| |

Promesas
pendientes
El
documental es un acercamiento a la ciudad de Jerusalén y
a siete niños, entre palestinos y judíos, que ven
roto su anhelo de amistad.
 |
| Shlomo, un niño judío
con sueños de ser rabí, en su camino a casa se
encuentra con un menor palestino, al que no se atreve ni a mirar
a los ojos. Foto EDH |
Shlomo, un niño judío con sueños de ser rabí,
en su camino a casa se encuentra con un menor palestino, al que
no se atreve ni a mirar a los ojos.
Hay un respeto y una tensión evidentes en ese momento. No
obstante, los supuestos enemigos, en lugar de agarrarse a puños,
miden sus fuerzas en una competencia de eructos. Niños al
fin y al cabo.
Esa es una de las escenas en que Promesas parece decirle
a los adultos que sus diferencias irreconciliables podrían
ser superadas si escucharán más la opinión
de los pequeños.
Los que a su vez no pueden evitar ser influenciados por los temores
y recelos de los adultos a su alrededor.
Casi cinco años estuvieron tres documentalistas recogiendo
los testimonios de niños palestinos e israelíes, para
la filmación de Promesas, documental que se estrenó
ayer en el marco del Segundo Festival de Cine Internacional que
se exhibe exclusivamente en Cinemark Merliot.
Protagonismo infantil
Promesas hurga profundamente en la sensibilidad del
espectador y lo cuestiona sobre la estupidez de cualquier guerra,
en este caso la de palestinos e israelíes.
Sus directores Carlos Bolado, Justine Shapiro y B.Z. Goldberg no
entrevistaron a sesudos analistas, ni a políticos ni a fanáticos
religiosos. Centraron la historia de su película en los niños
de ambos bandos, pequeños sobrevivientes que relatan sus
días, sus desgracias y sus alegrías en medio de las
balas.
Lo mejor de todo es que no se quedaron sólo en la filmación
de la película. Fueron más allá. Reunieron
un grupo de niños israelíes y palestinos para que
se conocieran. Una lección de tolerancia.
Sin embargo, la realidad se les puso de frente. A pesar de que los
protagonistas de este documental descubren que al conocerse las
desconfianzas y los recelos desaparecen, el mundo de los adultos
les dicta una ineludible separación.
La amistad entre niños palestinos e israelíes tendrá
que lidiar con puestos fronterizos de control y una nueva Intifada.
A pesar de esto, el recuerdo de la experiencia vivida a través
de Promesas siembra en estos pequeños la esperanza
de que conociendo al otro es posible convivir con él...
con ese que hasta ahora es el enemigo a muerte. En fin, Promesas
nos acerca a esa realidad que las noticias muy poco nos explican.
Ver este documental es una tarea pendiente para comprender el conflicto
en Medio Oriente y encontrar una posible solución a cualquier
otra guerra.
Un
equipo talentoso
B.Z. Goldberg (Productor y Co-Director), Justine Shapiro (Productora
y Co-Directora) y Carlos Bolado (Co-Director y Editor) son los creadores
de este documental.
El equipo trabajó alrededor de cinco años en este
proyecto que estuvo nominado en la categoría de mejor documental
para los Premios Óscar del 2001 y ha ganado siete festivales
de cine.
Un documental para quienes anhelan la paz
¡Emotiva y genial!
[Erick L. Lemus]
A la
mayoría de la industria hollywoodense siempre se le ha achacado
por ser ligera e intrascendente a la hora de escoger un guión
y llevarlo al celuloide.
Por eso siempre he pensado que el cine documental es la puerta infinita
para reivindicar la esencia del séptimo arte, en cuanto documento
con valor social.
La película que ayer se estrenó en cartelera va a
sacudir la taquilla salvadoreña por una razón simple:
Los niños palestinos e israelíes hablan de lo prohibido,
hablan de la esperanza de paz y ofrecen una visión sin censura,
directa.
La magia del filme justamente es la capacidad de recoger la infancia
de siete chicos con una lluvia de piedras y balas de goma (que surcaron
las calles del barrio) a sus espaldas.
Los creadores de la cinta trabajaron como locos durante tres años.
Cada uno tiene un origen muy particular.
Por ejemplo, B.Z. Goldberg creció en Israel y cubrió
la primera Intifada para Reuters. Carlos Bolado cuenta en su haber
con más de diez filmes mexicanos, entre ellos, su participación
exitosa en el editaje de Como agua para chocolate.
Justine Shapiro, después de hacer un programa de televisión
en Israel, quedó convencida de rodar una película
allí. La cinta tiene una fuerza tan grande por dos causas:
todo lo que ocurre frente a la lente no es ficción y el anhelo
de paz es tan grande que sobrevive a pesar del odio, la muerte y
la sangre que se ha derramado en Tierra Santa. ¡A verla todos!
[Promesas Es un retrato humanista de
un conflicto inhumano. La cinta es un documento sencillo y fascinante
]
Herederos del odio
[Claudia Jimena Rivera]
Cualquiera
que se sienta insatisfecho con la cobertura que las grandes cadenas
de noticias hacen sobre el conflicto árabe-israelí
debería ver esta película, que está cargada
con el drama, el odio y la esperanza que sólo se encuentran
en la vida real, expresados por aquellos que sienten la amenaza
y las agresiones en carne propia.
Los testimonios de siete niños son el hilo conductor de este
súper bien logrado documental, que es el retrato de una generación
que no acierta a entender por qué el odio y la violencia
son los elementos que marcan su presente y su futuro sin que puedan
remediarlo.
Sus
tres directores, entre quienes se encuentra un mexicano, Carlos
Bolado, nos presentan una visión caleidoscópica que
registra diferentes puntos de vista de niños árabes
y judíos de diversos estratos, cada uno con su propia razón
y su propia intensidad para apropiarse de una herencia que no pueden
dejar.
Este documental es un tributo a la apertura y la tolerancia, pero
sobre todo a la niñez, el único campo donde el germen
de la paz puede prosperar.
Si quiere tener una experiencia edificante, fuerte y real, no
dude en verla. Apueste por lo mejor de la cartelera.
[Ver Promesas es tener una experiencia
real, fuerte y edificante. Un tributo a la tolerancia, a la apertura
y a la paz]
|
|