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Tomando
la palabra
LA RIQUEZA Y LOS FLAMANTES
Las
infinitas maneras de obtener riquezas malamente son de sobra conocidas,
y desafortunadamente, también son harto practicadas.
Riqueza, según el diccionario, significa abundancia
de bienes y cosas preciosas. Además, confiésese
o no, es una meta perseguida por el cien por ciento de la humanidad,
como un medio para alcanzar la capacidad de mejorar su calidad de
vida. Y el cómo adquiere cada quien su riqueza indica qué
clase de persona es.
Las infinitas maneras de obtener riquezas malamente son de sobra
conocidas, y desafortunadamente, también son harto practicadas;
peor aún, son raramente condenadas, a veces, incluso, hasta
son celebradas. ¡Y hemos llegado al colmo de que son votadas!
Porque, en nuestra permisiva actualidad, muchos consideran que sólo
deben cuidarse de no cometer acciones ilícitas, olvidando
que lo primordial es apegarnos a la moralidad y la ética.
Trágicamente, los primeros en hacer caso omiso de esta premisa
son nuestros autodenominados flamantes diputados del
bloque azul-grana, encabezados por su aún más
flamante directiva: ellos fabrican, a propósito,
leyes inmorales e injustas, para auto-otorgarse la licencia que
les permita cometer los más condenables atropellos de manera
lícita.
Pero eso será tema para otro día. El de ahora es compartir
con ustedes el enfoque empresarial de la riqueza, que sí
está basado en la moral y la ética; sin estos elementos,
no se trataría, entonces, de un enfoque empresarial, sino
delincuencial. ¡Clarísimamente!
Primero, la riqueza es una motivación para que muchos hombres
y mujeres se conviertan en empresarios. Eso significa dejar la cómoda
posición de empleados, sabiendo que recibirán puntualmente
un salario, para asumir riesgos y responsabilidades, no sólo
consigo mismos y con sus propias familias, sino también con
sus empleados y las familias de estos, con sus proveedores y con
la comunidad. Es adquirir el compromiso de tener éxito, porque
fracasar significaría dejar sin sustento a muchas personas.
A cambio de todo eso, el empresario espera obtener utilidades: privarse
hoy, invirtiendo, para crear riqueza mañana.
Tener éxito significa ser rentable económicamente,
porque si no, la empresa, ineludiblemente, desaparece. Y eso, ya
lo dijimos, pone en graves problemas a muchas personas más,
no sólo a los dueños. Por consiguiente, la primera
responsabilidad social empresarial es ser económicamente
rentable; allí inicia un círculo virtuoso que beneficia
a empleados, proveedores, clientes, accionistas y fisco. Mediante
los impuestos que produce la rentabilidad económica, es que
puede funcionar toda la maquinaria estatal (incluso, los susodichos
flamantes).
Pero las empresas responsables no se contentan con ser económicamente
rentables: se esfuerzan en obtener también rentabilidad ecológica
y, principalmente, rentabilidad humana. ¿Y qué es
eso?
Rentabilidad ecológica es la que se obtiene evitando desperdicios,
conservando y mejorando, para el futuro, los recursos actuales.
Rentabilidad humana significa que cada miembro del personal se convertirá
en mejor ciudadano, mejor empleado, mejor persona. Lógicamente,
de la rentabilidad humana dependen la rentabilidad ecológica
y la económica. Y todo esto se logra únicamente con
el esfuerzo y trabajo duro de varias generaciones.
Por eso, un empresario de a de veras invierte en infraestructura,
tecnología, etc., pero primordialmente lo hace en sus empleados,
procurando mejorarlos integralmente, pagándoles bien, capacitándolos,
brindándoles herramientas para que, en la medida en que cada
uno se desarrolle, contribuya al mayor beneficio de la empresa.
Para ello, sin embargo, debe contar con libertad de empresa, reglas
claras y estabilidad. Sin ellas, no hay inversión, sin inversión,
no hay generación de riqueza, si no se produce nueva riqueza,
sólo puede repartirse miseria.
Los flamantes saben esto perfectamente. Su estrategia,
pues, es clarísima -y diabólica-: mientras adulan,
engañan y confunden al pueblo, entrampan la inversión
y nos empobrecen más. Su objetivo: Impedir al Presidente
que lleve a cabo las acciones que la población tanto necesita.
Resultado esperado: Convulsión social, mayor abstencionismo
y (según sus cálculos) aumento en el caudal de votos
para los flamantes azul-grana.
Es necesario que todos aquellos que vivimos de nuestro trabajo honrado
y permanente, aspirando a una riqueza justa, que hemos dedicado
nuestra vida y recursos a defender nuestra patria y libertad, hagamos
conciencia en nuestros familiares, amigos y empleados de que la
riqueza se crea con esfuerzo, tenacidad, perseverancia
¡no
por decreto!
Desenmascaremos la peligrosa estrategia de los flamantes,
antes de que más ingenuos se la crean; no perdamos, por desidia,
lo que no pudieron arrebatarnos con las armas.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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