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Tema para reflexionar
Bendito dinero

Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Mal utilizado el dinero casi siempre se vuelve en contra de quienes no lo utilizaron bien, pues al final, a la hora de las cuentas, siempre hay que determinar al responsable.

El invento del dinero es parecido al de la rueda o si pensamos en nuestro tiempo, el chip con el que funcionan los millones de computadoras y aparatos a nuestro alrededor, que facilitan nuestra vida, por cierto, cada día más ligada a la informática.

Imagínese nuestra sociedad sin el dinero, sin la rueda o sin los chips.
Desde está visión quiero hacer algunas reflexiones sobre el dinero, que nos sirve para una infinidad de cosas útiles y para diferenciarnos como país en el entorno internacional.
Desde el punto de vista de la “estandarización y la sistematización”, el dinero nos facilita la vida, pues en su medida se cuantifica en cantidad y calidad nuestro trabajo y también en dinero es compensado. El valor y los precios de los productos y servicios que producimos y adquirimos también se tasa en dinero y con dinero los compramos.

¿Es malo el dinero? Yo creo que no. El dinero no es malo de por sí. ¿Es mala la riqueza? Tampoco, ojalá todos la tuviéramos. Por el contrario, yo creo que el dinero y la riqueza por principio son buenos y tenerlos, disponer de ellos y administrarlos bien es lo que aporta soluciones reales a los problemas.

La pobreza y la riqueza económicas expresadas en los términos de la capacidad de inversión, compra y consumo de los pueblos, se miden en dinero. Así es que existen países más ricos, porque disponen de más dinero e incluso tienen fondos y respaldo económico para ayudar a otros.
Sin embargo, parece que el dinero y la riqueza económica no lo son todo, pues la riqueza de los pueblos también puede expresarse en términos de cultura, tradición, historia o de ideología, algo que seguramente entienden mucho mejor los especialistas que cualquier ciudadano normal. Sin embargo, países muy ricos en una o varias de las características anteriores económicamente son pobres y subdesarrollados.
¿Por qué existen países más ricos que otros? En principio porque generan más valor agregado, tienen mejores sistemas de control institucional, son más disciplinados, tienen una mejor educación, planifican a largo plazo, tienen instituciones más eficaces y eficientes y sus industrias de productos y servicios trabajan de forma mucho más productiva y rentable que en los países pobres.
La reconversión de un país pobre y retrasado en un país moderno y rico siempre fue producto de una reconversión planificada con seriedad y ejecutada con calidad, productividad y rentabilidad, al unísono con inversión nacional e internacional.

Los milagros alemán, japonés, español o de los países emergentes, no son milagros que sucedieron de un día para otro por intervención divina. Nada les cayó del cielo sólo con cerrar los ojos y concentrarse en que las condiciones mejoren. Estos “milagros” fueron consecuencia de la coordinación institucional entre el gobierno, las empresas y los ciudadanos. Es decir, el resultado de “pactos sanos” para el desarrollo conjunto, que les permitió trabajar a cada una de las “partes” en sus intereses, pero buscando y sin perder de vista un final de progreso previamente acordado para la sociedad.

Los tres poderes, las leyes, las empresas, las instituciones, los empleados y los ciudadanos —que conforman el Estado- son los que en equipo hacen que el país progrese. Unos haciendo leyes que favorezcan el crecimiento y que inteligentemente encajen en el contexto nacional e internacional y aplicándolas, y otros desarrollando nuevos productos y servicios rentables; y, en tercer lugar, los empleados de las empresas y funcionarios, haciendo bien su trabajo y cumpliendo con los estándares de calidad y productividad establecidos.

¿Será posible un milagro salvadoreño? Yo creo que sí, es más, creo que la gente que trabajamos todos los días en busca de nuevas alternativas poco a poco ya lo estamos haciendo. El éxito final dependerá de cómo se gobierne, de lo que la creatividad de las empresas e instituciones sea capaz de hacer, cómo trabajemos los que agregamos valor y generamos rentabilidad y, por último, cómo manejemos el “bendito dinero”, producto de todas las gestiones, los impuestos, los créditos y el trabajo duro y serio que entre todos generemos.

El dinero en inversiones es una excelente solución para el progreso. La creación de puestos de trabajo y el crecimiento del país, la formación y la capacitación, la investigación y el desarrollo de nuevos productos y servicios requieren de dinero, la construcción de escuelas y hospitales por igual. Los ahorros y los incrementos de rentabilidad también se miden en dinero, lo mismo que la creación y el incremento de valor agregado…

Por el “bendito dinero” es que la gente emigra corriendo riesgos desconocidos, se producen actos ilegales, proclaman independencias, reivindicaciones, paros, huelgas e incluso hechos hostiles.

Pero el dinero propio y el ajeno también se puede malgastar o invertir mal, bien por equivocaciones, ignorancia, presiones o por malas decisiones. Todos los directivos de las empresas o bien los funcionarios de la Administración Pública que deciden sobre el dinero de los accionistas o de los impuestos, incurren en responsabilidades políticas, legales y éticas. De las tres la más importante es la ética, pues incluso con la utilización sofisticada de la ley es posible obviar o aliviar acusaciones y condenas, la responsabilidad insalvable es la de la acusación de la propia conciencia sobre si lo que decidieron hacer con el dinero de los accionistas o los ciudadanos fue lo legal, lo correcto y lo ético.

Mal utilizado el dinero casi siempre se vuelve en contra de quienes no lo utilizaron bien, pues al final, a la hora de las cuentas, siempre hay que determinar al responsable que por acción u omisión hizo o permitió el mal uso del dinero.
Lo mejor es cuidar bien el dinero y los recursos que a uno le han encomendado en el ejercicio de su responsabilidad.
La protección del dinero y su buen uso es una obligación de todos los que dirigimos. ¿Está usted de acuerdo?

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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