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Breve
análisis
¿Candidato bueno o partido unido?
Los
dilemas están claros, el Frente debe decidir si le pone vestido
rosado a un candidato rojo o si le pone vestido rojo a un candidato
rosado. La segunda variable implica aceptar que quien manda es el
presidente y no el partido
Oxford,
Inglaterra. Tanto ARENA como el FMLN están buscando cómo
escoger su candidato presidencial, haciendo lo que podríamos
llamar unas primarias controladas. Por distintas razones
y en diferentes momentos, ambos partidos se comprometieron a abrir
sus mecanismos de selección.
En el camino han descubierto los riesgos que entraña ir
demasiado rápido en la democracia partidaria y ahora intentan
hacer algo que parezca primaria, aunque no lo sea. Las dudas, temores
y problemas de cada lado son diferentes.
El FMLN tiene dos problemas fundamentales: el debate entre los duros
y los moderados, quienes de nuevo han retoñado en el Frente,
y la relación entre el candidato y el partido. El primer
problema es asunto de fuerza y el segundo deriva en la relación
partido-presidente en caso de que el FMLN ganara la elección
con un candidato que no sea militante del partido. La pregunta es
entonces: ¿Podrá el FMLN asegurar que el elegido respetará
la línea del partido?
Aunque el sector moderado del Frente tenga otras ideas, el programa
del FMLN está marcado por las posiciones que sostienen sus
principales dirigentes. Esto implica que el candidato del Frente
tendría que comprometerse a eliminar o reducir el IVA, crear
un nuevo impuesto aplicable sólo a los más ricos,
restablecer el colón y recoger los dólares, re-estatizar
la telefonía y la energía, revisar la privatización
de los bancos, romper o renegociar los tratados de libre comercio
con EE.UU. y México, aumentar salarios y bajar precios, buscar
inversionistas extranjeros dispuestos a pagar salarios altos y muchos
impuestos, mejorar la salud y la educación con poco dinero
y sin molestar a la burocracia, fortalecer a la pequeña y
mediana empresa con un mercado interno reducido por los empleos
que se perderían resultado de los temores de la gran empresa,
romper relaciones con Taiwan y abrirlas con China popular, abrir
embajada en La Habana y apoyar a Fidel Castro en su peor momento,
desmontar la base estadounidense antidrogas de Comalapa, no respaldar
condenas internacionales contra el terrorismo, darle reconocimiento
político a las FARC de Colombia y, finalmente, iniciar una
política hostil hacia Estados Unidos, al mismo tiempo que
solicita amnistía migratoria para 500,000 compatriotas que
están ilegales y evita repatriaciones masivas en función
de asegurar que continúe el flujo de remesas que sostienen
nuestra economía.
Si el candidato no es del partido, tendría que negociar el
programa, aceptar unas cosas y rechazar las que pueda. El programa
es irracional, pero la duda de los duros del FMLN es razonable acerca
de candidatos no militantes, sobre todo si los personajes tienen
ideas propias y no son hombres acostumbrados a la disciplina partidaria.
¿Quién usa a quién es entonces la cuestión?
Ideológico o foráneo, el escogido del FMLN significaría
crisis, la diferencia es que con el foráneo el conflicto
comenzaría adentro del gobierno mismo, tal como ocurrió
con Héctor Silva en la Alcaldía. Contrario a lo que
la mayoría piensa, Schafik Handal, el gran elector del Frente,
terminará escogiendo al foráneo que más se
comprometa con la línea dura del FMLN, dejando establecido
un conflicto potencial dentro del Frente.
En ARENA, el cambio en el mecanismo de selección del candidato
está vinculado a la crisis provocada por la reciente derrota
electoral. Esto ya había ocurrido en 1997 y en el 2000; sin
embargo, la cercanía de la elección presidencial les
impidió controlar las emociones, y el debate acabó
con el sistema vertical para tomarse a ARENA. Si el FMLN ya secunda
un populismo de izquierda que ofrece lo que no se puede, el país
empeoraría más si ARENA cayera en manos de un populismo
de derecha que agarra hasta lo que no hay. La gran pregunta es:
¿Pueden nuestros partidos controlar los efectos de elecciones
primarias?
En primer lugar, unas primarias suponen calentar y enfriar disciplinadamente
un debate interno, controlar los peligros de fraccionamiento y mantener
la unidad del partido cualquiera sea el resultado. La institucionalidad
partidaria necesita entonces estar por encima de cualquier caudillismo
interno. La historia de primarias en los otros partidos fue que
los generales se mataron políticamente, perdieron el control
de los partidos y estos quedaron en manos de los sargentos y los
cabos. Un segundo elemento en unas primarias es que a la ahora de
apoyar a uno u otro candidato interno, todo lo que se diga de ellos
será usado contra el partido en la campaña.
Esto supone una autorregulación de los argumentos y una filosofía
programática común entre los contendientes. La frontera
de la diferencia en el bando propio se vuelve complicada de explicar
cuando las bases tienen poca formación política, lo
más fácil es pegarle al adversario como si fuera del
partido contrario. Por ello se volvió tan común el
ataque de vendidos en las experiencias de debates internos en otros
partidos.
Un último punto es que en unas primarias es fundamental establecer
de antemano lo que gana el que pierde. Este aspecto supone la existencia
de fracciones o grupos al interior del partido, que tienen capacidad
negociadora y suficientes márgenes de concesión a
sus adversarios. Es esto lo que permite que luego de las primarias,
el partido funcione plenamente alrededor del candidato ganador.
La victoria basada en la exclusión asegura el control interno,
pero debilita al partido hacia fuera.
En nuestro país, el FMLN, el PDC y el mismo ARENA han concluido
sus debates con procesos de exclusión de dirigentes y generación
de fracciones disidentes. Hasta ahora no hay una experiencia positiva
en los partidos en negociaciones, que tengan como propósito
ceder espacios al perdedor para conservarle al partido capacidad
ganadora.
Los dilemas están claros, el Frente debe decidir si le pone
vestido rosado a un candidato rojo o si le pone vestido rojo a un
candidato rosado. La segunda variable implica aceptar que quien
manda es el presidente y no el partido.
En el caso de ARENA, el dilema es si los candidatos sabrán
pelear con guantes y si el ganador será capaz de mantener
al perdedor a su lado. Los resultados de marzo demostraron que los
partidos fueron más importantes que los candidatos. El dilema
común es si esto será igual para el 2004.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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