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Opinando
Vida de perros

Salvador Castellanos*
El Diario de Hoy
E-mail: scastellanos@el salvador.com

Poseer perros con una gran potencia física, o con un instinto de protección fuerte, supone una obligación: la de mantenerlos controlados, pues como dueños somos responsables de ellos.

Es negro como una noche sin luna, corpulento como un toro, con dientes de sierra y ojos escrutadores. Un encuentro inesperado con él probablemente le haría buscar la salida más cercana. Pero “Tosco”, mi querido perro rottweiller, es en realidad un ángel con disfraz de demonio. Él sabe que me vencería fácilmente, pero prefiere moverme alegremente el cutuco que tiene por cola y echarse de espaldas para que le sobe la barriga, en señal de total sumisión.

Es tan buenazo “Tosco”, que convive pacíficamente con “Missy”, mi bonachona perra hush puppie. A pesar de ser tan distintos, se llevan de maravilla: duermen juntos, comen del mismo plato y corretean incansablemente, y sus pequeñas diferencias, digamos por un pedazo de palo o una vieja pelota, se saldan en combates de a mentiritas, en los que ‘Tosco’, muchas veces, simula ser el perdedor.

Las recientes muertes de varios niños a consecuencia de la rabia han asustado a la población, mientras las autoridades contemplan la eliminación de perros pertenecientes a razas “peligrosas”. Esto pone en un serio aprieto a mi buen compañero ‘Tosco’, lo mismo que a una gran cantidad de sus primos rottweiller, pitt bull, doberman, etc., cuyo único pecado es tener el apellido equivocado.

Es cierto que ciertas razas tienden a ser más agresivas que otras, pero así como existen malencarados rottweillers, que son mansas palomas, también hay minúsculos chihuahuas que son una fieras. Y si no, déjenme contarles acerca de ‘Benitín’, el pequinés de mi ya fallecida abuela Artenia, que histérico y convulsivo, no dudaba en lanzarse para atacar a mordiscos los zapatos de todo el que osaba acercarse a ella.

Poseer perros con una gran potencia física, o con un instinto de protección fuerte, supone una obligación: la de controlarlos en todo momento, pues como propietarios, somos responsables de ellos.

Es dolorosa la muerte de niños y adultos a causa de enfermedades prevenibles. También es lamentable que en el caso del pequeño que falleció en fecha más reciente, el diagnóstico haya llegado tardíamente. En todo el mundo, la rabia sigue cobrando anualmente la vida de unas 45 mil personas; incluso, en regiones desarrolladas como Europa y Norte América, pero con mayor énfasis en Latinoamérica, Asia y la India.

Esto no implica que la solución sea comenzar a eliminar a los mejores amigos del hombre. Muchos niños siguen muriendo año con año, víctimas de la desnutrición, que es una enfermedad producto del desamor de los padres y encargados de estos menores, pero no por ello hemos comenzado una campaña de exterminio de “humanos peligrosos”.
Debo reconocer que el caso de los perros “callejeros” plantea un problema especial. Es evidente que no tenemos los recursos como para instalar las famosas “perreras municipales” o albergues caninos, pero algunas alternativas se deberían plantear, como por ejemplo de parte de la Sociedad Protectora de Animales o las asociaciones canófilas.

En muchas partes del mundo existen legislaciones que regulan la tenencia de animales, y esto va más allá de los perros, para situarnos en otro problema, el de los que mantienen en cautiverio, muchas veces en condiciones deplorables, animales silvestres y en peligro de extinción.
En la ciudad española de Barcelona, existe una normativa que obliga a los dueños de perros de razas consideradas potencialmente peligrosas, a censar a sus animales, llevarlos atados y con bozal, disponer de una tarjeta sanitaria y una póliza de responsabilidad civil.
Es también nuestra responsabilidad llevarlos al veterinario si detectamos cualquier cambio en su conducta; ellos no son los peligrosos, los peligrosos somos nosotros si no ponemos los medios para controlarlo.

No vendría mal un esfuerzo de parte de asociaciones, veterinarios, propietarios, criadores y entidades de gobierno, para evitar que estos animales tan maravillosos puedan ocasionarle daño a nadie. Tampoco demos razones a los que no comparten nuestra sensibilidad por nuestros amigos peludos, para que los lleguen a considerar especies eliminables. Estoy seguro de que así veremos menos muertes tan lamentables y habrá muchos ‘toscos’, ‘rangers’ y ‘fidos’ que moverán la cola en señal de gratitud.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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