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La
nota del día
Los
inventos de un reportero
En
los periódicos, como en toda actividad, hay que revisar,
corregir y adecuar lo que escriben los reporteros y hacen los editores.
El New York Times reveló que uno de sus reporteros, un sujeto
llamado Jayson Blair, falsificó, tergiversó o inventó
más de seiscientos reportajes que el periódico publicó
como la pura verdad y que hasta hoy se descubre que
se trata de pura ficción. Blair simuló entrevistas,
puso en boca de personajes conocidos cosas que no habían
dicho, armó dramas donde poco sucedía y, en general,
violó principios profesionales básicos. Lo esencial
del periodismo, narrar las cosas como en verdad son, no lo cumplió
Blair, que renunció a su puesto hace pocos días.
La dirección del Times ha comisionado a un grupo de periodistas
investigar cada uno de los reportajes y crónicas de Blair,
para rectificar una a una las inexactitudes o falsedades que se
encuentren. Y lo que no tiene precedentes, pide a sus lectores informar
las falsificaciones que conozcan.
Hace unos años sucedió algo similar con una reportera
del Washington Post: ella escribió una serie de reportajes
sobre jóvenes drogadictos del área y se ganó
un Premio Pulitzer, para luego saberse que todo era invención.
Como aquí en El Salvador, donde un periodista independiente
del Canal 12 denunció estridentemente malos manejos de la
ayuda extranjera en ocasión del terremoto, pero nunca aportó
la más mínima prueba en apoyo de sus acusaciones.
En los periódicos, como en toda actividad, hay que revisar,
corregir y adecuar lo que escriben los reporteros y hacen los editores,
no tanto por mala intención, sino porque errores se cometen
y, además, no siempre son ellos muy acuciosos en sus averiguaciones.
En especial con los periodistas jóvenes, o inexpertos, hay
que ser cuidadoso e inculcarles todo el tiempo las normas éticas
de la propia publicación y del periodismo en general, más
considerando que en un número de universidades salvadoreñas
poco se enseña de eso.
En los diarios y medios responsables se cuida mucho la exactitud
de la información publicada, que no se insulte o denigre
a otros, que no se convierta el medio en caja de resonancia de propaganda
diversa y que crónicas y reportajes estén bien y agradablemente
escritos. En adición a lo anterior, lo que es una faceta
muy importante del periodismo, se deben respetar y defender principios
morales, cívicos y democráticos. Esto último
es lo que da consistencia y unidad en el tiempo a la labor y trayectoria
de un gran diario.
Nunca hay que bajar la guardia
Por lo mismo, los diarios no pueden ser un vertedero donde van a
parar todas las aguas, incluyendo las sucias, de una sociedad. Hay
siempre una labor de escogencia, de jerarquización, de dar
espacio o reducir, de categorizar. Los diarios se esfuerzan por
recoger múltiples y diversas noticias y opiniones, pero tienen
que señalar lo que es pernicioso, como dejar fuera escritos
que tienen un claro propósito de difamar o injuriar personas,
sectores o violar derechos. En esto los diarios tenemos ventaja
sobre los medios electrónicos con micrófono
abierto, que no pueden evitar en ocasiones que ultrajen o
calumnien los que abusan de un derecho muy noble, cual es el de
opinar frente a una sociedad.
Lo del New York Times demuestra que no hay medio, por más
poderoso y profesional que sea, que no esté sujeto a los
engaños y estafas de sus propios redactores. Nunca hay que
bajar la guardia.
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