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Una voz de alerta
¿Cuántos cubanos vendrían?

Jorge Eduardo Santacruz Juárez
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Vienen tiempos difíciles, y sólo verdaderos líderes, con mucha capacidad de concertación y un inusitado intelecto, lograrán que El Salvador continúe como ejemplo regional.

Ahora que la realidad política de nuestro país tiene la probabilidad de cambiar de matiz, es importante hacer un poco de reflexión sobre el papel que la clase media jugará en las elecciones del próximo año. La sociedad salvadoreña, dividida por los problemas socioeconómicos de muchas décadas, tiene la mala costumbre de olvidar en un par de meses todo lo malo que ha ocurrido y quiénes han sido los protagonistas de esas tristes historias.

Pero la situación de las personas que tenemos ingresos económicos medios y una preparación universitaria es demasiado cómoda: algunos ni siquiera fueron a votar o no escucharon las diferentes plataformas políticas de los partidos que participaron en las pasadas elecciones. Ahora, otros ya decidieron quiénes gobernarán nuestros municipios y quiénes, tristemente, nos representarán en la Asamblea Legislativa.

Ya es hora de que nos convirtamos en protagonistas de la historia de El Salvador y de que exijamos a nuestros políticos las herramientas necesarias para construir una sociedad sana y segura para todos, donde se incentive el esfuerzo, la creatividad y el sacrificio del salvadoreño honesto que paga sus impuestos.

Donde se castigue la corrupción y la violencia en cualquiera de sus manifestaciones. Debemos trabajar para convertirnos en el ejemplo regional de iniciativas económicas, con vistas al inminente Tratado de Libre Comercio. Es imprescindible, además, que pongamos manos a la obra a un proyecto de país que incremente la productividad del recurso humano, procurando la tecnificación de todos y legislando a favor de la justicia y el respeto a los derechos humanos.

Desgraciadamente, a unos sólo les preocupa la cuota del carro, el nuevo celular que tienen que comprar, el color de moda para los muebles de sala o la última generación de “La Academia”.

Qué lástima que no les quiten el sueño las pretensiones presidenciales de líderes revolucionarios que no conocen otro camino más que el de la agitación y la violencia, o de alcaldes cuya participación en la guerra enlutó a familias de prominentes intelectuales.

Esos salvadoreños cómodos sólo saben que, independientemente de los resultados, las elecciones son un fraude institucionalizado, que les impide ir a la playa un fin de semana de marzo, y más allá de esa pequeña molestia, ni siquiera piensan en las consecuencias que traerá para sus hijos quiénes serán los políticos que tomen posesión en sus cargos el próximo año, electos por una irreflexiva minoría.

Suponga usted que un líder izquierdista gana las próximas elecciones. El “riesgo país” sufriría un importante incremento y no contaríamos con las reservas suficientes para superar las especulaciones o la incertidumbre que generaría la fuga de capitales; además, nuestra macro y micro economía no soportarían un período de prueba y error de cinco años, y la pregunta es: ¿Cuántos asesores cubanos vendrían a perpetuar en el poder a esos políticos de decisiones viscerales?

Si no hacemos algo rápido y positivo, muchos de nosotros no podremos salir corriendo al extranjero con nuestras diminutas cuentas bancarias. Las empresas comenzarán a disminuir sus inversiones, preocupadas por no cumplir con las proyecciones de ventas del próximo año, el comercio sentirá la baja en la afluencia de clientes y habrá personas a quienes les será casi imposible encontrar trabajo, ya que sectores completos pronto deberán hacer un ajuste a los salarios mínimos.

Vienen tiempos muy difíciles, y sólo verdaderos líderes, con una gran capacidad de concertación y un inusitado intelecto, podrán lograr que El Salvador se mantenga como ejemplo regional a nivel macro, y mejorar drásticamente la situación social de la población. ¡Que Dios nos ayude a encontrarlos!

 

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