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Sus
informes contables, están refrendados por un auditor
que nadie conoce en España.
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Participó
en una licitación pública con fotocopias alteradas
de sus estados financieros.
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Nuevas
anomalías de Alviz
Los
negocios de Joaquín Alviz en El Salvador se convierten en
una permanente sorpresa.
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| ¢198. por carro. Joaquín Alviz
pretendía cobrar ¢198.05 por cada vehículos
salvadoreño revisado en su tinglado de empresas. Con
ese precio ganó una licitación claramente amañada
tras saltarse controles. Foto: EDH/José
Luna |
En su desesperación por brincarse toda suerte de trancas
legales y alzarse con el ciento por ciento del negocio de la revisión
de vehículos, Joaquín Alviz hasta usó auditores
españoles que no ejercen sus cargos o que, simplemente, nadie
conoce quienes son.
Ese hecho se descubrió, recientemente, después de
analizarse los estados financieros que compañías relacionadas
con Alviz presentaron en la licitación pública que
realizó el Ministerio del Medio Ambiente para concesionar
la revisión técnica de los autos.
Fue en mayo de 1999 cuando esa cartera abrió el concurso
para administrar las plantas de revisión técnica vehicular.
Lo que se pretendía era entregar esa tarea a dos compañías
diferentes. Incluso, se especificó que, en ningún
momento, podía, la misma compañía, participar
en asociación o, individualmente, en más de una oferta.
En el concurso participaron las firmas Icasur (controlada por Joaquín
Alviz), Inceysa Vallisoletana (en principio se creía independiente
pero también lo dominaba Alviz); Talsud- Sertracen; Supervisión
y Control y Mustang de El Salvador (que finalmente se retiró).
A las compañías se les pidió que demostraran
su capacidad financiera mediante estados contables debidamente certificados
por auditores independientes o por autoridad competente.
Cómo actuó
Ahora se conoce que para controlar toda la licitación, Alviz
no sólo presentó la oferta de su compañía
Icasur sino que viajó a España y compró una
sociedad que se dedicaba a importar bisutería.
Luego le cambió la razón social y, mediante una serie
de acciones anómalas, la convirtió en una especie
de compañía especialista en revisión de vehículos.
Esa empresa se denomina Inceysa Vallesoletana y Alviz puso a presidirla
a un empleado suyo llamado Antonio Martínez Lavado.
Ahora se descubre que quien certificó los estados financieros
de Icasur fue el señor Joaquín de Arespocochaga Llópiz.
Incluso, a la certificación se le agregó que Arespocochaga
es censor jurado de cuentas inscrito en el registro
oficial de auditores de Cuentas de España.
Cuando se le preguntó al Ministerio de Economía de
ese país sobre ese personaje, corroboraron su nombre en el
Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas.
Desde España se respondió que Arespocochaga está
identificado como auditor no ejerciente.
La otra empresa controlada por Alviz, Inceysa Vallesoletana, acreditó
sus cuentas firmadas por un supuesto auditor llamado Juan José
Angulo López.
La respuesta recibida desde España no fue menos sorpresiva:
no se encuentra ningún auditor identificado como José
Angulo López.
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Los negocios de Joaquín
Alviz en El Salvador se convierten en una permanente sorpresa.
Foto: EDH/José Luna
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De acuerdo con todo eso, Alviz habría cometido falsedades
materiales e ideológicas en los documentos presentados en
el Ministerio del Medio Ambiente.
Pero, a pesar de esa anomalía, y otra serie de conductas
realizadas por el controvertido empresario español en El
Salvador, la Fiscalía General de la República todavía
no presenta cargos formales contra él y nadie entiende por
qué no lo hacen.
Eso sucede a pesar de que, desde el 24 de febrero pasado, el Ministerio
del Medio Ambiente presentó una denuncia contra las actuaciones
de Alviz en ese concurso público.
El gobierno también pretende crear un procedimiento legal
para que se anulen y dejen sin efecto jurídicos los contratos
firmados con las compañías con las que Alviz está
relacionado. Esos contratos se firmaron el 17 de noviembre del año
2000.
Otras anomalías
Al estudiarse los estados financieros presentados por Alviz y su
empleado Martínez Lavado sobre las compañías
Icasur e Inceysa, también se ha comprobado que basta con
cotejar los valores que mostraron en concepto de activos y resultados
para comprobar que no reflejan la realidad financiera de su
situación financiera.
También se estableció que las informaciones financieras
de las dos compañías no provienen de una fuente veraz.
Los estados financieros de Icasur y de Inceysa consisten en fotocopias
certificadas por notario de documentos sin constancia de inscripción
en algún registro mercantil.
La información que se incluyó en los estados financieros
es distinta a los que consta en los estudios contables correspondiente
a los mismos años inscritos en los registros mercantiles
de España.
Además, las investigaciones del Ministerio del Ambiente concluyen
que las dos sociedades anónimas a las que se les entregó
el concurso público por diez años, tienen vínculos
entre sí.
Parte de los errores cometidos por Alviz y que permiten corroborar
esa relación, se encuentran en documentos en poder del Ministerio
del Ambiente.
En una primera licitación que fue declarada desierta (realizada
en marzo de 1999), Alviz incluyó dentro del organigrama de
Icasur, al señor Antonio Martínez Lavado.
En ese documento se menciona que es el jefe del área de estructuras
de Icasur.
Se agregó un currículum vitae de Martínez Lavado
en el que éste asegura que trabaja en Icasur desde 1995.
En la segunda licitación, Alviz desapareció, adrede,
el nombre de Martínez Lavado de su empresa.
Sorpresivamente, en este otro concurso público participa
Inceysa aunque Martínez Lavado surge como su presidente y
como un supuesto experto en revisión técnica de vehículos.
Revisión técnica
- En la licitación pública se exigió comprobaciones
de la organización empresarial y años de experiencia
en sus ramas de negocios. Los controles sobre esos hechos fallaron,
dramáticamente, en el Ministerio del Medio Ambiente. Alviz
fue capaz de inventarse cualquier cosa en las ofertas que presentó.
- También debía demostrarse la capacidad financiera
de la firma mediante estados financieros debidamente certificados
por auditores independientes. Para colmo de males, los auditores
que utilizó Alviz o no están activos o ni siquiera
aparecen registrados en España.
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