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Palabras
El nefasto monsieur Guillotin

La sociedad crea sus “monstruos”, y las leyes los determinan como “culpables”, porque en el fondo la población necesita que la culpa de su subconsciente sea llevado a plaza pública, encarnado en el reo al cual se le castiga, decapitándolo.

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En esa forma, la conciencia colectiva se “absuelve” de culpas. Eso ha sucedido desde los coliseos romanos hasta nuestras guerras y genocidios actuales, movido por la economía de guerra de los imperialismos.

La guillotina —del célebre monsieur Guillotin— fue una máquina usada para decapitar a los condenados y fue, al fin, un invento mecánico (tecnológico en aquella época de cambios), donde la monarquía agonizante daba lugar al nacimiento de la república, pero con ello a que las sociedades siguieran viendo la forma de comprar su propio dolor.

Todos compramos tarde o temprano nuestro propio sufrimiento. Hay hombres celosos que pagan espías para comprobar y saber con detalles las infidelidades de su mujer. Conocí un tipo que lo hacía. Y cada vez sentía el pobre hombre dolor de saber una nueva traición, después de pagar, claro está. Se acostumbró a eso. A ese tipo de mercancía.

Hoy misiles y bombardeos heredan el trágico linaje de la guillotina.


Dia a Dia

¿Quién en su sano juicio quiere volver a la vieja ANTEL, al INPEP, a los bancos estatales de la década perdida? La excelente calidad de las comunicaciones es un factor clave para volver competitivas las empresas salvadoreñas de cara a la competencia externa. Además, como dijimos, no dispone el país de los recursos para comprar de vuelta las empresas de telecomunicaciones, el vacío que se generaría puede ser mortal para las actividades conexas.

También queda la interrogante sobre la suerte que correrían los miles de empleados de las empresas que quedarían en la calle.

Los comunistas, como se vio durante la campaña, andan ofreciendo “crear abundante empleo”. Una de las maneras de hacerlo es como en Cuba, a fuerza de poner a la gente a trabajos forzados que se pagan a veinte y treinta dólares por mes. La otra, la que existe hoy, es incentivar las inversiones.

 

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