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Palabras
El nefasto monsieur Guillotin
La
sociedad crea sus monstruos, y las leyes los determinan
como culpables, porque en el fondo la población
necesita que la culpa de su subconsciente sea llevado a plaza pública,
encarnado en el reo al cual se le castiga, decapitándolo.
En esa forma, la conciencia colectiva se absuelve de
culpas. Eso ha sucedido desde los coliseos romanos hasta nuestras
guerras y genocidios actuales, movido por la economía de
guerra de los imperialismos.
La guillotina del célebre monsieur Guillotin
fue una máquina usada para decapitar a los condenados y fue,
al fin, un invento mecánico (tecnológico en aquella
época de cambios), donde la monarquía agonizante daba
lugar al nacimiento de la república, pero con ello a que
las sociedades siguieran viendo la forma de comprar su propio dolor.
Todos compramos tarde o temprano nuestro propio sufrimiento. Hay
hombres celosos que pagan espías para comprobar y saber con
detalles las infidelidades de su mujer. Conocí un tipo que
lo hacía. Y cada vez sentía el pobre hombre dolor
de saber una nueva traición, después de pagar, claro
está. Se acostumbró a eso. A ese tipo de mercancía.
Hoy misiles y bombardeos heredan el trágico linaje de la
guillotina.
Dia a Dia
¿Quién en su sano juicio quiere volver a la vieja
ANTEL, al INPEP, a los bancos estatales de la década perdida?
La excelente calidad de las comunicaciones es un factor clave para
volver competitivas las empresas salvadoreñas de cara a la
competencia externa. Además, como dijimos, no dispone el
país de los recursos para comprar de vuelta las empresas
de telecomunicaciones, el vacío que se generaría puede
ser mortal para las actividades conexas.
También queda la interrogante sobre la suerte que correrían
los miles de empleados de las empresas que quedarían en la
calle.
Los comunistas, como se vio durante la campaña, andan ofreciendo
crear abundante empleo. Una de las maneras de hacerlo
es como en Cuba, a fuerza de poner a la gente a trabajos forzados
que se pagan a veinte y treinta dólares por mes. La otra,
la que existe hoy, es incentivar las inversiones.
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