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El
Salvador
Requiere continuidad
La
política exterior de Estado, de la cual nuestro país
adolece, se debe incluir en las propuestas de los distintos partidos.
El proceso interno de reestructuración en los partidos constituye,
en la actualidad, un fenómeno global. Lo importante es identificar
a aquellos líderes capaces de contribuir a solucionar a mediano
y largo plazo los acuciantes problemas sociales que agobian a la
mayoría. Ello implica recurrir a mecanismos de consulta,
diálogo y concertación que propicien la puesta en
común de ideas, la búsqueda de soluciones consensuadas
y abran a la participación de los diversos sectores.
Las decisiones gubernamentales deben propiciar el clima de confianza
jurídica y la continuidad en las políticas públicas
que preserven la credibilidad de nuestro país en el exterior.
La reiterada desconfianza ciudadana de los procesos de negociaciones
comerciales, si bien es comprensible dada la falta de información
que la población posee al respecto, no debe entorpecer una
apertura gradual de los mercados generadora a la larga de importantes
beneficios. La consistencia en las posturas de negociación
con EE.UU. y la UE, por encima de los momentos electorales, es un
elemento indispensable para generar confianza frente a la inversión
extranjera en nuestro país. Los planteamientos regionales
constituyen una condición que nos ha sido impuesta por los
futuros socios comerciales. Ello obliga a los países de Centroamérica
a mantener cohesión y continuidad para seguir negociando.
El resultado de las encuestas apunta hacia la necesidad de las derechas
e izquierdas y sus posibles nuevas alianzas políticas de
marcar una diferencia en la forma de concebir la conducción
de los asuntos nacionales. Para ello es necesario comprometerse
con la formulación e implementación de políticas
públicas de Estado a mediano y largo plazo. Los problemas
nacionales ya no pueden resolverse con programas gubernamentales
de corto plazo. En este sentido, las políticas sociales,
económicas y de política exterior deben concebirse
en base a prioridades nacionales acordes, además, a las tendencias
globales que predominan actualmente en el mundo.
Hoy en día, lo nacional y lo internacional se interrelacionan.
No podemos pretender competir como país si se descontinúan
los esfuerzos de integración regional, se irrespeta la seguridad
jurídica o se revierten ciertas medidas económicas
basadas en interpretaciones partidistas propias de la coyuntura
electoral.
De ahí la importancia de formar nuevos cuadros dentro de
los partidos. Personas con capacidad para concebir audaces iniciativas
nacionales y de interpretar con conocimiento y visión integral
las nuevas tendencias mundiales. Los resultados electorales pasados
evidencian la imperante necesidad de los dirigentes de comunicarse
en forma permanente con la ciudadanía, explicándole
los posibles efectos negativos que las corrientes globales tienen
en la vida nacional.
Escuchar, interpretar y comunicar parece ser la exigencia que la
ciudadanía impone a los políticos. La población
demanda claridad en los mensajes y cohesión de propuestas
en los diferentes partidos políticos. Estos son llamados
-para ser votados- a pensar en función de país y no
de coyunturas, y menos de interpretaciones personales.
Hay que admitir que la solución a los problemas nacionales
no está siempre al alcance de los dirigentes nacionales.
Es necesario que el equipo de gobierno en el poder unifique esfuerzos,
a fin de mitigar las consecuencias del alza en los precios del petróleo
o la globalización del terrorismo, por ejemplo.
A los partidos políticos se les pide tener en cuenta la actual
tendencia global, que demanda la aplicación de normas y regulaciones
entre países. Ello implica la necesidad para derechas e izquierdas
de preservar un clima nacional acorde a las nuevas normas que rigen
las relaciones internacionales entre países y mercados. Éstas
se basan, entre otros, en la existencia de la seguridad jurídica
para el inversionista, la ética en el manejo de los asuntos
públicos y la adhesión a las iniciativas internacionales
para combatir el terrorismo.
Por tanto, entre las propuestas políticas que las derechas
y las izquierdas se preparan a presentar a la ciudadanía
frente a las próximas elecciones presidenciales es necesario
acordar un proyecto nacional de política exterior. Los partidos
no pueden seguir defendiendo posturas coyunturales en términos
internacionales.
Hemos de entender que la diplomacia moderna se maneja a través
de nuevos contactos presidenciales y ministeriales. Aceptemos, para
poder participar de las grandes corrientes de decisiones hemisféricas
y globales, que las relaciones diplomáticas poseen gradualidad
y varían según los momentos de la historia. EE.UU.
es el mejor ejemplo en la medida en que, si bien ha adversado políticamente
en todos los foros internacionales desde hace varios decenios al
gobierno de Fidel Castro, ha considerado oportuno para sus intereses
económicos establecer cierto grado de relaciones comerciales
con Cuba y la República Popular de China.
La política exterior de Estado, de la cual nuestro país
adolece, se debe incluir en las propuestas de los distintos partidos
como parte esencial del proyecto de país. La complejidad
de la agenda internacional y las prioridades nacionales obligan
a los partidos a ser capaces de unificar posturas en torno a tendencias
actuales en materia de política y comercio exterior. Es de
interés nacional para El Salvador incorporar en los futuros
programas de los partidos el tema de la continuidad en las políticas
públicas.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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