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Opinando
Se necesita un Presidente

Un complemento sería su disposición de hacer suyos los colores de la bandera del país al asumir como primer mandatario.

Rafael Rodríguez Loucel*
El Diario de Hoy
rloucel@utec.edu.sv

La semana pasada abordamos dos ejemplos de la vida real. Ahora seguimos con otros dos.

Falta apenas un año para que tome posesión un nuevo Presidente. Recién pasadas las elecciones de diputados y alcaldes, la noticia y el tema político gira alrededor de las expectativas de los futuros precandidatos o candidatos a ocupar el más alto cargo político del país: la Presidencia de la República.

Si se tratara de un simple cargo bastaría con sacar un anuncio que más o menos dijese: requisitos___, se ofrece ___, interesados favor enviar su currículum vitae a la caja N°_ . Pero se trata de aspirar al cargo de primer mandatario de un país con serios problemas de orden social, económico, político, ambiental y cultural.

Se trata de coordinar un Poder Ejecutivo que sea capaz, junto con los otros poderes del Estado, de mejorar la calidad de vida de más de seis millones de habitantes, ocho millones quizá en el 2009 en el mismo territorio; de ampliar y mejorar la calidad de los servicios de educación y de salud pública; de combatir la corrupción en el Estado y en la sociedad civil; de combatir el crimen organizado; de instaurar una democracia y una participación directa del pueblo en las decisiones trascendentales; de reducir la pobreza extrema y erradicar la pobreza relativa; de fortalecer el sistema jurídico y la seguridad jurídica; de respaldar la libertad de expresión y de prensa, y de respetar el resto de los derechos humanos y las libertades individuales.

También es urgente que ese ciudadano Presidente coordine un gobierno que agote los esfuerzos por sanear el medio ambiente y establezca sistemas de respuestas a catástrofes naturales como huracanes, inundaciones y terremotos; propicie un sistema productivo eficaz, competitivo y de equidad en la distribución del ingreso generado; reduzca sustancialmente los déficit fiscal y comercial; disminuya en forma significativa y responsable la deuda gubernamental, a fin de propiciar junto a un crecimiento sostenido generador de empleo, una estabilidad macroeconómica, en el sentido estricto del termino. La labor social sería intensa, pues están en juego el bienestar presente y futuro de generaciones de salvadoreños que aspiran disfrutar de los beneficios del crecimiento y la globalización.

La lista de las funciones de un nuevo Presidente resulta extensa. Lo que se ha mencionado es a manera de ejemplo. Por otra parte, es requisito necesario en el perfil del candidato que sea una persona íntegra, honesta y con mucha ética profesional. Sobre todo, deberá tener una mística de entrega y servicio a los legítimos intereses del pueblo que lo elige. Ser Presidente de todos los salvadoreños tendrá que ser una realidad más que una promesa.

ARENA definió los requisitos básicos, entre los cuales figuran los siguientes: Primero, los establecidos en el artículo 151 de la Constitución de la República. Segundo, tener capacidad, honestidad, moralidad y liderazgo y, finalmente, poseer instrucción y preparación profesional idónea para fungir como Presidente. Y una vez elegido, adquirir el compromiso formal y por escrito de gobernar el país de acuerdo con los principios de una auténtica economía social de mercado.

Independiente de los colores y de la ideología a que directa e indirectamente hace alusión el partido político en referencia, el perfil mencionado tiene parte de los aspectos fundamentales para un ciudadano con potencial para ejecutar las funciones que El Salvador requiere de su futuro Presidente.

Un complemento importante sería su disposición de hacer suyos los colores de la bandera del país al ser investido como primer mandatario y adquirir el compromiso formal y por escrito de gobernar con el pleno convencimiento de hacer prevalecer los principios colectivos sobre los individuales.

En adición, debe poseer carisma, capacidad de liderazgo, probidad comprobada y una capacidad efectiva de convocatoria y de concertación. Podíamos exigir mucho más, pero si en nuestra licitación encontrásemos un ciudadano salvadoreño que reúna los requisitos antes señalados, un gran número de abstencionistas y ausentistas saldrían de su letargo para ejercer el voto, y por que no, hasta algunos hermanos lejanos podrían venir al país exclusivamente a ejercer ese derecho.
*Economista.

 

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