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Comentando
Epidemias
De
poco sirve que en una vecindad unas personas tomen las medidas recomendadas
si el resto no lo hace, pues ni los zancudos ni las cucarachas ni
las ratas saben cuáles son los límites entre una casa
y la de los vecinos.
El mundo se está plagando de nuevas epidemias, de enfermedades
desconocidas que trastocan la salud de las personas de forma grave
y las llevan o bien al borde de la muerte, cuando se detectan a
tiempo, ya que existen medicamentos para curarlas y dinero para
comprarlos, o a la muerte segura, por no tener la resistencia para
generar los anticuerpos, la disponibilidad de los medicamentos adecuados
o el dinero para comprarlos.
No es imprevisible que -independientemente que la fuente del sida
está en África, y la del SARS, en la China- no las
podamos tener aquí. El sida está en El Salvador desde
hace años, y el SARS quizás también, por la
gente que viaja continuamente de un país a otro.
Está claro, entonces, que ni para el sida ni para el SARS
hay que ir tan lejos para contraerlos. Por otro lado, son epidemias
caras de combatir, pues los costos de las curaciones por paciente
son altísimos. Ojalá que de verdad estén tomando
las medidas necesarias para aislar a los pacientes sospechosos de
haberla adquirido...
Recientemente, viajé a Nicaragua y me gustó que un
señor a la entrada del recinto de migración entregara
a cada viajero una hoja donde estaban los teléfonos a los
que había que llamar si la persona sentía determinados
síntomas. A mi regreso a El Salvador, por lo menos en el
momento que pasé por migración o la aduana, nadie
me dijo nada.
¿Y qué pasa con las viejas epidemias? Las que nos
visitan todos los inviernos, que causan una inmensidad de gastos
directos, indirectos e incluso muertes. Me refiero a las enfermedades
que transmiten los zancudos y las que se generan por falta de higiene
en el hogar y otros entornos. Ojalá que este año haya
prevención y que los responsables no reaccionen demasiado
tarde.
Mi objetivo hoy es generar reflexión en pro de la prevención
de estas epidemias, que creo dependen más de la falta de
educación y buenos hábitos, que de la manía
de dejar las cosas para última hora y no hacer caso a las
instrucciones del Ministerio de Salud.
Hace algunas semanas estuve cerca de cuatro personas que sufrieron
varicela. Temí que también a mí me atacara
y tomé las medidas preventivas.
¿Qué está haciendo usted para que en su casa,
ahora que empieza el invierno, no haya dengue, cólera o incluso
rabia? Pues de las tres enfermedades hay en estos momentos en nuestro
país.
Y si usted es empresario o director de una empresa, ¿qué
está haciendo para que en su empresa no entren las epidemias
"salvadoreñas" de todos los años?
Tome en cuenta que las epidemias no sólo afectan y ponen
en peligro a las personas que las sufren, sino a todas las que se
encuentran en un entorno de por lo menos unos cuatrocientos metros.
En un reportaje que vi en la televisión sobre epidemias que
transmiten los zancudos, escuché que el espacio donde se
mueve un zancudo tiene un perímetro de unos cuatrocientos
metros, lo mismo que una rata o una cucaracha, que son los transmisores
por excelencia. Es decir que cuando la epidemia llega a la vecindad,
pone en riesgo a todas las personas de ese entorno.
Por esto es que la solución eficaz contra las epidemias es
el trabajo en equipo y coordinado de la vecindad con las autoridades
responsables de su prevención. De poco sirve que en una vecindad
unas personas tomen las medidas recomendadas si el resto no lo hace,
pues ni los zancudos ni las cucarachas ni las ratas saben cuáles
son los límites entre una casa y la de los vecinos. Lo mismo
sucede en un polígono industrial, donde no basta con que
sólo en una empresa se tomen medidas preventivas, es mucho
mejor si lo hacen todas en conjunto, en una actividad coordinada
por alguna de ellas que quiera tomar la iniciativa, o bien por la
Alcaldía.
Pero además de las nuevas y las viejas enfermedades contagiosas
que debemos evitar a toda costa que se conviertan en epidemias,
en El Salvador tenemos también que trabajar para reducir
al mínimo otras enfermedades conductuales, que
generan una inmensidad de costos adicionales y frustraciones. Entre
ellas, por ejemplo, costumbre de presentarse tarde a las citas.
Hace días en una reunión, hablando precisamente sobre
este tema, me dijo alguien con buen humor, que en El Salvador una
forma de perder el tiempo es llegando puntual a las reuniones.
Concluyo que se debe a que la mayor parte de la gente presupone
que el resto de los invitados llegará tarde.
Si es así, esta epidemia tiene difícil solución,
aunque si nos lo proponemos y los que creemos en el valor del tiempo
seguimos siendo puntuales, no pierdo la esperanza de que poco a
poco haremos cambiar a nuestros colegas y amigos. Otras enfermedades
conductuales muy caras por el costo de oportunidad son posponer
las decisiones importantes por pequeñeces que no aportan
nada o bien permitir explicaciones que ya se sabe son medias verdades.
Con la llegada de empresarios y gente de negocios de otros países
a El Salvador en busca de alianzas estratégicas o de negocios
conjuntos o bien con la salida de los empresarios salvadoreños
a otros países en busca de negocios por razón del
TLC, irán dándose cuenta de la importancia de la puntualidad
y el cumplimiento de los plazos de entrega, que al final también
dependen de cómo se maneja el tiempo en el entorno personal
Para terminar
si viaja, cuídese de las nuevas epidemias,
si estará aquí protéjase de las viejas conocidas,
y en la búsqueda de un mejor rendimiento y calidad de vida,
ayude a eliminar las "enfermedades conductuales" salvadoreñas,
que nos generan frustraciones y mucho desperdicio.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.
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