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Opinando
Hay un común denominador
Tal
es: el beneficio de El Salvador, el progreso de nuestro país,
que involucra el bienestar de los salvadoreños, por lo que
estamos seguros de ser este el fin que perseguimos y ardientemente
anhelamos.
Lo cual es hoy de capital importancia y, sobre todo, cuando se
avecinan unas elecciones presidenciales cuyo resultado será
decisivo.
Pues o continuamos en la construcción de un sistema democrático
en que estamos empeñados, o marcamos un retroceso al plan
bajo una dictadura estatal, en donde un solo partido bien
conocido y un grupo con espíritu de arrasar lo hecho,
nos sitúe en el bando de países de socialismo radical.
O sea que cada uno en lo personal y cada filiación política
en particular, con denuedo, debe trabajar por sacar adelante los
patrióticos ideales anteriormente dichos.
Lo que no se logrará con antagonismos sin sentido, con actuaciones
violentas, con ánimo de destrucción y anulación
de lo bueno que otros han hecho, únicamente porque no piensan
como nosotros. Debemos estar conscientes de que no será con
acciones revanchistas y agresivas que se solucionarán los
urgentes y graves problemas que nos agobian. De ahí lo peligroso
que es azuzar a las masas ignorantes, pues a estas, una vez enardecidas
y desbocadas, nadie, ni los mismos azuzadores, las podrá
contener. Y las que en su desenfreno no respetarán nada,
ni a ellos mismos.
Por eso esperamos que a los líderes violentos, con mentalidades
ancladas en el pasado, se les excluya y aleje, para no tener que
lamentar actuaciones como la de un jefe de fracción en la
sesión inaugural de la Asamblea Legislativa. Porque de otra
manera llevarán al fracaso cualquier intento de mejorar un
sistema de gobierno que no se adecue a su venenoso y fanático
pensamiento, díganlo las debacles que desencadenaron Stalin,
Hitler y actualmente Fidel Castro, quien, en su despiadada ceguera,
tiene sometido al noble pueblo cubano con temor, hambre y desesperación.
Sin embargo, es oportuno aclarar que no estamos ocultando y menos
olvidando los grandes abusos de algunos políticos de gobiernos
recientes. Por lo que creemos que es un deber ciudadano, con alto
espíritu patriótico, corregir los excesos. Pero sin
revanchismos ni venganzas.
Demos así al mundo un ejemplo de lo que puede hacer un pueblo
como el nuestro, amante de la paz y del sistema democrático.
Pues somos una nación que ha tenido que hacerse con
alma y cuerpo en el fuego, como se funde el bronce, o como se elabora
una estatua, a golpes de cincel y de voluntad.
Hay que unir esfuerzos, hay que concienciar a la gente de la gravedad
del momento y que no prestemos atención ni creamos en promesas
de que no habrá radicalismos, de que el sistema de libres
empresa será respetado, de que continuarán la libertad
de pensamiento, de religión y de tránsito. Ofrecimientos
que se han hecho en otras latitudes y después impunemente
no se cumplen.
Tampoco basta con declarar que amamos a nuestra patria, porque
amarla ha de ser trabajar para engrandecerla, y cuanto repitamos
que la queremos más, tendremos que construirla al tamaño
de nuestro amor.
*Lic. en Filosofía y Dr. en Derecho.
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