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Oteando el horizonte
Con el alma en un hilo

Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
Marvinn@integra.com

Lo triste es que las fuerzas democráticas están desconcertadas, pesimistas y hasta divididas.

En los últimos meses, la gente sensata del país anda tragando grueso y con el alma en un hilo. Y no es para menos. Los últimos acontecimientos políticos y las encuestas señalan que es muy probable que la izquierda marxista gane las próximas elecciones presidenciales.

El líder histórico de los comunistas salvadoreños, Schafik Handal, se perfila como el candidato. Ante tal posibilidad, un alarmado grupo de izquierdistas, encabezado por el alcalde de Santa Tecla, Oscar Ortiz, baraja otras opciones. Reclaman un cambio generacional y un poco más de moderación en el programa de gobierno.

Sin embargo, la llave que conforman Sánchez Cerén y Handal controla todas las estructuras del partido que tienen que ver con la designación del candidato. Ortiz y otros se la están jugando. Pero me temo que si alborotan demasiado el panal, corran la misma suerte de otros que intentaron derribar el muro: terminar expulsados.

Schafik Handal se ha pasado más de medio siglo conspirando, armando sindicatos, infiltrando partidos, dirigiendo guerrillas, socavando instituciones..., toda una vida luchando por instaurar el socialismo marxista en el país. A sus 75 años, no va a renunciar ahora a esa posibilidad tan concreta de “tomar”, por fin, el poder político para impulsar su proyecto. Ni va a ser un grupo de mocosos que juegan a la renovación quienes se lo van a impedir.

¿Y qué tal si el señor Handal gana las elecciones? Después de los resultados de las elecciones en San Salvador, estoy convencido de que todo puede ocurrir. ¿Qué tal si el uno de junio de 2004 le toca al actual Presidente colocarle la banda presidencial a uno de los más representativos dirigentes comunistas de América Latina?

Cerremos los ojos e imaginemos, con la frente perlada en sudor, lo que será su discurso de toma de posesión. Ya escuchamos el de la inauguración de la actual legislatura. De modo que no es difícil el ejercicio. Anunciará el fin de la pesadilla neoliberal, el principio de una nueva era de justicia social, solidaridad y felicidad. Millares de salvadoreños, con el boleto de la ilusión en la mano, repetirán que el pueblo unido jamás será vencido.

Anunciará el regreso del colón y la devolución al Banco Central de la potestad para emitir billetes (que como veremos más adelante, necesitará su gobierno). La suspensión del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. El aumento del salario mínimo de manera generosa, la disminución del IVA, la creación, para algarabía de las radicales del género, del Ministerio de la Mujer.

Anunciará la creación de los ministerios de Cultura e Información y de Cooperación Externa. La apertura de relaciones diplomáticas con Cuba, Vietnam y China continental y la ruptura con Taiwán. El fortalecimiento de la amistad entre El Salvador y la República Bolivariana de Venezuela.

Fidel Castro y Hugo Chávez, que estarán en la toma de posesión, sonreirán satisfechos. La multitud gritará consignas. Ríos de leche y miel correrán por el país y nacerá el hombre nuevo.

Sigamos imaginando. Pocos meses después, el aumento del salario mínimo de manera generosa y la reducción del IVA provocarán un incremento del déficit fiscal. Para resarcirlo se decretarán altos impuestos a las empresas, “quien gana más que pague más”. Muchas empresas agobiadas por el incremento del salario mínimo y los nuevos impuestos cerrarán. Ante el hostigamiento, las maquilas alzarán vuelo, y el desempleo aumentará.
Para remediar la situación, el gobierno creará nuevas plazas. Lo cual vuelve a incrementar el déficit fiscal. Ante el cierre de empresas, la fuga de capitales y la falta de confianza en la inversión, el renovado colón perderá su valor adquisitivo, los precios se dispararán, millares querrán retirar sus ahorrito en dólares, pero ya no podrán. El dólar será reserva estratégica. Así que recibirán, si acaso, devaluados colones. Para compensar, el banco emitirá más billetes.

La ruptura con Taiwán, la apertura con Cuba y China y el lenguaje hostil del canciller salvadoreño (gobierno imperialista), tensionarán las relaciones entre Estados Unidos y El Salvador. El TPS no será prorrogado. La administración norteamericana, amenazará con devolver a su país a millares de salvadoreños ilegales.
Las críticas de los grandes medios de comunicación, que tanto molestan al nuevo gobierno, serán controladas desde el Ministerio de Cultura e Información. Los diarios reducirán su volumen de páginas y su tiraje ante la falta de anunciantes y los altos costos de producción. Decenas de periodistas quedarán cesantes.

El gobierno revisará nuevas condiciones para las concesiones de las frecuencias de televisión, a la vez que anunciará un mejor control de la programación para cuidar la salud mental de la población y para velar por la “información veraz”. La inflación, el desempleo, la escasez de productos, la ansiedad en los cuarteles y las protestas callejeras de mujeres armadas de cacerolas serán noticias de primera plana en CNN y Telemundo.
¿Es lo anterior una exageración? ¿Parte de la campaña del miedo? No. Las medidas son las que han anunciado los dirigentes del FMLN, las consecuencias de estas medidas ya se han visto en el Perú de Alan García, el Chile de Allende, la Nicaragua sandinista, la Venezuela de Chávez.

Lo triste es que las fuerzas democráticas están desconcertadas, pesimistas y hasta divididas. No es momento para eso. Mientras en el país la fuerza opositora más grande sea la izquierda marxista, la alternabilidad no fortalece la democracia. Por el contrario, la pone en riesgo. Las fuerzas democráticas deben unirse, reflexionar, hacer propuestas, actuar. No es el destino de un partido político lo que está en juego, sino el destino de un país.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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