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El Salvador
Requiere continuidad

Carmen-María Gallardo Hernández*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La política exterior de Estado, de la cual nuestro país adolece, se debe incluir en las propuestas de los distintos partidos.

El proceso interno de reestructuración en los partidos constituye, en la actualidad, un fenómeno global. Lo importante es identificar a aquellos líderes capaces de contribuir a solucionar a mediano y largo plazo los acuciantes problemas sociales que agobian a la mayoría. Ello implica recurrir a mecanismos de consulta, diálogo y concertación que propicien la puesta en común de ideas, la búsqueda de soluciones consensuadas y abran a la participación de los diversos sectores.

Las decisiones gubernamentales deben propiciar el clima de confianza jurídica y la continuidad en las políticas públicas que preserven la credibilidad de nuestro país en el exterior. La reiterada desconfianza ciudadana de los procesos de negociaciones comerciales, si bien es comprensible dada la falta de información que la población posee al respecto, no debe entorpecer una apertura gradual de los mercados generadora a la larga de importantes beneficios. La consistencia en las posturas de negociación con EE.UU. y la UE, por encima de los momentos electorales, es un elemento indispensable para generar confianza frente a la inversión extranjera en nuestro país. Los planteamientos regionales constituyen una condición que nos ha sido impuesta por los futuros socios comerciales. Ello obliga a los países de Centroamérica a mantener cohesión y continuidad para seguir negociando.

El resultado de las encuestas apunta hacia la necesidad de las derechas e izquierdas y sus posibles nuevas alianzas políticas de marcar una diferencia en la forma de concebir la conducción de los asuntos nacionales. Para ello es necesario comprometerse con la formulación e implementación de políticas públicas de Estado a mediano y largo plazo. Los problemas nacionales ya no pueden resolverse con programas gubernamentales de corto plazo. En este sentido, las políticas sociales, económicas y de política exterior deben concebirse en base a prioridades nacionales acordes, además, a las tendencias globales que predominan actualmente en el mundo.
Hoy en día, lo nacional y lo internacional se interrelacionan. No podemos pretender competir como país si se descontinúan los esfuerzos de integración regional, se irrespeta la seguridad jurídica o se revierten ciertas medidas económicas basadas en interpretaciones partidistas propias de la coyuntura electoral.

De ahí la importancia de formar nuevos cuadros dentro de los partidos. Personas con capacidad para concebir audaces iniciativas nacionales y de interpretar con conocimiento y visión integral las nuevas tendencias mundiales. Los resultados electorales pasados evidencian la imperante necesidad de los dirigentes de comunicarse en forma permanente con la ciudadanía, explicándole los posibles efectos negativos que las corrientes globales tienen en la vida nacional.
Escuchar, interpretar y comunicar parece ser la exigencia que la ciudadanía impone a los políticos. La población demanda claridad en los mensajes y cohesión de propuestas en los diferentes partidos políticos. Estos son llamados -para ser votados- a pensar en función de país y no de coyunturas, y menos de interpretaciones personales.

Hay que admitir que la solución a los problemas nacionales no está siempre al alcance de los dirigentes nacionales. Es necesario que el equipo de gobierno en el poder unifique esfuerzos, a fin de mitigar las consecuencias del alza en los precios del petróleo o la globalización del terrorismo, por ejemplo.

A los partidos políticos se les pide tener en cuenta la actual tendencia global, que demanda la aplicación de normas y regulaciones entre países. Ello implica la necesidad para derechas e izquierdas de preservar un clima nacional acorde a las nuevas normas que rigen las relaciones internacionales entre países y mercados. Éstas se basan, entre otros, en la existencia de la seguridad jurídica para el inversionista, la ética en el manejo de los asuntos públicos y la adhesión a las iniciativas internacionales para combatir el terrorismo.
Por tanto, entre las propuestas políticas que las derechas y las izquierdas se preparan a presentar a la ciudadanía frente a las próximas elecciones presidenciales es necesario acordar un proyecto nacional de política exterior. Los partidos no pueden seguir defendiendo posturas coyunturales en términos internacionales.

Hemos de entender que la diplomacia moderna se maneja a través de nuevos contactos presidenciales y ministeriales. Aceptemos, para poder participar de las grandes corrientes de decisiones hemisféricas y globales, que las relaciones diplomáticas poseen gradualidad y varían según los momentos de la historia. EE.UU. es el mejor ejemplo en la medida en que, si bien ha adversado políticamente en todos los foros internacionales desde hace varios decenios al gobierno de Fidel Castro, ha considerado oportuno para sus intereses económicos establecer cierto grado de relaciones comerciales con Cuba y la República Popular de China.

La política exterior de Estado, de la cual nuestro país adolece, se debe incluir en las propuestas de los distintos partidos como parte esencial del proyecto de país. La complejidad de la agenda internacional y las prioridades nacionales obligan a los partidos a ser capaces de unificar posturas en torno a tendencias actuales en materia de política y comercio exterior. Es de interés nacional para El Salvador incorporar en los futuros programas de los partidos el tema de la continuidad en las políticas públicas.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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