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Quisiera ser aunque sea Presidente

La primera vez que emití el sufragio fue para elegir al Presidente de la República –que era por cierto candidato oficial y por lo tanto seguro ganador, el coronel Julio Adalberto Rivera, a quien apodaban Julión porque era grandote y cholotón–, yo voté por él, pues me gustaba que anduviera en moto.

Lorena Baires
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Como quien dice desde Washington hasta Los Ángeles, ¡ah! Y tengo moto

Recuerdo que en esa época para pretender el sillón presidencial era condición sine qua non ser militar o usar cachucha, y como nunca pensé meterme a la Escuela Militar (aunque sí me gusta usar la cachucha), más bien mi vocación eran las leyes y la agricultura, jamás se me cruzó por mi cabeza encachuchada, la remota idea de pretender, aunque sea en sueños, llegar a la Primera Magistratura, mejor conocida como “La Guayaba”.

Nunca pude saber a ciencia cierta por qué se escogió esa fruta para hacer el símil de la presidencia. Si alguno lo sabe, pues sáqueme de la ignorancia por favor.

En aquellos dorados tiempos del siglo pasado, cuando los cafetaleros democráticamente decidían quién gobernaría el país y al café lo llamaban el “grano de oro”, y Santa Ana era la “Capital del Mundo” y “Sucursal del Cielo”, y una pareja de guardias democráticamente ponía a temblar no sólo a los que tenían sacadera de chicha, sino también a rudos criminales... en aquellos dorados tiempos que el colón valía dos cincuenta por dólar, y que el Juventud Olímpica era el equipo mimado de la afición y todavía funcionaba el ferrocarril a oriente, hasta Cutuco y los buses cobraban siete centavos de pasaje, el galón de gasolina valía un colón veinticinco centavos y no se conocía la palabra “mara”... en aquellos dorados tiempos también existía la posibilidad de llegar a la casona de San Jacinto (que ahora está donde fue el Country Club) a través de un golpe, siempre y cuando se tuviera la venia de la otra casona, que antes estaba en la 25a. avenida Norte y actualmente en Santa Elena. Ahora todo desapareció. Hasta prohibido está hablar de golpes. El único golpe permitido es el que le dan al cigarrillo los fumadores.

Así que ahora la única manera de llegar a la tan codiciada Guayaba es a través de las urnas, aunque sea con marufias, o rellenándolas de tamales como decía mi chero Neto Kuri.
Antes, la selección del candidato se hacía en los cuarteles. Hubo una época que en Miami, pero últimamente se hace secretamente en la casa de alguien, y después se ratifica con una fiesta.
El vice o compañero de fórmula, como les gusta llamarlos también, es el que complementa la figura del candidato, en aquellos tiempos tenía que ser un civil, para balancear al coronel. La figura del vice es la manera más fácil de soñar con ceñirse la banda.

Como en los concursos de belleza, siempre se elige una primera finalista que es la que sustituye a la reina en caso de un impedimento o de su muerte, pues de la muerte somos y a la muerte vamos.
Ya se mencionan muchos candidatos a presi, tanto de la derecha, como del centro, como los medio centro y como los de la izquierda, algunos no se atreven a salir a la luz pública y muchos se quedarán esperando a que los propongan, pero esos que creen que los van a llamar –papaíto ven, tan chulo e inteligente que sos– andan más perdidos que Adán el día de las madres y son tan ilusos como los soñadores.

Pero volviendo al tema de los que quisieran ser vice, se encuentran muchas mujeres, con la ilusión del voto femenino, pero en esto creo, –opinión personal– (Por favor no quiero entrar en polémicas con las feministas), que las mujeres de este país y de Latinoamérica prefieren que gobiernen, por lo menos la Presidencia, los hombres.

Pero el chance de vice es más fácil y cómodo, tiene que ser muy, pero muy notable el caso para que le saquen los trapitos al sol, si ganan, se la caló, y si pierde, pues es el candidato el que pierde. Seguro estoy de que si los que desean ser vice sacaran la cara, pasaría de un centenar los que sueñan con la posición más bonita, más cómoda y más soñadora. Y en todos los partidos son más los que quieren ser compañeros de fórmula, para darle, según ellos, lustre y complemento al candidato y para esperar que el destino los lleve al trono.

Pero volviendo al sueño que es de choto y exento del IVA, y después de consultar con mis bases, me propongo como candidato a vice. Soy leído, desde Mafalda a Kant, pasando por Cervantes y Joaquín Villalobos, charanganeo el inglés, puedo dar discursos en caliche y todavía tomo atol shuco y conozco desde Pasaquina hasta san Antonio Pajonal. Como quien dice desde Washington hasta Los Ángeles, ¡ah! Y tengo moto.

 

 

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