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Analizando el mercado
LA ÉTICA EN LAS CAMPAÑAS PUBLICITARIAS

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Los anunciantes deben recordar que el placer puede ser a la vez agradable y perjudicial, pero que el hombre es asceta por excelencia.

La eliminación de la publicidad de condones de sabores y la sugerente frase de motivación han causado felicitaciones a la entidad que ordenó su retiro, explicaciones de la empresa responsable, excusándose de que la campaña no fue diseñada en el país y que tenía un fin eminentemente pedagógico al contribuir a la educación sexual de los jóvenes y críticas sarcásticas para sectores calificados de virtuosos por haber expresado su rechazo a la campaña. Pero muy poco se ha analizado la dimensión ética que tienen las campañas publicitarias, independientemente del producto que anuncien, y la responsabilidad de los medios de comunicación.

En su libro “La hora de la ética empresarial”, el Dr. José María Ortiz-Ibars afirma que en cuestiones de mercadeo y publicidad la responsabilidad de los medios en cuanto al producto ofrecido es únicamente del 50%, por cuanto los consumidores, en pleno uso de su libertad, tienen el derecho de elegir entre comprar y no comprar, asumiendo así el otro 50% de responsabilidad, que puede experimentar diversas variables, siempre y cuando dichas campañas se apeguen estrictamente a la verdad.

Las empresas productoras de cigarros en EE. UU. ven los mercados latinoamericano y europeo como una excelente posibilidad ante la evidente caída de sus ventas por las fuertes campañas anti-fumado vigentes actualmente en ese país. Una de las estrategias propuestas para el mercado adolescente es enviar como impulsoras a lindas rubias, con ajustados jeans (cow-girls), que se colocan en la entrada de escuelas, restaurantes de comida rápida y lugares frecuentados por la juventud. Regalan paquetes de muestra, con el incentivo de que si el muchacho (a) lo abre y se fuma allí mismo el primer cigarro, recibe atractivos anteojos de sol de última moda y otra cajetilla, donde en forma clara se advierte que fumar es dañino para la salud, puede producir cáncer, y que la compra bajo su propio riesgo, para dar estricto cumplimiento a ese requisito legal. ¿Es ética esta política de mercado?

Se puede argumentar que si la advertencia en las cajetillas es bien clara y si los adolescentes fuman es porque sus padres se los permiten y la empresa no tiene ninguna responsabilidad, ya que los compradores tendrían la opción de no hacerlo. Pero hay que considerar que se trata de un mercado adolescente, sin criterios suficientes para decidir que no siempre lo que más agrada es lo que más conviene, que es presionado por la belleza de las muchachas, los anteojos de moda y el reto de fumar ante los compañeros como señal de autonomía y madurez. Y que tampoco se sabe si lo hace frente a sus padres. Visto bajo este prisma, el adolescente no es libre como para tomar una decisión, sino que es presionado por muchos elementos, ante los cuales tiene más probabilidades de sucumbir, lo cual no es ético.

Sobre el uso del preservativo y las campañas masivas para incentivarlo se ha dicho mucho, y por más que se reflexione resulta difícil creer en la buena fe de quienes lo consideran como el método más eficaz contra los embarazos no deseados, contra el sexo irresponsable y como la solución a la tan precaria educación sexual de los adolescentes, cuyos padres (si es que los tienen) se niegan a impartir.

Por otra parte, los resultados obtenidos en países donde se reparten los preservativos en forma masiva y gratuita, con utilidades de millones de dólares para los fabricantes, se pueden medir en una juventud que no ha avanzado en materia de valores ni en fortalecimiento de la familia, pero ha multiplicado los infectados de sida y los embarazos. Por el contrario, parece que el uso del condón ha sido un aliciente y un incentivo para el sexo precoz, que degenera irremisiblemente en la promiscuidad.

La campaña en cuestión iba dirigida hacia el mercado adolescente, y fue sabiamente diseñada con el ingrediente de los sabores y la frase picante para causar el efecto deseado: promover su venta y motivar al sexo a ese mercado de tan fácil manipulación. Asimismo, buscaba fomentar comportamientos humanos pobres para lograr decisiones de escasa calidad, a partir de un bajo nivel de reflexión y de una fuerte carga emocional.

Los anunciantes deben recordar que el placer puede ser a la vez agradable y perjudicial, pero que el hombre es asceta por excelencia, por ser el único capaz de negarse un placer por obedecer a un principio. Hay que enseñar principios para fortalecer la voluntad de los jóvenes y lograr que se conviertan en seres con carácter, que al crecer merezcan llamarse hombres y mujeres en el completo sentido de la palabra.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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