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La columna nacional
Si fulanito come feo, es violento y desidioso, así serán sus padres

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Como esta situación, tan puntual, existen docenas más, sólo en el campo de la educación y la cultura...

¿Cuántas veces no hemos escuchado esto en las reuniones de padres de familia, en boca del vulgo, como un aserto indiscutible? Y, sin embargo, como dice Adal Ramones: —¡Pues no es cierto, no es cierto!

Puede ser su caso o el de alguna pareja (o encargado individual) que conozca, pero estoy seguro de que ha de saber de gente correcta en el comer, cuyos adorados vástagos exhiben virtudes muy otras y los avergüenzan cada vez que pueden mostrando comportamientos por completo fuera del ejemplo que tienen de sus responsables. “No basta el ejemplo —dirán—, ya que hay que corregir adecuadamente e insistir en la disciplina”.

Y yo digo: —¿Qué no tienen hijos los que así hablan, o se tratará de seres milagrosos? Porque definitivamente existe una cantidad de cipotes que son duros, reacios, altamente difíciles a las “insinuaciones” paternas, de los maestros y hasta de los poderes celestiales. ¿Será atavismo de algún pirata o bruja familiar de hace varias generaciones? Más bien habría que ponerle el reflector a otro protagonista... veamos, primero se solía culpar a la escuela; ahora, los maestros procesan inquisitorialmente y sin derecho a defensa a los padres de familia y encargados, pero quizá en muchos casos se trate de un poder mucho más impersonal, sutil y maléfico.

La influencia del medio, de los anuncios, de ciertos programas televisivos, de algunos compañeros, del cine, de la radio y, sobre todo (y allí sí hay culpa)..., de la admisión de la fatídica teoría liberaloide y permisitiva, de mucho auge en los años sesenta, de que hay que dirigir al niño y al jovencito con un “respeto” superior al que él nos debe a nosotros, que casi cualquier castigo puede “traumarlo” y que, básicamente, hay que dejarlo hacer, porque si no se baña, es porque es más limpio que nosotros; si no se lava los dientes, es porque es más sano y fuerte, e igualmente no necesita estudiar mucho porque es más inteligente. Así se crea a un bárbaro mocoso, desaseado, manchado en su ropa y gañan, que apenas te contesta con pujidos, no saluda a nadie y se cree con derecho a todo. Belleza ¿no? No le dejemos, en actitud de avestruz, la culpa a “la sociedad”, culpables somos cuando:

- Como profesor, evado enseñar, manipulando al alumno haciendo que “investigue”.
- Como madre, me autoengaño diciéndome que es por amor, para no proceder firme.
- Como padre, me acobardo a tener una bronca con la madre para imponer el orden.
- Como hijo, juego con los caracteres de mis progenitores, usándolos a mi provecho.
- Como funcionario, me hago del ojo pacho permitiendo los espectáculos nocivos.
- Como empresario, me acojo al liberalismo con tal de que mis ganancias se incrementen.
- Como pastor o cura, le doy coba a la juventud por temor a que se vayan del templo.
- Como abuelo, prefiero que me sonrían y besen por permisivo que disciplinarlos.
- Como encargado, tío o padrinos prefiero el camino formal y fácil que el enfrentarme.
- Como internacionalista, he “goleado” a los gobiernos con memeces culturales.
- Como profesional de “oenege”, he enarbolado los derechos humanos ad nauseam.
- Como comunicador, colaboro con la imagen del joven como violento irresponsable.
- Como legislador, hice o mantengo ese adefesio que es la Ley del Menor Infractor.
- Como político, nunca me preocupé seriamente en el problema... aunque tengo hijos.

El problema educacional de los hijos. No nos referimos a la instrucción, al conocimiento de materias de estudio —que también habría materia que cortar allí—, sino a lo que es la conducta del niño, del adolescente y del jovencito, es de primera importancia en la sociedad. Atañe no sólo a ellos, sino sencillamente a todos. Tiene que ver con el futuro de la sociedad. Con la justicia. Con la paz social. Con el desarrollo integral sostenido, etc.

Como esta situación, tan puntual, existen docenas más, sólo en el campo de la educación y la cultura... no digamos en la serie de rubros de la vida nacional. Sería deseable, en este período precampaña, que los distintos partidos y personajes que aspirarán a la máxima conducción nacional se ocuparan de algo más que de lo económico. Paradójicamente, el poner en su lugar a este factor tendría efectos positivos en lo social.
* Lic. en Ciencias Políticas.

 

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