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Mano dura contra huelguistas en Perú

Declaran el estado de emergencia por 30 días, con lo que se suspenden las garantías individuales, como los derechos a reunión y manifestación, y se permiten detenciones y allanamientos sin orden judicial.

LIMA, PERU
REUTERS.--
El Diario de Hoy
internacional@elsalvador.com
Los militares salieron ayer a las calles de las principales ciudades del Perú para garantizar el control interno ante la ola de huelgas y manifestaciones en demanda de mejoras económicas y sociales. Foto: AP

Los militares salieron ayer a las calles de las principales ciudades del Perú para garantizar el control interno ante la ola de huelgas y manifestaciones en demanda de mejoras económicas y sociales.

Las fuerzas armadas de Perú, actuando bajo órdenes presidenciales, desalojaron a manifestantes que habían bloqueado algunas calles y carreteras, disolvieron una guardia que maestros huelguistas mantenían frente al congreso y se apostaron en lugares estratégicos con vehículos blindados y tanquetas.

El presidente, Alejandro Toledo, declaró en la noche del martes el estado de emergencia por 30 días en todo el país, con lo que se suspenden las garantías individuales, como los derechos a reunión y manifestación, y se permiten detenciones y allanamientos sin orden judicial.

En la capital del país, Lima, un contingente militar desalojó sin violencia en la madrugada a cientos de maestros públicos que se habían apostado frente al Congreso en demanda de aumentos de sueldos.

En el interior, las fuerzas de seguridad limpiaron las carreteras de piedras y neumáticos quemados por agrícultores que reclaman una reducción de los impuestos y mejores condiciones sociales, según reportes radiales.

Huelga ilegal

Entre tanto, el gobierno declaró ilegal -según un decreto publicado en el diario oficial El Peruano- la huelga de los maestros públicos, lanzada hace más de dos semanas por aumentos salariales, y anunció sanciones para los profesores que no acudan su centro de labores.

Las manifestaciones y las protestas violentas, así como la ola de huelgas que han afectado los servicios de educación, salud y el sector agrícola, se han convertido en un dolor de cabeza para Toledo.

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No le perdonan el doble discurso
Es impredecible si el estado de emergencia servirá a Toledo para recuperar la tranquilidad del país y para que prosigan las negociaciones entre el gobierno y los sindicatos, o incentivará más aún el resentimiento de los trabajadores peruanos que se sienten engañados por falsas promesas.

Pero los peruanos están decepcionados con Toledo, pues sienten que no ha cumplido con su promesa de reducir la pobreza, que alcanza a poco más de la mitad de los 27 millones de habitantes, y el desempleo, que bordea el 10 por ciento de su población laboral.

La decisión de declarar el estado de emergencia fue aplaudida por los empresarios que se vieron perjudicados con el bloqueo de carreteras y la consecuente repercusiones en el comercio, pero fue criticada por la central sindical mayoritaria del país, que amenazó con continuar con las manifestaciones de protesta.

“Es una gran medida para controlar definitivamente el país. Esperamos que en estos 30 días el Perú pueda volver a su situación normal”, dijo el presidente de la Confederación Nacional de Empresas e Instituciones Privadas (CONFIEP), Leopoldo Scheelje, a una radioemisora local.

“El hecho de declarar el estado de emergencia demuestra una vez más la torpeza del gobierno en su capacidad para encarar los problemas del pais”, dijo el presidente de la Conferación General de Trabajadores de Perú (CGTP), que reune a la mayoría de sindicatos del país, Mario Huamán, a una radio local.

“Las marchas no van a cesar mientras persistan los problemas que originan las marchas”, agregó el dirigente.
La última vez que Toledo declaró el estado de emergencia fue en junio del 2002, pero la medida se limitó a las ciudad sureña de Arequipa, en medio de protestas contra la privatización de dos empresas eléctricas.

Se desatan disturbios

Varias personas resultaron heridas el miércoles, algunas de bala, cuando las fuerzas de seguridad peruanas dispersaron a manifestantes que desafiaron un estado de emergencia.

El enfrentamiento de militares que efectuaron disparos al aire con cientos de agricultores que bloqueaban una importante carretera se desató en la localidad de Barranca, al norte de Lima, y duró más de una hora.
Se registraron siete heridos, algunos de bala, dijo a Reuters un policía de la zona, aunque no precisó si eran producto del enfrentamiento con los militares. En el hospital de Barranca dijeron que los heridos sumaban 15.
En Lima, decenas de militares con chalecos antibalas y armas automáticas custodiaban el Congreso, tras desalojar a cientos de maestros públicos en huelga, mientras la policía dispersó con bastones y chorros de agua a manifestantes del sector judicial frente al Palacio de Justicia.

En la localidad norteña de Chiclayo, militares y policías arrojaron bombas lacrimógenas para dispersar manifestantes y hubo reportes de algunos heridos y huelguistas detenidos.

En Pativilca, al norte de Lima, varias personas saquearon algunos vehículos varados por los bloqueos de caminos, y en Huánuco, en el centro del país, los manifestantes quemaron neumáticos y los mercados de esa ciudad cerraron sus puertas.

Dirigentes de los agricultores y del sector salud ordenaron el tarde del miércoles la suspensión de sus protestas, pero los maestros de escuelas públicas primaria y media anunciaron que continuarán con su huelga de más de dos semanas.

Toledo: “El país no puede detenerse”

“Hemos decidido declarar el estado emergencia a nivel nacional por 30 días para que se ejerciten plenamente las libertades personales y el derecho al libre tránsito”, dijo Toledo en un mensaje transmitido por radio y televisión.

“El país no puede detenerse (...) la democracia sin orden y sin autoridad no es democracia”, afirmó el mandatario.

“Como presidente constitucional y jefe supremo he decidido encargar a las fuerzas armadas el control interno”, anunció el presidente Toledo, economista y ex asesor del Banco Mundial.
Esta es la segunda vez que Toledo ha declarado el estado de emergencia. En junio del 2002 hizo lo mismo, pero la medida se limitó a las ciudad sureña de Arequipa, en medio de protestas contra contra la privatización de dos empresas eléctricas.

 

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