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Masacres
Seis muertos en zona oriental

San Miguel. En cada hecho perecieron tres personas y hubo niños como testigos.

Mauricio Vallejo/Miguel Ventura/Inci Mendoza
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Los comerciantes de mariscos María Leticia Gutiérrez, de 24 años y su esposo, José Ezequiel Perla, fueron asesinados por desconocidos que usaron fusiles M-16. Foto Miguel Ventura.

Dos extremos de violencia abatieron a la zona oriental en menos de 48 horas.

Aparentes rencillas personales fueron la causa de un ataque en el que tres personas murieron. Es la sospecha de los fiscales.

En el otro, un supuesto ebrio usó un machete para matar a dos niños. También lesionó a su propio padre y a una menor.

El primero de los casos ocurrió en La Unión.

Un grupo de hombres interceptó a varios pescadores que viajaban en un vehículo y mató a tres personas.

Los agresores usaron fusiles M-16.


Cacaopera, en Morazán, fue el sitio en que se produjo la segunda masacre. Dos niños murieron. Ahí no habrá que investigar mucho. El agresor murió abatido a balazos por los policías.

Temor

En La Unión hay miedo. Mucho se ha hablado de una banda de criminales que usa fusiles M-16.
Un matrimonio y uno de sus empleados perecieron precisamente a manos de hombres con esas características.

“Sicarios” comentan algunos al hablar de rencillas personales de las víctimas con personas cuya identidad no precisan. Hay otras personas amenazadas. “Faltan cinco”, les han dicho.

En Cacaopera la PNC demanda leyes que permitan sancionar a quienes ingieren licor clandestino.

Para ellos, es la causa de muchas acciones violentas.

Muchos vecinos piensan de otro modo. La urgencia de que se incremente la seguridad, especialmente en áreas rurales, se refleja en los dos hechos.


¿Muertes por rencillas?

Lo último que Leticia Gutiérrez gritó antes de ser herida de gravedad, fue: “Corré mi chiquita, andate de aquí”. Luego cayó gravemente herida de bala.

En el ataque murió su esposo José Ezequiel, de 38 años, y un trabajador identificado como Agustín Yánez, de 22.

Los gritos de la mujer, de 24 años, hicieron reaccionar a su hija de cuatro, quien al atender la última orden de su madre se salvó de ser la cuarta víctima de la masacre.

Ocurrió la tarde del sábado 17 en el cantón Playitas, de La Unión.

Ezequiel, Leticia, Agustín y otras dos personas se desplazaban en un vehículo cuando fueron interceptados por dos desconocidos que viajaban en una camioneta.

Los amenazaron con fusiles M-16 y les ordenaron bajarse.

Ezequiel discutió con uno de los sujetos y forcejearon por el arma. Fue entonces que les dispararon.

Ezequiel y Agustín murieron.

Una familiar de Leticia afirma que le avisaron y halló a la niña llorando cerca del lugar del crimen.

Ahí estaban los cadáveres de los dos hombres. A la joven la habían llevado a un hospital. Hacia allá se dirigió la familiar y encontró a Leticia aún con vida. Pedía que no la dejaran morir, que quería ver crecer a sus hijos.

Su llanto fue vano. Falleció poco después.

La velación de los pescadores estuvo llena de angustia. Sus parientes han sido amenazados de muerte.

 

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