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Opinando
No bastan las vacunas antirrábicas
La
norma debe advertir que ningún propietario de una mascota
permita que ésta salga a la calle sin bozal y otros aditamentos.
Una vez más hemos asistido a la cruel agonía de una
pequeña víctima de la rabia, una enfermedad que siendo
previsible y hasta curable, ya desencadenada en el organismo no
sólo es incurable, sino que somete a la persona infectada
a un calvario inenarrable de sufrimiento, descrita desde los lejanos
tiempos del médico griego Hipócrates: estertores físicos,
miedo al agua (hidrofobia), estado alucinatorio, etc.
Estamos conscientes de que año con año las autoridades
de Salud realizan campañas de vacunación antirrábica
de animales domésticos susceptibles del contagio como los
perros y gatos y que los dispensarios de las unidades hospitalarias
cuentan, por lo general, con suficiente reserva de vacunas para
prevenir el desarrollo de la enfermedad en personas mordidas por
estos animales, casi infaltables en los hogares salvadoreños
por diversas razones: seguridad personal, amor a los animales, romper
la soledad, etc.
Pero a mi juicio no bastan esas campañas de vacunación,
a las que asisten muy pocas personas dueñas de perros y gatos.
Urgente que se norme la posesión de esos animales en los
hogares salvadoreños y que sean tanto las autoridades de
Salud como municipales las que se encarguen de que dichas normativas
se cumplan al pie de la letra, hasta el punto de ser obedecidas
por la fuerza estatal y pago de multas. La vida de los niños,
y de las demás personas, así lo exige e impone. Para
el caso, que toda persona que adquiera un perro o un gato, sin importar
tamaño, raza o color, esté obligada a vacunarlo de
inmediato o cuando el veterinario lo indique. Esta regla es básica
y necesaria.
Asimismo, no cabe duda de que el número de personas mordidas
aumenta cuando los animales, especialmente perros, entran en celo.
Por lo mismo, la norma debe prohibir la posesión de animales
sin castrar, quedando la reproducción de perros y gatos,
o cualquier otro animal de sangre caliente, sólo en casas
especializadas o supervisadas por profesionales en medicina veterinaria
y zootecnia. La norma debe advertir que ningún propietario
de una mascota permita que ésta salga a la calle sin bozal
y otros aditamentos que protejan la integridad humana en caso de
un ataque del animal.
Debe regularse la tenencia en casa de ciertas clases de perros,
consideradas como muy peligrosas por la inestabilidad de los animales
ante la presencia de gente extraña, incluso de los mismos
amos. Estamos a favor de que ciertas razas de perros no deben venderse
en el país, salvo muy raras excepciones justificables.
De igual manera, debe normarse la creación de perreras
municipales o privadas para apresar y cuidar de
los cientos de perros que deambulan por las calles citadinas. Estos,
después de un tiempo prudencial, sin que se presenten sus
dueños a reclamarlos, deben ser sacrificados con métodos
científicos y eliminar sus restos de tal forma que no constituyan
otro riesgo para nuestro deteriorado ambiente. Esta medida previsora
sería mucho más efectiva que campañas poco
concurridas para reducir el número de víctimas de
rabia.
En igual dirección, las autoridades de los ministerios de
Agricultura y de Medio Ambiente deben ser obligadas a velar porque
en el área rural, además de cumplirse la ley antirrábica,
los sectores del agro eviten que el ganado bovino, en especial,
no sea mordido por murciélagos capaces de transmitir la rabia
y exterminar a estos animales, en caso necesario, dentro de sus
madrigueras, cuando se compruebe que son los agentes vectores.
Finalmente, ¿qué hace la escuela para difundir medidas
previsoras entre nuestras niñez escolar? ¿Dónde
quedan los consejos del maestro para estimular a los padres y niños
a vacunar sus mascotas?
* Psicólogo y Abogado.
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