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Una
voz de alerta
¿Cuántos cubanos vendrían?
Vienen tiempos difíciles, y sólo verdaderos líderes,
con mucha capacidad de concertación y un inusitado intelecto,
lograrán que El Salvador continúe como ejemplo regional.
Ahora que la realidad política de nuestro país tiene
la probabilidad de cambiar de matiz, es importante hacer un poco
de reflexión sobre el papel que la clase media jugará
en las elecciones del próximo año. La sociedad salvadoreña,
dividida por los problemas socioeconómicos de muchas décadas,
tiene la mala costumbre de olvidar en un par de meses todo lo malo
que ha ocurrido y quiénes han sido los protagonistas de esas
tristes historias.
Pero la situación de las personas que tenemos ingresos económicos
medios y una preparación universitaria es demasiado cómoda:
algunos ni siquiera fueron a votar o no escucharon las diferentes
plataformas políticas de los partidos que participaron en
las pasadas elecciones. Ahora, otros ya decidieron quiénes
gobernarán nuestros municipios y quiénes, tristemente,
nos representarán en la Asamblea Legislativa.
Ya es hora de que nos convirtamos en protagonistas de la historia
de El Salvador y de que exijamos a nuestros políticos las
herramientas necesarias para construir una sociedad sana y segura
para todos, donde se incentive el esfuerzo, la creatividad y el
sacrificio del salvadoreño honesto que paga sus impuestos.
Donde se castigue la corrupción y la violencia en cualquiera
de sus manifestaciones. Debemos trabajar para convertirnos en el
ejemplo regional de iniciativas económicas, con vistas al
inminente Tratado de Libre Comercio. Es imprescindible, además,
que pongamos manos a la obra a un proyecto de país que incremente
la productividad del recurso humano, procurando la tecnificación
de todos y legislando a favor de la justicia y el respeto a los
derechos humanos.
Desgraciadamente, a unos sólo les preocupa la cuota del carro,
el nuevo celular que tienen que comprar, el color de moda para los
muebles de sala o la última generación de La
Academia.
Qué lástima que no les quiten el sueño las
pretensiones presidenciales de líderes revolucionarios que
no conocen otro camino más que el de la agitación
y la violencia, o de alcaldes cuya participación en la guerra
enlutó a familias de prominentes intelectuales.
Esos salvadoreños cómodos sólo saben que, independientemente
de los resultados, las elecciones son un fraude institucionalizado,
que les impide ir a la playa un fin de semana de marzo, y más
allá de esa pequeña molestia, ni siquiera piensan
en las consecuencias que traerá para sus hijos quiénes
serán los políticos que tomen posesión en sus
cargos el próximo año, electos por una irreflexiva
minoría.
Suponga usted que un líder izquierdista gana las próximas
elecciones. El riesgo país sufriría un
importante incremento y no contaríamos con las reservas suficientes
para superar las especulaciones o la incertidumbre que generaría
la fuga de capitales; además, nuestra macro y micro economía
no soportarían un período de prueba y error de cinco
años, y la pregunta es: ¿Cuántos asesores cubanos
vendrían a perpetuar en el poder a esos políticos
de decisiones viscerales?
Si no hacemos algo rápido y positivo, muchos de nosotros
no podremos salir corriendo al extranjero con nuestras diminutas
cuentas bancarias. Las empresas comenzarán a disminuir sus
inversiones, preocupadas por no cumplir con las proyecciones de
ventas del próximo año, el comercio sentirá
la baja en la afluencia de clientes y habrá personas a quienes
les será casi imposible encontrar trabajo, ya que sectores
completos pronto deberán hacer un ajuste a los salarios mínimos.
Vienen tiempos muy difíciles, y sólo verdaderos líderes,
con una gran capacidad de concertación y un inusitado intelecto,
podrán lograr que El Salvador se mantenga como ejemplo regional
a nivel macro, y mejorar drásticamente la situación
social de la población. ¡Que Dios nos ayude a encontrarlos!
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