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Desde
Washington
Chávez acepta referendo para poner fin a crisis
Ante
la inminencia de las elecciones, ahora es el momento para que la oposición
demuestre que está a favor y no simplemente en contra de Chávez.
WASHINGTON.- El tan buscado comienzo del fin de la Revolución
Bolivariana del presidente Hugo Chávez en Venezuela
ha llegado. Este jueves, el gobierno de Chávez firmó
un plan negociado por la Organización de Estados Americanos,
que podría poner fin hacia diciembre a su conflictivo régimen.
El acuerdo, que algunos comparan con un virtual pacto suicida para
el Presidente venezolano, requiere de que Chávez se someta
a un referendo revocatorio sobre su mandato.
Si lo pierde y no se le permite presentarse de nuevo como candidato
en las elecciones presidenciales subsiguientes, Chávez deberá
abandonar el cargo a mitad de camino.
Eso, desde luego, si Chávez pretende cumplir y no simplemente
usar el acuerdo para lograr que la comunidad internacional se retire
y debilitar más a sus ya vapuleados opositores.
Funcionarios estadounidenses y otros de la comunidad internacional
lo mismo que la oposición venezolana dicen que
seguirán ejerciendo una implacable presión para que
Chávez respete los resultados acordados en esta salida
electoral. Y eso es lo que deben hacer. Pero esta vez deberán
reconocer realmente el peligro de sobrepasarse.
Con el final político de Chávez a la vista, la tentación
para la oposición será denigrar de todo cuanto Chávez
representa. Pero dicha acción podría enajenar a los
partidarios de Chávez e ignorar el propio compromiso de la
oposición con el acuerdo, lo que en ambos casos ayudaría
a Chávez a sobrevivir o le daría una excusa para desconocerlo.
Desilusionados de los políticos que han ignorado por años
su grave situación, millones de venezolanos optaron por Chávez
y sus promesas de acabar con la cruel ironía de una vida
paupérrima en una tierra rica en petróleo.
En base a ese único sentimiento, Chávez continúa
siendo popular entre los más pobres. Personalizar la oposición
contra Chávez u ofrecerle poco directamente a los pobres,
cimentará el compromiso de estos con el actual mandatario.
Según el acuerdo, la oposición debe abstenerse de
actos que puedan incitar a más violencia y también
concentrar esfuerzos en asegurar que los medios de información
jueguen un papel más imparcial en los eventos por venir.
Cualquier paso atrás por parte de la oposición o de
Chávez sólo empeorará la situación para
el país.
La política de la administración Bush hacia Venezuela
ha estado prácticamente oscilando entre dos lamentables extremos:
negligencia benévola y torpezas diplomáticas. Más
recientemente parece estar haciendo eco a las dudas de la oposición
sobre si Chávez seguirá con el plan en caso de creerse
derrotado.
Con eso en mente, algunos observadores fuera de la administración
han empezado a sugerir la posibilidad de un boicot al petróleo
para evitar que Chávez se resista. Después de todo,
argumentan, Estados Unidos es el principal cliente de Venezuela
y como tal puede blandir un gran garrote para obligarlo
a cumplir.
Pero hasta ahora no hay indicios de que la administración
Bush esté considerando esta desacertada táctica que
afectaría, sobre todo, a los venezolanos más necesitados,
quienes ya sospechan de que Washington nunca estuvo plenamente de
acuerdo con su decisión democrática de elegir a Chávez.
Vista desde aquí, la situación de los más necesitados
escasamente ha mejorada bajo Chávez. Su visión social
tenía méritos, pero después de más de
cuatro años en el poder, a menudo aparentemente más
interesado en contrariar a sus enemigos que en gobernar, se ha quedado
corto en responder al descontento y a las necesidades populares.
Chávez ha sido el gobernante durante la peor contracción
económica en la historia de Venezuela. El viernes pasado,
el Banco Central del país anunció una caída
del 29 por ciento en el Producto Interno Bruto durante el primer
trimestre del año. En su peor momento, el PIB de Argentina
cayó un 20 por ciento en cuatro años.
Una gran parte de la culpa recae sobre los hombros de la oposición,
que organizó un destructivo paro al final del año
destinado a forzar la salida de Chávez, sin importar el costo
económico para el país. Ante la inminencia de las
elecciones, ahora es el momento para que la oposición demuestre
que está a favor de algo y no simplemente en contra de Chávez.
Fuerzas de la oposición realizan ya notorios esfuerzos para
ganar terreno entre los partidarios de Chávez y mostrar su
compromiso con una agenda social. Pero los resultados iniciales
y trágicos sólo han revelado la enorme dificultad
de esa tarea. Una persona murió y varias resultaron heridas
durante una concentración organizada por uno de los partidos
de oposición el pasado fin de semana en un barrio paupérrimo
de Caracas.
Irónicamente, la primera fase de la salida electoral
de Chávez puede ser la más fácil para la oposición:
ganar el referendo. Las fuerzas de la oposición tendrán
entonces escasos 30 días para unirse alrededor de un candidato.
Si fracasan, y Chávez puede presentarse de candidato por
decisión del Tribunal Supremo, las acciones de aquellos en
la oposición podrían llevarlos a su propia ruina.
El acuerdo de esta semana sería entonces meramente un comienzo
sin fin a la vista.
*Columnista del Washington Post.
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