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Ministerio
Espiga
Cómo recibir a Jesús
Una
vez tuve una gran experiencia. Me sentía muy lejos de Dios,
me sentía un hombre pecador. Una mujer sencilla se me acercó
y me dijo: "Hermano, tengo un mensaje de Dios para usted:
El Señor dice: Si yo te amo así como eres,
¿por qué tú no me amas y me sirves así
como eres...?
Dios todavía nos está hablando, y El conoce cada fracaso,
cada frustración suya, cada soledad. Pero si El lo conoce
y lo ama así como usted es, se debe a que Dios sabe lo que
va a llegar a ser cuando el amor y la misericordia rellenen esos
barrancos.
La Palabra del Señor nos da la oportunidad de conocer en
cuál camino vamos. Son cuatro: Uno prolífero de hoyos,
de fracasos y depresiones; otro, lleno de cerros, es decir, de vanidad;
una tercera vía está retorcida, plagada de mentira;
y una cuarta, llena de asperezas, como cuando llega el papá
a la casa y, en lugar se significar una alegría para la familia,
es una tristeza, o como esa señora que de tan amargada que
está ya tiene arrugas en las arrugas y no hay manera de hacerla
sonreír. "Si yo no me quejo --dice, y ya la misma voz
es un quejido-. Si yo tengo todo: tengo a mi esposo,a mis hijos,
tengo mi casa, y unas ganas de morirme..."
Ella tiene de todo, hasta ganas de morirse... ¿Cuál
es la razón de su amargura?
Busque en su corazón y pídale al Señor que
se la arranque de raíz. Allane ese camino para que sea transitable,
para que sea cómodo su caminar. Demasiadas lágrimas
se vierten en el mundo para que usted ponga las suyas.
No dejemos que el orgullo destruya nuestras familias, nuestra sociedad.
No es con la jactancia del poder, sino con la sencillez con la que
se logran las cosas más grandes.
Si tú eres un camino retorcido, tortuoso, lleno de curvas
y accidentado, enderézalo. Ya no puedes borrar lo malo que
has hecho. Algo de ello tendrá consecuencias, enfréntalas,
pero ya no añadas más mal al mal.
Así como Israel hizo un camino para llegar a la Tierra Prometida,
nosotros, el nuevo Pueblo de Dios, vamos hacia en peregrinación
hacia el Señor. Por eso es buenos reflexionar en los principales
momentos de nuestra vida cristiana. Y este es uno de los más
importantes: recibir a Jesús.
De tal manera que no sólo se trata de conmemorar de cuando,
hace dos mil años, Cristo se encarnó, nació
de la Virgen María y compartió con nosotros, sino
una preparación a la venida de Jesús a nuestro corazón
y, sobre todo, prepararnos a su Segunda Venida, definitiva.
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