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Tomando la palabra
LA RIQUEZA Y LOS “FLAMANTES”

María A. de López Andreu*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Las infinitas maneras de obtener riquezas malamente son de sobra conocidas, y desafortunadamente, también son harto practicadas.

“Riqueza”, según el diccionario, significa “abundancia de bienes y cosas preciosas”. Además, confiésese o no, es una meta perseguida por el cien por ciento de la humanidad, como un medio para alcanzar la capacidad de mejorar su calidad de vida. Y el cómo adquiere cada quien su riqueza indica qué clase de persona es.

Las infinitas maneras de obtener riquezas malamente son de sobra conocidas, y desafortunadamente, también son harto practicadas; peor aún, son raramente condenadas, a veces, incluso, hasta son celebradas. ¡Y hemos llegado al colmo de que son votadas! Porque, en nuestra permisiva actualidad, muchos consideran que sólo deben cuidarse de no cometer acciones ilícitas, olvidando que lo primordial es apegarnos a la moralidad y la ética.

Trágicamente, los primeros en hacer caso omiso de esta premisa son nuestros autodenominados “flamantes” diputados del bloque “azul-grana”, encabezados por su aún más “flamante” directiva: ellos fabrican, a propósito, leyes inmorales e injustas, para auto-otorgarse la licencia que les permita cometer los más condenables atropellos de manera “lícita”.
Pero eso será tema para otro día. El de ahora es compartir con ustedes el enfoque empresarial de la riqueza, que sí está basado en la moral y la ética; sin estos elementos, no se trataría, entonces, de un enfoque empresarial, sino delincuencial. ¡Clarísimamente!

Primero, la riqueza es una motivación para que muchos hombres y mujeres se conviertan en empresarios. Eso significa dejar la cómoda posición de empleados, sabiendo que recibirán puntualmente un salario, para asumir riesgos y responsabilidades, no sólo consigo mismos y con sus propias familias, sino también con sus empleados y las familias de estos, con sus proveedores y con la comunidad. Es adquirir el compromiso de tener éxito, porque fracasar significaría dejar sin sustento a muchas personas. A cambio de todo eso, el empresario espera obtener utilidades: privarse hoy, invirtiendo, para crear riqueza mañana.

“Tener éxito” significa ser rentable económicamente, porque si no, la empresa, ineludiblemente, desaparece. Y eso, ya lo dijimos, pone en graves problemas a muchas personas más, no sólo a los dueños. Por consiguiente, la primera responsabilidad social empresarial es ser económicamente rentable; allí inicia un círculo virtuoso que beneficia a empleados, proveedores, clientes, accionistas y fisco. Mediante los impuestos que produce la rentabilidad económica, es que puede funcionar toda la maquinaria estatal (incluso, los susodichos “flamantes”).

Pero las empresas responsables no se contentan con ser económicamente rentables: se esfuerzan en obtener también rentabilidad ecológica y, principalmente, rentabilidad humana. ¿Y qué es eso?
Rentabilidad ecológica es la que se obtiene evitando desperdicios, conservando y mejorando, para el futuro, los recursos actuales. Rentabilidad humana significa que cada miembro del personal se convertirá en mejor ciudadano, mejor empleado, mejor persona. Lógicamente, de la rentabilidad humana dependen la rentabilidad ecológica y la económica. Y todo esto se logra únicamente con el esfuerzo y trabajo duro de varias generaciones.

Por eso, un empresario “de a de veras” invierte en infraestructura, tecnología, etc., pero primordialmente lo hace en sus empleados, procurando mejorarlos integralmente, pagándoles bien, capacitándolos, brindándoles herramientas para que, en la medida en que cada uno se desarrolle, contribuya al mayor beneficio de la empresa.
Para ello, sin embargo, debe contar con libertad de empresa, reglas claras y estabilidad. Sin ellas, no hay inversión, sin inversión, no hay generación de riqueza, si no se produce nueva riqueza, sólo puede repartirse miseria.

Los “flamantes” saben esto perfectamente. Su estrategia, pues, es clarísima -y diabólica-: mientras adulan, engañan y confunden al pueblo, entrampan la inversión y nos empobrecen más. Su objetivo: Impedir al Presidente que lleve a cabo las acciones que la población tanto necesita. Resultado esperado: Convulsión social, mayor abstencionismo y (según sus cálculos) aumento en el caudal de votos para los “flamantes” azul-grana.

Es necesario que todos aquellos que vivimos de nuestro trabajo honrado y permanente, aspirando a una riqueza justa, que hemos dedicado nuestra vida y recursos a defender nuestra patria y libertad, hagamos conciencia en nuestros familiares, amigos y empleados de que la riqueza se crea con esfuerzo, tenacidad, perseverancia… ¡no por decreto!
Desenmascaremos la peligrosa estrategia de los “flamantes”, antes de que más ingenuos se la crean; no perdamos, por desidia, lo que no pudieron arrebatarnos con las armas.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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