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Desde
Washington
E.U. TRATA DE SUPERAR BLOQUEO DE SEÑAL DE TV MARTÍ
EN CUBA
Con
los fondos asegurados, es hora entonces de dar nuevo ímpetu
a Radio Martí y TV Martí como herramientas de política
exterior.
Si el presidente Bush pretendió enviar un poderoso mensaje
de solidaridad a aquellos que luchan por la libertad en Cuba, no
tuvo éxito. Su transmisión especial de 40 segundos
en español para conmemorar el Día de la Independencia
de Cuba se emitió el martes por Radio Martí, lo que
básicamente garantiza que pocos cubanos la escucharon.
Creada bajo la administración Reagan, hace casi 20 años,
Radio Martí entró en funcionamiento en 1985 para promover
la causa de la libertad en la isla y proveer una alternativa
a los medios de información controlados por el Estado. Su
gemela en televisión, TV Martí, comenzó a funcionar
en 1990. El dúo de estaciones debía ser una rama especial
de la Voz de América (VOA), la respetada herramienta de la
diplomacia pública de Estados Unidos.
Pero gracias a las astutas maniobras de congresistas cubano-americanos,
todas sus funciones empezaron a trasladarse a Miami hace casi seis
años. Aparentemente, el traslado debía mejorar su
contenido al tener más a mano el talento de la extensa comunidad
del exilio, pero una vez apartado de las normas de exactitud y objetividad
de la VOA, su mensaje se hizo más propagandístico
y estruendoso, y su audiencia cubana perdió interés,
al menos aquella que recibía una señal a pesar de
los continuos esfuerzos de Fidel Castro para interferir las transmisiones.
Entre tanto, afirman sus críticos, los directores de las
estaciones parecían más interesados en complacer al
exilio cubano anti-castrista. No es difícil encontrar analistas
políticos para quienes las estaciones Martí y su presupuesto
anual de $23 millones son un despilfarro del dinero de los contribuyentes
y debían por lo tanto cerrarse.
Las posibilidades de que eso suceda, sin embargo, son mínimas.
Tras una de las peores campañas de Castro contra disidentes,
es muy poco probable que Bush haga algo que pueda percibirse como
un ablandamiento de su prometida mano dura hacia el régimen
en La Habana.
Ni siquiera a un gobierno liberal le quedaría fácil
desmantelar las estaciones Martí, ya que los recientes arrestos
y las fuertes sentencias impuestas a disidentes cubanos, incluidos
28 periodistas independientes, son el mejor testimonio del temor
de Castro al poder de la información.
Con los fondos asegurados, es hora entonces de dar nuevo ímpetu
a Radio Martí y TV Martí como herramientas de política
exterior. Al menos eso ha dicho Bush en discursos sobre su política
hacia Cuba, al prometer modernizar las transmisiones y orientarlas
en una nueva dirección. Para hacerlo en una forma significativa
y resuelta, por lo menos tres cosas deben suceder:
Las estaciones Martí necesitan regresar a Washington.
Si permanecen dentro de la esfera de influencia del poderoso exilio
cubano del sur de la Florida, cualquier esfuerzo serio para restaurar
su credibilidad se pondrá en duda.
La conservadora Heritage Foundation, por ejemplo, propuso el mes
pasado terminar las costosas transmisiones de TV Martí. Aun
así, incluso Heritage, aboga, como muchos otros veteranos
observadores, por darle una segunda oportunidad a las estaciones
siempre y cuando regresen a Washington y se reforme la programación.
Estados Unidos debe hallar la manera de superar las interrupciones
de Castro a la señal y hacer que se cumpla o, de lo contrario,
clausurar TV Martí, el medio más afectado. Analistas
conservadores y liberales creen que a no ser que se logre acabar
con las interrupciones, los fondos podrían gastarse mejor
en otros medios como Radio Martí y VOA-TV.
La calidad de la programación debe mejorar. Trasladarse
a Washington y mejorar la calidad técnica de las transmisiones
lograrán muy poco si no se ataca el asunto del contenido
de manera directa. Si su programación no responde a las necesidades
de aquellos en la isla, las estaciones Martí tal vez no logren
nunca superar su reputación de despilfarro y el cinismo burlón
que enfrentan hoy.
El nombramiento el mes pasado de Pedro V. Roig como nuevo director
de la Oficina de Transmisiones para Cuba que supervisa a Radio Martí
y TV Martí parece ser un buen comienzo. Roig ha prometido
reestructurar la programación y cumplir la misión
de llevar noticias e información objetiva, junto a
la variedad más amplia posible de pensamiento y opinión
a los cubanos en Cuba.
A juzgar por el bajo perfil de la conmemoración del 20 de
mayo hecha por Bush, una ocasión a menudo usada por presidentes
estadounidenses para revelar nuevas medidas anti castristas, la
Casa Blanca está evaluando con cuidado sus opciones en Cuba.
Apretar las tuercas de una política de embargo que difícilmente
puede ser más estricta probablemente sólo le serviría
a Castro y su predilección por mostrarse como la víctima.
Funcionarios estadounidenses hablan en cambio de la necesidad de
usar mejor las herramientas de que ya disponen.
Pero al menos que las mejoras a Radio y TV Martí sean integrales
harán poco por levantar el bloqueo contra el libre flujo
de información hacia y dentro de Cuba, un bloqueo donde un
público sospechoso de las proclamaciones del gobierno
no tiene medios para ser escuchado, como alguna vez lo dijo
el poeta y periodista Raúl Rivero. Debido a su lucha por
una prensa libre en Cuba, Rivero fue sentenciado el mes pasado a
20 años de prisión.
*Columnista del Washington Post.
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