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La nota del día
En Cuba privatizaron la industria turística

Por más que se quieran engañar, y le digan a la gente que Cuba es un paraíso, bien saben los comunistas salvadoreños que el “modelo” de Fidel es una catástrofe.

En su perorata del lunes 12, el secretario general del Partido Comunista y jefe de la fracción diputadil del FMLN, Schafik Handal, dijo que revertiría las privatizaciones y que “La gran empresa debe ser garantizada en la medida que cumple con las leyes y los parámetros de justicia social”. Hay mucho que decir al respecto.

Lo primero, que Fidel Castro ha privatizado en su totalidad la industria turística, además de buscar asesoría de grandes empresas del exterior para realizar muchas obras. Son foráneas todas las grandes cadenas de hoteles que operan en Cuba, empresas grandes, fuertes y altamente tecnificadas.

Además una gran empresa salvadoreña, TACA, opera vuelos de Cubana de Aviación amén de asistir esa entidad en otras áreas.

En cuanto a lo otro, Dios sabrá que entiende el señor Handal por eso de “cumplir parámetros de justicia social”. Si por ello se entiende el pago de buenos salarios, ofrecer al personal oportunidades de superación, brindar muchas prestaciones y un adecuado o superior ambiente de trabajo, no conocemos de ninguna grande o mediana empresa en este país que no cumpla con tales criterios.

La mejor demostración es que cada recién graduado de universidad, egresado de bachiller, técnico o joven que alcanza la edad adulta, aspira a incorporarse al trabajo de una gran empresa. Es en ellas donde su ingreso será mejor, aprenderá más, va a conocer las últimas tecnologías y se beneficiará de que en su currículum figure ese vínculo.

La errada noción de que las grandes empresas no cumplen con la “justicia social” se basa en que Marx, que elucubraba sobre la sociedad y la economía hace más de ciento cincuenta años, creyó que el capital se forma “explotando” al trabajador.

Bajo semejante supuesto, a mayor capital que tenga un empresa, mayor será el grado de explotación al que somete a sus trabajadores. Marx ignoraba el papel de la innovación en el crecimiento de las empresas, lo que es el buen mercadeo, o el aporte que hace la tecnología y la inventiva del empresario, además de otros miles de factores que son claves para el éxito. Los movimientos marxistas del Siglo XXI siguen arrastrando las supersticiones y el desconocimiento de los socialistas de mediados del Siglo XIX.

La ruina de los grandes arrastra al resto

Si fuera suficiente ponerse a explotar para hacer grandes empresas, las habría a la vuelta de la esquina, y Cuba -donde se explota sin misericordia a la población con esos salarios de veinte y treinta dólares por mes- estaría a la cabeza del mundo en prosperidad. Por más que se quieran engañar, y le digan a la gente que Cuba es un paraíso, bien saben los comunistas salvadoreños que el “modelo” de Fidel es una catástrofe.

¿Qué harán los comunistas, hay que saberlo, si una empresa no cumple con los parámetros de “justicia social”? ¿Se aplicará la regla a las empresas pequeñas, a las costurerías, a los pequeños agricultores, a las refresquerías de barrio y a los talleres de reparación de vehículos en Soyapango? ¿Vale para los traficantes de ilusiones lo de “o todos en el suelo, o todos en la cama”? Y lo que debe afligir a decenas de miles de personas, ¿qué va a suceder con los empleos de esas empresas? Si las grandes quiebran, en su caída arrastran al resto.

 

 

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