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Tema
para reflexionar
Bendito dinero
Mal
utilizado el dinero casi siempre se vuelve en contra de quienes
no lo utilizaron bien, pues al final, a la hora de las cuentas,
siempre hay que determinar al responsable.
El invento del dinero es parecido al de la rueda o si pensamos
en nuestro tiempo, el chip con el que funcionan los millones de
computadoras y aparatos a nuestro alrededor, que facilitan nuestra
vida, por cierto, cada día más ligada a la informática.
Imagínese nuestra sociedad sin el dinero, sin la rueda o
sin los chips.
Desde está visión quiero hacer algunas reflexiones
sobre el dinero, que nos sirve para una infinidad de cosas útiles
y para diferenciarnos como país en el entorno internacional.
Desde el punto de vista de la estandarización y la
sistematización, el dinero nos facilita la vida, pues
en su medida se cuantifica en cantidad y calidad nuestro trabajo
y también en dinero es compensado. El valor y los precios
de los productos y servicios que producimos y adquirimos también
se tasa en dinero y con dinero los compramos.
¿Es malo el dinero? Yo creo que no. El dinero no es malo
de por sí. ¿Es mala la riqueza? Tampoco, ojalá
todos la tuviéramos. Por el contrario, yo creo que el dinero
y la riqueza por principio son buenos y tenerlos, disponer de ellos
y administrarlos bien es lo que aporta soluciones reales a los problemas.
La pobreza y la riqueza económicas expresadas en los términos
de la capacidad de inversión, compra y consumo de los pueblos,
se miden en dinero. Así es que existen países más
ricos, porque disponen de más dinero e incluso tienen fondos
y respaldo económico para ayudar a otros.
Sin embargo, parece que el dinero y la riqueza económica
no lo son todo, pues la riqueza de los pueblos también puede
expresarse en términos de cultura, tradición, historia
o de ideología, algo que seguramente entienden mucho mejor
los especialistas que cualquier ciudadano normal. Sin embargo, países
muy ricos en una o varias de las características anteriores
económicamente son pobres y subdesarrollados.
¿Por qué existen países más ricos que
otros? En principio porque generan más valor agregado, tienen
mejores sistemas de control institucional, son más disciplinados,
tienen una mejor educación, planifican a largo plazo, tienen
instituciones más eficaces y eficientes y sus industrias
de productos y servicios trabajan de forma mucho más productiva
y rentable que en los países pobres.
La reconversión de un país pobre y retrasado en un
país moderno y rico siempre fue producto de una reconversión
planificada con seriedad y ejecutada con calidad, productividad
y rentabilidad, al unísono con inversión nacional
e internacional.
Los milagros alemán, japonés, español o de
los países emergentes, no son milagros que sucedieron de
un día para otro por intervención divina. Nada les
cayó del cielo sólo con cerrar los ojos y concentrarse
en que las condiciones mejoren. Estos milagros fueron
consecuencia de la coordinación institucional entre el gobierno,
las empresas y los ciudadanos. Es decir, el resultado de pactos
sanos para el desarrollo conjunto, que les permitió
trabajar a cada una de las partes en sus intereses,
pero buscando y sin perder de vista un final de progreso previamente
acordado para la sociedad.
Los tres poderes, las leyes, las empresas, las instituciones, los
empleados y los ciudadanos que conforman el Estado- son los
que en equipo hacen que el país progrese. Unos haciendo leyes
que favorezcan el crecimiento y que inteligentemente encajen en
el contexto nacional e internacional y aplicándolas, y otros
desarrollando nuevos productos y servicios rentables; y, en tercer
lugar, los empleados de las empresas y funcionarios, haciendo bien
su trabajo y cumpliendo con los estándares de calidad y productividad
establecidos.
¿Será posible un milagro salvadoreño? Yo creo
que sí, es más, creo que la gente que trabajamos todos
los días en busca de nuevas alternativas poco a poco ya lo
estamos haciendo. El éxito final dependerá de cómo
se gobierne, de lo que la creatividad de las empresas e instituciones
sea capaz de hacer, cómo trabajemos los que agregamos valor
y generamos rentabilidad y, por último, cómo manejemos
el bendito dinero, producto de todas las gestiones,
los impuestos, los créditos y el trabajo duro y serio que
entre todos generemos.
El dinero en inversiones es una excelente solución para el
progreso. La creación de puestos de trabajo y el crecimiento
del país, la formación y la capacitación, la
investigación y el desarrollo de nuevos productos y servicios
requieren de dinero, la construcción de escuelas y hospitales
por igual. Los ahorros y los incrementos de rentabilidad también
se miden en dinero, lo mismo que la creación y el incremento
de valor agregado
Por el bendito dinero es que la gente emigra corriendo
riesgos desconocidos, se producen actos ilegales, proclaman independencias,
reivindicaciones, paros, huelgas e incluso hechos hostiles.
Pero el dinero propio y el ajeno también se puede malgastar
o invertir mal, bien por equivocaciones, ignorancia, presiones o
por malas decisiones. Todos los directivos de las empresas o bien
los funcionarios de la Administración Pública que
deciden sobre el dinero de los accionistas o de los impuestos, incurren
en responsabilidades políticas, legales y éticas.
De las tres la más importante es la ética, pues incluso
con la utilización sofisticada de la ley es posible obviar
o aliviar acusaciones y condenas, la responsabilidad insalvable
es la de la acusación de la propia conciencia sobre si lo
que decidieron hacer con el dinero de los accionistas o los ciudadanos
fue lo legal, lo correcto y lo ético.
Mal utilizado el dinero casi siempre se vuelve en contra de quienes
no lo utilizaron bien, pues al final, a la hora de las cuentas,
siempre hay que determinar al responsable que por acción
u omisión hizo o permitió el mal uso del dinero.
Lo mejor es cuidar bien el dinero y los recursos que a uno le han
encomendado en el ejercicio de su responsabilidad.
La protección del dinero y su buen uso es una obligación
de todos los que dirigimos. ¿Está usted de acuerdo?
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
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