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Tema del momento
¿Emboscadas y brujerías?

Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
rsiman@elsalvador.com

Motivemos a los jóvenes a ser rebeldes para no dejarse llevar por esta corriente del mal llamado modernismo o progresismo.

Debido al reportaje sobre el aborto que se publicó la semana pasada en El Diario de Hoy, hace unos días me invitaron a un debate sobre ese tema con una abogada de CEMUJER, que defiende la legalización del aborto.

Al llegar me di cuenta de que el salón donde se iba a llevar a cabo la grabación del programa estaba lleno de feministas radicales de género, tomando cerveza o tragos, revisando documentos y platicando.

Cuando iba a comenzar el debate, observé que alrededor de la mesa donde estábamos sentados el presentador, la abogada y yo habían regado pétalos de rosas en el piso. Esto me llamó la atención, puesto que hace poco recibí un vídeo de un congreso internacional de feministas radicales de género en Nicaragua, en el que salen algunas de ellas haciendo un tipo de rituales extraños con imágenes, talismanes y algunas bailando disfrazadas de brujas —como las de halloween—.

Me levanté para poder ver bien desde el frente de la mesa. En medio de los pétalos, inclinado contra la mesa, había un guacal de metal con un poco de agua. Arriba, saliendo de la mesa, cubierta con un pedazo de tela cuadrado, estaba colocada una lámpara que alumbraba el agua que estaba en el guacal. ¿Qué sería aquello? No lo sé pero definitivamente no era una decoración común.

Después del primer bloque del programa pasaron una encuesta que habían hecho los productores del programa, escogiendo a gente en la calle al azar. De once personas que entrevistaron, todas se manifestaron en contra del aborto por ser un asesinato, un acto inmoral, etc., incluyendo cuando les preguntaban si aun en el caso de una violación. Sólo una persona dijo que en ese caso creía que quizá se podía hacer una excepción, pero aun ésta expresó que si ella fuera la victima, daría a luz a su bebé y después lo entregaría para adopción.

Esto comprueba una vez más que la mayoría de los salvadoreños estamos de acuerdo en la protección y defensa de la vida de todas las personas, incluyendo esos bebés inocentes e indefensos que se desarrollan en el vientre de sus mamás y que están en peligro de morir en la peor, la más injusta de las muertes, torturados y descuartizados.

Mientras se desarrollaba el debate, el moderador dejó ver que estaba a favor de la despenalización del aborto en ciertos casos. No supo ser justo en el tiempo que nos daba a las invitadas, pues permitió que todo el público participara y, puesto que había decenas de feministas a favor del aborto, el tiempo que yo tenía para contestarles se fue acortando, dejándome en una situación de desventaja.

Ellas insisten en que representan a las mujeres pero en realidad, tristemente, tienen una visión empobrecida y chata de lo que es la dignidad de la mujer. Alegan defender unos derechos inventados que llaman “derechos sexuales y reproductivos”. Estos incluyen la liberación sexual de las mujeres para poder tener relaciones sexuales “responsables” donde, cuando, como y con quienes quieran. Esto incluye entre personas del mismo sexo, adultos con niños y cualquier aberración a las que ellas llaman “orientación o preferencia sexual”.

Utilizando eufemismos pretenden hacer que comportamientos dañinos no suenen tan mal y se conviertan en aceptables para la sociedad. Entre estos están: La “interrupción del embarazo”, que más bien es realmente un asesinato; las relaciones sexuales “responsables” para que niñas desde 10 años —llamadas adolescentes por la Organización Mundial de la Salud— reciban servicios “integrales” de “salud sexual y reproductiva”, que incluyen todo tipo de anticonceptivos, y se provoquen un aborto sin el consentimiento de los padres.

Ver a estas mujeres maduras comportándose como niñas rebeldes y tan poco femeninas, empinándose la botella y hablando incoherencias, me dio pesar. ¡Si supieran cuánto valen! Esto me mueve a trabajar más para que más jovencitas descubran la vocación profunda de su vida. Que comprendan que la felicidad verdadera duradera está en la capacidad que tenemos las mujeres de darnos a los demás por amor y no hacer caso a los disparates que dicen estos grupos, como que el matrimonio es una forma de esclavitud para la mujer.

Los temas del sexo, homosexualidad y aborto, entre otros, que ellas llaman tabú, dejaron de serlo hace mucho tiempo. Lo nuevos tabúes son las virtudes como la pureza, el pudor y la castidad. Muchos ni siquiera conocen el significado de la última: abstinencia hasta el matrimonio y fidelidad dentro del matrimonio. Es deber de los adultos con sentido común enseñar a las nuevas generaciones a vivir estas virtudes. La castidad no es una serie de negaciones, sino una afirmación gozosa: Sí al amor. Esto los llevará a encontrar la libertad y surgirá, como consecuencia, un no a ser esclavo del egoísmo, de las pasiones desordenadas, de los instintos, del placer, del capricho, etc. La castidad protege el valor de la persona impidiendo que se instrumentalice el cuerpo para poder amar con plenitud.

Motivemos a los jóvenes a ser rebeldes para no dejarse llevar por esta corriente del mal llamado modernismo o progresismo, que reduce al ser humano y su sexualidad a un mero disfrute físico, olvidándose de que el amor se proyecta en todo el ser, cuerpo y alma. La tarea capital de los padres es devolver esa claridad que se ha perdido, enalteciendo la femineidad y promoviendo una nueva moda coherente con la dignidad humana. Eduquemos en la libertad verdadera para que los hijos sepan escoger siempre el bien.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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