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Desde Washington
Chávez acepta referendo para poner fin a crisis

Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Ante la inminencia de las elecciones, ahora es el momento para que la oposición demuestre que está a favor y no simplemente en contra de Chávez.

WASHINGTON.- El tan buscado comienzo del fin de la “Revolución Bolivariana” del presidente Hugo Chávez en Venezuela ha llegado. Este jueves, el gobierno de Chávez firmó un plan negociado por la Organización de Estados Americanos, que podría poner fin hacia diciembre a su conflictivo régimen.

El acuerdo, que algunos comparan con un virtual pacto suicida para el Presidente venezolano, requiere de que Chávez se someta a un referendo revocatorio sobre su mandato.

Si lo pierde y no se le permite presentarse de nuevo como candidato en las elecciones presidenciales subsiguientes, Chávez deberá abandonar el cargo a mitad de camino.

Eso, desde luego, si Chávez pretende cumplir y no simplemente usar el acuerdo para lograr que la comunidad internacional se retire y debilitar más a sus ya vapuleados opositores.

Funcionarios estadounidenses y otros de la comunidad internacional —lo mismo que la oposición venezolana— dicen que seguirán ejerciendo una implacable presión para que Chávez respete los resultados acordados en esta “salida electoral”. Y eso es lo que deben hacer. Pero esta vez deberán reconocer realmente el peligro de sobrepasarse.

Con el final político de Chávez a la vista, la tentación para la oposición será denigrar de todo cuanto Chávez representa. Pero dicha acción podría enajenar a los partidarios de Chávez e ignorar el propio compromiso de la oposición con el acuerdo, lo que en ambos casos ayudaría a Chávez a sobrevivir o le daría una excusa para desconocerlo.

Desilusionados de los políticos que han ignorado por años su grave situación, millones de venezolanos optaron por Chávez y sus promesas de acabar con la cruel ironía de una vida paupérrima en una tierra rica en petróleo.

En base a ese único sentimiento, Chávez continúa siendo popular entre los más pobres. Personalizar la oposición contra Chávez u ofrecerle poco directamente a los pobres, cimentará el compromiso de estos con el actual mandatario.

Según el acuerdo, la oposición debe abstenerse de actos que puedan incitar a más violencia y también concentrar esfuerzos en asegurar que los medios de información jueguen un papel más imparcial en los eventos por venir. Cualquier paso atrás por parte de la oposición o de Chávez sólo empeorará la situación para el país.

La política de la administración Bush hacia Venezuela ha estado prácticamente oscilando entre dos lamentables extremos: negligencia benévola y torpezas diplomáticas. Más recientemente parece estar haciendo eco a las dudas de la oposición sobre si Chávez seguirá con el plan en caso de creerse derrotado.

Con eso en mente, algunos observadores fuera de la administración han empezado a sugerir la posibilidad de un boicot al petróleo para evitar que Chávez se resista. Después de todo,
argumentan, Estados Unidos es el principal cliente de Venezuela y como tal puede blandir un “gran garrote” para obligarlo a cumplir.

Pero hasta ahora no hay indicios de que la administración Bush esté considerando esta desacertada táctica que afectaría, sobre todo, a los venezolanos más necesitados, quienes ya sospechan de que Washington nunca estuvo plenamente de acuerdo con su decisión democrática de elegir a Chávez.

Vista desde aquí, la situación de los más necesitados escasamente ha mejorada bajo Chávez. Su visión social tenía méritos, pero después de más de cuatro años en el poder, a menudo aparentemente más interesado en contrariar a sus enemigos que en gobernar, se ha quedado corto en responder al descontento y a las necesidades populares.

Chávez ha sido el gobernante durante la peor contracción económica en la historia de Venezuela. El viernes pasado, el Banco Central del país anunció una caída del 29 por ciento en el Producto Interno Bruto durante el primer trimestre del año. En su peor momento, el PIB de Argentina cayó un 20 por ciento en cuatro años.

Una gran parte de la culpa recae sobre los hombros de la oposición, que organizó un destructivo paro al final del año destinado a forzar la salida de Chávez, sin importar el costo económico para el país. Ante la inminencia de las elecciones, ahora es el momento para que la oposición demuestre que está a favor de algo y no simplemente en contra de Chávez.

Fuerzas de la oposición realizan ya notorios esfuerzos para ganar terreno entre los partidarios de Chávez y mostrar su compromiso con una agenda social. Pero los resultados iniciales y trágicos sólo han revelado la enorme dificultad de esa tarea. Una persona murió y varias resultaron heridas durante una concentración organizada por uno de los partidos de oposición el pasado fin de semana en un barrio paupérrimo de Caracas.

Irónicamente, la primera fase de la “salida electoral” de Chávez puede ser la más fácil para la oposición: ganar el referendo. Las fuerzas de la oposición tendrán entonces escasos 30 días para unirse alrededor de un candidato.

Si fracasan, y Chávez puede presentarse de candidato por decisión del Tribunal Supremo, las acciones de aquellos en la oposición podrían llevarlos a su propia ruina. El acuerdo de esta semana sería entonces meramente un comienzo sin fin a la vista.

*Columnista del Washington Post.

 

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