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Opinando
Lo ideal es enemigo de lo bueno

La próxima elección presidencial representa un gran reto que requiere de un candidato verdaderamente decidido a asumirlo.

Alicia de Rico*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Después de tres períodos consecutivos en el poder y un llamado de atención de parte del electorado, ARENA busca como aguja entre un pajar, al candidato ideal, que le permita mantener el dominio del Poder Ejecutivo en el 2004 y detener con ello la tendencia de crecimiento del FMLN, registrada en las pasadas elecciones del 16 de marzo.

La decisión de poner en marcha un proceso de democratización y apertura para que sean las bases del partido de gobierno las que, en votación nominal y pública, asuman la responsabilidad de escoger a su candidato presidencial es, sin lugar a dudas, un primer paso para lograr este objetivo.

No obstante, la inexperiencia de ARENA en procesos internos, la cual se evidencia con la primera lectura del reglamento establecido, sumada a las aspiraciones políticas provenientes del pasado, impulsadas desde el interior del partido por algunos de sus miembros, puede terminar por tirar al traste este extraordinario esfuerzo democrático e impedir que ARENA, desde el Ejecutivo, continué construyendo el sistema de “Paz, Progreso y Libertad” con que soñaba Roberto d’Abuisson.

Sería ideal que el propio mayor d’Abuisson fuese quien asumiera hoy la candidatura presidencial, pero desafortunadamente para ARENA y los areneros, esto no es posible, pues hoy el mayor sólo vive en sus corazones y en la vigencia de sus ideales y pensamientos. También habría sido ideal que la selección del candidato hubiese sido llevada a una votación abierta en la que participaran todos los ciudadanos que votan por ARENA, ya que, en últimas, son ellos quienes sustentan la existencia misma del partido. Pero lo ideal es enemigo de lo bueno.

Las estructuras de base del partido a la hora que escoger deben pensar de manera más pragmática que política, de suerte que la selección debe darse entre aquellos que gozan de reconocimiento y favorabilidad, no entre las estructuras del partido, sino entre sus electores, ya que es en la cancha de estos donde se desarrollará la contienda de marzo de 2004. Además, porque a escasos ocho meses de la elección, no hay tiempo suficiente para que la estrategia de campaña tenga que comenzar por hacer conocer a uno de sus miembros y paso seguido vender a los ciudadanos que se trata del candidato adecuado para resolver los problemas que más los aquejan y responder a sus demandas y aspiraciones.

La próxima elección presidencial representa un gran reto que requiere de un candidato verdaderamente decidido a asumirlo, ya que se trata de competir contra el propio desgaste de tres períodos consecutivos de ejercicio del poder, pero también contra la percepción de los ciudadanos, que para efectos electorales termina siendo la realidad, según la cual hoy ARENA ha dejado de ser el partido de la paz, de la reconstrucción y de las grandes reformas, y en todo caso, si continúa siéndolo, los ciudadanos no perciben que ello produzca efectos concretos que contribuyan a aliviar sus necesidades económicas familiares del día a día y los temores de los miembros de sus familias frente a la delincuencia.

Caer en la tentación de escoger al candidato que cuenta con la mayor ascendencia y simpatía entre las estructuras políticas del partido, lo cual es relativamente fácil para cualquiera de los ex presidentes en caso a que se decidan a participar, podría llegar a ser muy peligroso para el futuro de ARENA, porque la verdadera contienda no radica en demostrar quién es capaz de quedarse con la candidatura, sino quién es el líder que hoy es capaz de unificar a todas las tendencias del partido, quién tiene una hoja de vida y de servicios que garantice su conocimiento del Estado y su capacidad eficiente de trabajo, a quién identifican los ciudadanos como el más capacitado para resolver los problemas que hoy más aquejan a los ciudadanos y quién es aquel que de verdad garantiza que el ejercicio de apertura y democratización del partido no resulta ser una burla en la percepción de los salvadoreños.

Porque si lo que quiere ARENA es continuar proyectando su ideología y sus ideales, entonces son los propios miembros del partido, desde la base hasta la cúpula, quienes deben comenzar por demostrar que respetan el pensamiento democrático de quien enseñó que “el arma más poderosa de los hombres libres es el voto”.
*Lic. en Periodismo.

 

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