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Mil 500 familias participaron
Simulacro de evacuación en el Bajo Lempa

San Vicente. La rutina de varios caseríos fue alterada ayer en la mañana por el ruido de ambulancias y helicópteros. Según los organizadores, el simulacro logró los objetivos esperados.

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
El simulacro concluyó al mediodía con el reparto de galletas y refrescos. Los pobladores participantes fueron llevados de vuelta a sus casas en los camiones del Ejército. Foto EDH

Desde las nueve de la mañana hasta las doce del mediodía de ayer, en los caseríos Rancho Grande, Taura y Santa Marta, ubicados en la ribera occidental del río Lempa, en San Vicente, el ulular de las ambulancias y el despliegue de soldados y helicópteros alteró la rutina de los lugareños.

Lo anterior fue consecuencia de una alerta roja decretada ayer a raíz de que, imaginariamente, las lluvias alcanzaron los 200 milímetros diarios y causaron inundaciones en los referidos lugares.
Por fortuna, sólo se trataba del primer simulacro del Plan Invernal 2003, ejecutado por la Fuerza Armada en coordinación con el Comité de Emergencia Departamental (COED).

Esto en previsión a desastres ocasionados por las lluvias, como los ocurridos en 1998, por la tormenta tropical “Mitch”.

1,500
210
300
Pobladores
Tiendas de campañas
soldados
Fueron evacuados a tres albergues, construidos con tiendas de campañas del Ejército. Fueron instaladas por el Ejército en tres lugares que no son alcanzados por las inundaciones. De la Quinta Zona Militar participaron, además de cuerpos de socorro y PNC.

Mil 500 familias fueron evacuadas en camiones del Ejército hacia tres albergues temporales ubicados en los caseríos La Sabana, San Nicolás y en San Carlos Lempa, lugares que se supone no son afectados por las inundaciones.

El ejercicio sirvió para concienciar a los pobladores sobre cómo actuar ante una emergencia. También a las instituciones encargadas del socorro para ajustar detalles en los planes de auxilio.
Apolinario Ayala, un poblador del caserío Santa Marta aplaudió los esfuerzos que se hacen para prevenir calamidades similares a las de 1998.

“Esta bueno lo que hacen, pero en tiempo de lluvia esperamos que sea así como lo han practicado hoy”, aseguró el lugareño.

Santa Marta es un poblado distante unos tres kilómetros del río Lempa. Sus habitantes aseguran que cuando ocurrió lo del “Mitch”, la inundación, que alcanzó los dos metros, fue general.
“Perdimos la cosecha y todos los animalitos”, explicó José Perdomo, quien ayer participo en el simulacro junto a su familia.

Algunos de los habitantes han tomado la providencia de edificar pequeñas galeras aéreas, es decir, sobre horcones de hasta tres metros de altura para que en caso de inundación ocuparlas como refugio mientras son evacuados.

De acuerdo con el Comandante de la 5a. Brigada de Infantería, en el ejercicio participaron alrededor de trescientos soldados, así como elementos de la Policía Nacional Civil, Cuerpo de Bomberos y entidades de socorro. Simultaneo al simulacro, los pobladores de esa zona fueron beneficiados con una campaña médica en la que participó el Ministerio de Salud y el Batallón de Sanidad Miliar.


Libreta de apuntes
- Varios niños se ofrecieron como “heridos” al saber que los llevarían en helicóptero.
- Una yegua comenzó a correr enloquecida luego que un helicóptero aterrizara cerca de ella.
- Los niños fueron los primeros en hacer “cola” cuando se anunció el reparto de refrescos.
- La rutina volvió al mediodía. “Ojalá que esto no sea necesario”, dijo Juana Perdomo.

Los niños y lesionados con trato especial
Los mil 500 damnificados imaginarios fueron evacuados en camiones y ambulancias, no así algunos niños y los heridos, que salieron de la zona en helicóptero. Soldados y policías simulaban patrullajes de vigilancia para evitar el pillaje.

Un supuesto damnificado es atendido por socorristas y soldados, previo a ser evacuado vía aérea.

Los niños heridos o perdidos fueron evacuados en el primer viaje de un helicóptero hacia los albergues temporales. La nave aterrizó en el campo de fútbol del caserío Santa Marta. Dicen que ahí no se inunda fácilmente.

 

 

 

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