos
y alegraba a otros.
La despedida fue aún más triste para aquellos que
nacieron y se criaron juntos en esa comunidad, a la que todos llaman
Cecilio del Valle, asentada en una quebrada de la colonia Escalón.
De un día para otro, de un solo tajo, Iván de Jesús
Hernández, un pequeño de 11 años, tuvo que
decir adiós a sus amigos.
Ayer, él se levantó muy temprano. No para empacar
sus cosas, sino para ayudar a su amiga, Diana Elizabeth Benavides,
quien sí partiría.
De a poco, Iván ayudó a Diana a cargar con todo lo
que pudieron, cajas con ropa, y unos floreros tan sucios y viejos,
que muchos creyeron que los iban a botar. Pero eso no ocurrió,
pues tienen un valor incalculable, tan preciados como lo es el anillo
de compromiso de una ilusionada novia.
Con mucha tristeza, aún negándose a aceptar la partida
de sus conocidos, el pequeño contó que su familia
no se iría, ya que sus padres no aplicaron al programa impulsado
por el Gobierno.
En la lejanía
Todos entre sí son viejos conocidos en la comunidad. Los
padres de estos pequeños, y los abuelos, llegaron a esa zona
hace tanto tiempo, que aún recuerdan esos terrenos como parte
de una finca que quedaba bien lejos de la ciudad capital.
En ese entonces, cuando llegó a vivir allí, María
Marta Quintanilla apenas tenía cinco años. Ahora ya
pasa los 60 años y es madre y abuela. Las penurias y los
sufrimientos en esa comunidad fueron muchos.
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Lea además
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Familias
con casas nuevas
Las veinte y seis
familias que habitaban en la comunidad Cecilio del Valle,
ubicada en la colonia Escalón, y que fueron reubicadas
ayer tendrán casas nuevas. Esto es parte del programa
Vivienda Segura que impulsa el Viceministerio
de Vivienda.
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Ahora, sus nietos podrán crecer en otro ambiente que les
ofrezca mejores oportunidad en sus vidas.
Esto es más que suficiente para tener un retiro en paz: Es
una maravilla que nos vayamos de aquí, porque ya era mucho
aquello de levantar la casa cada vez que se nos caía por
las lluvias y los terremotos.
Los arreglos
Otros vecinos comenzaron a arreglar sus pertenencias desde la noche
del jueves. Como pudieron botaron las viejas champas, construidas
hace mucho con corroídas láminas y madera carcomida.
Y justo cuando terminaron las demoliciones y se dispusieron a descansar,
comenzó a llover con tanta fuerza, que el temible ruido del
río crecido les recordó sus peores momentos: Aquellos
días cuando la tierra se desmoronaba a sus alrededores y
las débiles casas caían en las quebradas. Los recuerdos
de los lamentos y las escapadas hacia lo más alto, hacia
la calle pavimentada, para preservar sus vidas.
Era jueves y ya no importaba mojarse, ni dormir a la intemperie.
De todas maneras, muy pronto se marcharían.
Al amanecer de ayer, los camiones llegaron puntuales. Y la romería
comenzó.
Los más renuentes a viajar fueron las mascotas, los infaltables
chuchos, las gallinas con sus pollos y hasta los conejos.
Tuvieron que perseguir a los perros y amarrarlos a las barandas
del camión, para asegurar sus traslados. Así, El
Cuto, La Mini y sus cachorros, Guisqi
, Miki y Perla partieron muy temprano junto
a sus dueños.
En medio del desparpajo, Iván apenas tuvo tiempo de despedirse
de sus amigos, de Diana y del Chele, quienes a partir
de ayer tienen una mejor vida.
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